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Dos facciones
dentro de la contrarrevolución imperialista burguesa

Parte I
Extra√≠do de la revista de Besooy-e-Sosyalism N¬ļ 1.julio de 1980


El levantamiento de febrero no resolvi√≥ la lucha por el poder pol√≠tico, sino que lo desarroll√≥ desde un punto de vista clasista hist√≥rico. Pues aunque retir√≥ temporalmente la cuesti√≥n de la toma del poder pol√≠tico de la agenda de las luchas inmediatas de las masas revolucionarias -que estaban bajo la ilusi√≥n de que la victoria estaba cerca- al mismo tiempo proporcion√≥ los fundamentos para la representaci√≥n de esta cuesti√≥n en t√©rminos m√°s directos, liberados del estrecho marco de una lucha antimon√°rquica clasista anterior que, en el contexto de la ausencia de una pol√≠tica proletaria independiente, hab√≠a sido impuesta al movimiento revolucionario por la burgues√≠a liberal y la direcci√≥n peque√Īoburguesa. El levantamiento de febrero fue, por lo tanto, un momento determinante para exponer el contenido clasista de la revoluci√≥n iran√≠. El levantamiento enfatiz√≥ la realidad de la resoluci√≥n definitiva de la revoluci√≥n real, como una revoluci√≥n democr√°tica en un pa√≠s capitalista dominado por el imperialismo, requiere sobre todo la cuenta de resoluci√≥n entre las dos clases principales de la sociedad, el proletariado y la burgues√≠a; y que tanto la revoluci√≥n como la contrarrevoluci√≥n todav√≠a tienen que desarrollarse en cuanto a que se concierne a su elemento clasista, su liderazgo ideol√≥gico y pol√≠tico y tambi√©n sus lemas y m√©todos.

El Levantamiento confió la conclusión decisiva de la presente revolución al proceso de formación más concreta de las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución. Por lo tanto, la historia de nuestra revolución después del levantamiento de febrero no es más que la historia del desarrollo y la formación de los dos campos de la revolución y la contrarrevolución.

A pesar de todo su eclecticismo y confusión, el movimiento comunista ha dilucidado las líneas generales del proceso necesario de desarrollo del campo de la revolución para la victoria: debe establecerse el rango independiente del proletariado revolucionario; el partido clasista del proletariado, el partido comunista, debe fundarse sobre la base de posiciones leninistas, asumiendo el liderazgo de este rango independiente y, por lo tanto, la dirección del movimiento democrático revolucionario, organizando y liderando la lucha por el derrumbe de la máquina estatal de la burguesía y del imperialismo. El examen de las causas ideológicas, políticas y organizativas del fracaso en el cumplimiento de las necesidades del proletariado revolucionario en la oportunidad a largo plazo que existió especialmente después del levantamiento de febrero requiere un análisis separado por parte de los comunistas.

Sin embargo, uno puede esperar que la lucha que est√° surgiendo hoy en el movimiento comunista entre el marxismo revolucionario y el oportunismo y el revisionismo, pueda abrir el camino para esta causa.

Pero, lo que aquí nos interesa es estudiar la forma de formación de la contrarrevolución imperialista burguesa. También intentamos examinar las causas del surgimiento de esa fuerza política burguesa específica capaz de organizar las filas de la contrarrevolución en su ataque final contra el campo de la revolución y liderar el intento final de la burguesía y el imperialismo para consolidar su poder político. La discusión de las facciones dentro del cuerpo gobernante no debe considerarse fuera de este contexto. El gobierno que tomó forma en medio, o más bien a pesar del levantamiento de febrero, fue indudablemente la forma inicial del liderazgo político de la contrarrevolución. Por lo tanto, como afirmamos desde el día después del levantamiento, debe ser visto y entendido como un gobierno burgués comprometido con la defensa del capital y del imperialismo.

Por esta raz√≥n, al principio hemos aclarado nuestra posici√≥n con respecto al marco general de los conflictos entre las dos facciones que han aparecido hoy como el Partido Republicano Isl√°mico (PRI) y la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr: la discusi√≥n es sobre el an√°lisis de las dos facciones dentro de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa y en este an√°lisis, contrariamente a muchos nacionalistas y humanistas vestidos con marxismo, no buscamos una facci√≥n progresista, nacional, popular, etc. en el gobierno, ni un "aliado" y un asunto en este √ļltimo que merece un "apoyo condicional" por parte del proletariado; sino que estamos en busca del lugar adquirido por cada una de las dos facciones en la lucha contrarrevolucionaria del imperialismoLos lineamientos b√°sicos y generales de la lucha contrarrevolucionaria son bastante claros:

    1) La revolución iraní debe ser reprimida; los obreros y explotados revolucionarios y sus organizaciones políticas deben ser aplastados; la represión de Ariyamehrian[1] debe prevalecer en todo el país y, en una palabra, el orden contrarrevolucionario burgués debe restaurarse en la sociedad; y

    2) Un nuevo ciclo de acumulación de capital debe comenzar; los trabajadores y explotados derrotados, en una pobreza y miseria sin precedentes, deben entregar su fuerza de trabajo al precio más bajo al capital en absoluto silencio y capitulación, de modo que la crisis económica del capital tienda a disminuir y, en una palabra, un orden productivo correspondiente a un país capitalista dominado por el imperialismo regresa al país - una orden de la cual el mercenario Shah era el verdadero representante y el garante de su provisión para todos los estratos de capital.

Los conflictos all√≠ existentes dentro del gobierno desde la ma√Īana del levantamiento, son ante todo expresivos de la falta de consenso dentro de las filas de la contrarrevoluci√≥n con respecto a los entresijos de un proceso en el cual las condiciones anteriores para la consolidaci√≥n del dominio del capital pueden realizarse. Y es precisamente sobre esta cuesti√≥n que las dos facciones actuales de la contrarrevoluci√≥n se conducen a un conflicto abierto; persistentemente se esfuerzan por hacer un llamamiento a la burgues√≠a para que adopte sus m√©todos, pol√≠ticas y t√°cticas propuestos, y se esfuerza por lograr un consenso en las filas de la burgues√≠a con pol√≠ticas y t√°cticas definidas. La contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa recuperar√°, a partir de estas luchas, la forma y el molde de su movimiento final. Adem√°s, la fuerza pol√≠tica y el marco ideol√≥gico pol√≠tico que mejor podr√≠an representar y liderar a la burgues√≠a en su movimiento contrarrevolucionario tomar√°n forma.

Por lo que hemos dicho, es ante todo claro que creemos que ninguna de las dos facciones presentes en el gobierno, es decir, el PRI y la corriente liberal burguesa de Abolhas√°n Bani-Sadr, posee las caracter√≠sticas necesarias y adecuadas para adquirir la posici√≥n de la representaci√≥n pol√≠tica √ļnica y el liderazgo de la burgues√≠a en la revoluci√≥n. En particular, en caso de la derrota de la revoluci√≥n, ninguno de ellos por s√≠ solo puede constituir la alternativa gubernamental a largo plazo de esta clase. En otras palabras, en nuestra opini√≥n, la √ļltima formaci√≥n del liderazgo pol√≠tico de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa no es a trav√©s de la supremac√≠a unilateral de una facci√≥n sobre la otra, ni a trav√©s de la eliminaci√≥n de una y la supervivencia y el ascenso de la otro, sino m√°s bien mediante la ascensi√≥n de las dos facciones a un nivel superior y el surgimiento de esa tercera fuerza que sintetizar√° y unir√° las caracter√≠sticas contrarrevolucionarias y la esencia burguesa de las pol√≠ticas y t√°cticas de ambas facciones en una sola instituci√≥n organizativa pol√≠tica clara de las limitaciones y deficiencias de cada uno, coincidiendo en mayor medida con los intereses del capital en un pa√≠s como Ir√°n.

Por lo tanto, el examen y el análisis de la posición de las dos facciones en el cuerpo gobernante actual y sus conflictos pueden hacerse mediante un intento de responder a las siguientes tres preguntas fundamentales:

    1) ¬ŅPor qu√© la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa no posee la necesaria coherencia ideol√≥gica, pol√≠tica y organizativa? ¬ŅQu√© condiciones objetivas y subjetivas en la sociedad han impedido que la burgues√≠a recupere su √ļnico representante pol√≠tico y liderazgo?

    2) ¬ŅQu√© caracter√≠sticas y aspectos pol√≠ticos e ideol√≥gicos debe tener esta direcci√≥n pol√≠tica √ļnica de la burgues√≠a, que en nuestra opini√≥n deber√≠a tomar forma a partir de los conflictos de estas dos facciones, y sobre la base de la negaci√≥n de las dos que poseen? O, en t√©rminos m√°s precisos, ¬Ņqu√© aspectos y caracter√≠sticas de las dos facciones actuales deben preservarse y desarrollarse en una tercera fuerza pol√≠tica que unificar√≠a a la burgues√≠a, y qu√© aspectos y caracter√≠sticas deben ser negadas y descartadas? Y,

    3) ¬ŅQu√© lugar y significado poseen cada una de estas dos facciones para organizar y liderar el campo de la contrarrevoluci√≥n, mientras no se proporcionen los motivos objetivos y subjetivos para esta s√≠ntesis pol√≠tica?

En esta parte, nos ocupa principalmente el examen de la primera pregunta. Con respecto a las otras dos preguntas, estamos aquí contentos con pocas observaciones generales y breves, y dejamos la discusión detallada de ellas en la siguiente parte.

¬ŅD√≥nde deber√≠amos buscar la base de las inconsistencias ideol√≥gicas pol√≠ticas existentes en el campo de la contrarrevoluci√≥n? En nuestros escritos anteriores, hemos notado el r√©gimen dictatorial del Sha como representante y guardi√°n del capital total y de todos los estratos de la burgues√≠a en Ir√°n. Esta es una realidad que hoy, un a√Īo y unos meses despu√©s de una insurrecci√≥n que derroc√≥ a la monarqu√≠a, est√° siendo probada no solo por el movimiento comunista cuya conciencia fue lastimada por pensar en la unidad de los intereses de la "burgues√≠a nacional" y el r√©gimen del Sha, pero tambi√©n a la burgues√≠a misma. La dictadura del Sha, por supuesto, no gozaba de una base de clase activa incluso dentro de la misma burgues√≠a. Este es un hecho innegable. El gobierno del Sha, sin embargo, se hab√≠a convertido en el verdadero protector y defensor de los intereses de todos los estratos del capital en el pa√≠s, no debido al voto ideol√≥gico pol√≠tico de confianza de la burgues√≠a iran√≠ para ello, sino en virtud del voto econ√≥mico y pr√°ctico de confianza de todos los estratos de capital en el mercado interno a la operaci√≥n del capital monopolista, cuyos intereses hab√≠an sido representados directa e inmediatamente por el r√©gimen del Sha desde la expropiaci√≥n de los a√Īos de 1960. Es cierto que el gobierno del Sha no fue un logro de las luchas econ√≥micas, pol√≠ticas e ideol√≥gicas de la burgues√≠a nativa contra el feudalismo. Tampoco fue un gobierno cuyas instituciones legislativas y ejecutivas, as√≠ como las bases ideol√≥gicas de su legitimidad y altezas, se hab√≠an establecido, a expensas de una lucha persistente contra el antiguo sistema, por la burgues√≠a iran√≠, y en defensa de la cual la burgues√≠a se hab√≠a comprometido conscientemente.

Ni un gobierno cuya necesidad y conveniencia hab√≠a sido captada por la burgues√≠a iran√≠ en el curso de la lucha contra el feudalismo, y para el establecimiento y la preservaci√≥n con los que la burgues√≠a hab√≠a luchado. S√≠, es cierto que el gobierno del Sha fue un regalo "impuesto" de los monopolios imperialistas a la burgues√≠a iran√≠. Pero todas estas realidades no disminuyen ni un √°pice del papel y del lugar determinantes del r√©gimen del Sha en la representaci√≥n pol√≠tica y el liderazgo de la burgues√≠a iran√≠, y en el mantenimiento de su coherencia pol√≠tica interna. La realidad es que la burgues√≠a iran√≠ no solo, debido a ciertas razones hist√≥ricas, nunca recurri√≥ a una lucha de clases tan consistente contra el feudalismo, sino que debe su surgimiento como la principal clase explotadora en la sociedad, es decir, la destrucci√≥n del feudalismo y el establecimiento de la sociedad burguesa en Ir√°n - a este capital monopolista y su gobierno. M√°s importante a√ļn, la burgues√≠a iran√≠, reci√©n liberada de las cadenas del feudalismo, despu√©s del establecimiento del sistema capitalista en el pa√≠s, entr√≥ en un per√≠odo en el que el ritmo de la acumulaci√≥n de capital, a pesar de breves pausas, no ten√≠a precedentes en todo el mundo; y esto no se debi√≥ a nada m√°s que a la influencia econ√≥mica del capital monopolista y al papel determinante del r√©gimen del Sha mercenario en la preservaci√≥n y defensa de los fundamentos de la explotaci√≥n imperialista de la joven clase trabajadora de Ir√°n. Que el r√©gimen del Sha no disfrutara de una amplia base de clases y de un apoyo activo dentro de la burgues√≠a iran√≠, no se deb√≠a a que no fuera virtualmente la representaci√≥n pol√≠tica y un gobierno al servicio de toda la clase burguesa. M√°s bien, fue por el hecho de que la propia burgues√≠a iran√≠, por varias razones clasistas hist√≥ricas, no estaba esencialmente en una situaci√≥n para comprender claramente la importancia y el papel de ese gobierno en su supervivencia, especialmente en la √©poca de las revoluciones proletarias. La burgues√≠a iran√≠, desde su inicio como la principal clase explotadora en la sociedad, se enfrent√≥ a la indiscutible influencia econ√≥mica del capital monopolista, ya que la expropiaci√≥n de los a√Īos 60 (la Reforma Agraria) era en s√≠ misma un proceso imperialista. Pero, por otro lado, la operaci√≥n del capital monopolista era la condici√≥n necesaria y el garante de las condiciones favorables de ganancia para todos los estratos de capital en el pa√≠s. En la esfera econ√≥mica, por lo tanto, no podr√≠a haber otra "vanguardia" para la burgues√≠a iran√≠, sino los monopolios imperialistas. Desde el punto de vista pol√≠tico, sin embargo, la burgues√≠a no-monopolista de Ir√°n y sus representantes liberales no ten√≠an una clara comprensi√≥n clasista. En un principio, hab√≠an dicho "s√≠" a las reformas imperialistas y "no" a su dictadura[2]. No entendieron la relaci√≥n esencial entre las continuas de estas "reformas" que es el mantenimiento y la expansi√≥n de las condiciones de obtenci√≥n de ganancias para el capital y la dictadura pol√≠tica abierta (es decir, el centralismo antidemocr√°tico dentro de la burgues√≠a). La comprensi√≥n de la relaci√≥n entre econom√≠a y pol√≠tica para la burgues√≠a no-monopolista de Ir√°n requiri√≥ m√°s experiencia econ√≥mica y pol√≠tica, como la crisis revolucionaria que ha sufrido durante los √ļltimos dos a√Īos; las experiencias que lo hacen de mentalidad amplia que le permite captar y comprender la l√≥gica de su guardi√°n compasivo pero implacable, que es el capital monopolista y su gobierno mercenario.

De esta manera, el contenido de la burgues√≠a iran√≠ con el gobierno del Sha no puede buscarse en el surgimiento de verdaderos partidos mon√°rquicos (porque la burgues√≠a no encontr√≥ b√°sicamente ninguna necesidad de la lucha partidista, gracias a la existencia de dicho gobierno), sino en la tasa de la acumulaci√≥n de capital en el mercado interno y del silencio pol√≠tico de la burgues√≠a iran√≠ (que incluso hab√≠a renunciado a la idea de decir "No" a la dictadura imperialista) despu√©s de las reformas agrarias. El r√©gimen del Sha fue a la vez el s√≠mbolo y el agente para preservar la coherencia interna de la burgues√≠a iran√≠. Porque era el garante de la existencia de tales condiciones de obtenci√≥n de ganancias para todos los estratos de capital en el mercado interno, que la burgues√≠a le hab√≠a confiado esencialmente el pensamiento y la pr√°ctica pol√≠tica, y √©l mismo se vio arrastrado a la "acumulaci√≥n y acumulaci√≥n". Y si los representantes liberales del capital no-monopolizado sol√≠an gemir de vez en cuando, esto era simplemente el reflejo de la posici√≥n pasiva del capital no-monopolista en una econom√≠a bajo el dominio de los monopolios, y [tambi√©n] el reflejo de los peligros que enfrenta el capital no-monopolista, en virtud de esta posici√≥n pasiva, con cualquier cambio en los par√°metros de producci√≥n y competencia. Sin embargo, esta coherencia "impuesta" y no completamente entendida (por parte de la burgues√≠a liberal) solo podr√≠a sobrevivir en la medida en que no haya una barrera seria para la acumulaci√≥n de capital; una vez que la crisis econ√≥mica se intensific√≥ y condujo a una crisis pol√≠tica que llev√≥ a las clases sociales desfavorecidas a cuestionar al gobierno, la separaci√≥n ideol√≥gica entre la burgues√≠a y su gobierno adquiri√≥ un papel determinante. El debilitamiento de la unidad interna de la burgues√≠a en per√≠odos de crisis econ√≥mica y la intensificaci√≥n de la competencia es un fen√≥meno natural. Pero este "fen√≥meno natural", debido a la carga particular de la crisis sobre el capital no-monopolista (relativo al capital monopolista), por un lado, y la falta de conciencia de la burgues√≠a no-monopolista iran√≠ del lugar determinante del r√©gimen del Sha en su existencia econ√≥mica, por otro lado, asumi√≥ las dimensiones inmensas y desde el punto de vista de la burgues√≠a, las dimensiones totalmente destructivas. La burgues√≠a no monopolista y sus representantes liberales no comprendieron del todo ni cumplieron su papel en la defensa de un r√©gimen que fue por lo menos durante quince a√Īos el defensor del en√©rgico negocio del saqueo. Sin la debida atenci√≥n a lo que estaban a punto de perder, y temiendo la escalada del movimiento de masas, vacilaron y le dieron la espalda al gobierno. El capital monopolista no logr√≥ en hacer que la burgues√≠a no-monopolista y sus representantes liberales comprendieran la necesidad de una defensa activa del gobierno del Sha. Por lo tanto, estos representantes confundidos anidados de capital, o mejor dicho, los representantes de la ilusi√≥n de capital en un pa√≠s dominado por el imperialismo se convirtieron en un factor importante en el debilitamiento de la coherencia ideol√≥gica pol√≠tica de la burgues√≠a. S√≠, nosotros tambi√©n creemos que la burgues√≠a liberal ha mostrado "vacilaci√≥n", pero no como parte del campo de la "revoluci√≥n" y hacia la "lucha", sino como parte de la "contrarrevoluci√≥n" y con respecto a la "supresi√≥n del movimiento revolucionario". De esta manera, si en el comienzo de la revoluci√≥n, la crisis econ√≥mica y la intensificaci√≥n de la competencia dentro de la burgues√≠a iran√≠ trajeron las bases objetivas para el debilitamiento de la coherencia interna de la burgues√≠a, la escalada del movimiento de masas, el miedo de la burgues√≠a iran√≠ y el fracaso de la burgues√≠a liberal en comprender concretamente las necesidades ideol√≥gicas pol√≠ticas del dominio del capital en Ir√°n, proporcionaron sus motivos subjetivos, lo que agrav√≥ la tensi√≥n pol√≠tica dentro de la burgues√≠a.

Los representantes pol√≠ticos del capital monopolista y la burgues√≠a liberal de Ir√°n constituyeron las dos facciones de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa hasta el compromiso del invierno de 1357 [1978-Ed. ]; un compromiso que no solo fue el punto de traici√≥n de los dirigentes peque√Īoburgueses del movimiento revolucionario, sino tambi√©n el punto de retirada del capital monopolista. Cuando la escalada del movimiento revolucionario hizo inevitable el derrocamiento del Sha, el capital monopolista se vio obligado a retirarse a la posici√≥n de la burgues√≠a liberal que intentaba frenar el movimiento revolucionario en el nivel [ya hab√≠a alcanzado]. La direcci√≥n peque√Īoburguesa conciliadora cuyo revolucionarismo se desvanecer√≠a de cualquier tipo de contenido con la ca√≠da del r√©gimen mon√°rquico, y que hab√≠a descubierto la inevitabilidad del surgimiento de nuevos l√≠deres revolucionarios con el avance de las luchas de las masas m√°s all√° de los l√≠mites de la lucha antimon√°rquica y del capital monopolista que hab√≠a aceptado la ca√≠da del Sha en una lucha de poder con el rango de la revoluci√≥n, ambos alcanzaron un compromiso en un punto, a saber, la ca√≠da del Sha y la preservaci√≥n del dominio del capital con una destrucci√≥n m√≠nima de la maquinaria gubernamental, esa es precisamente la posici√≥n de la burgues√≠a liberal. La transformaci√≥n del aparato gubernamental a la burgues√≠a liberal que gozaba del apoyo moral de los l√≠deres peque√Īoburgueses y el apoyo material del capital monopolista, (aunque indudablemente temporal), fue planeada. El contrato para "el fin de la revoluci√≥n" fue firmado por las dos partes del acuerdo. El ej√©rcito fue anunciado como el hermano de las masas, y Mehd√≠ Bazarg√°n como el primer ministro popular; las armas fueron declaradas como prohibidas para las masas y como legales para los cuarteles estatales; y se lanz√≥ un esfuerzo por todos lados para evitar una insurrecci√≥n armada, que ya se hab√≠a convertido en el lema de las masas.

Sin embargo, debe se√Īalarse aqu√≠ que, si la direcci√≥n peque√Īoburguesa y la burgues√≠a liberal hab√≠an logrado en su mente todo lo que percib√≠an como victoria, el capital monopolista hab√≠a recurrido meramente a una retirada t√°ctica.

En la época del imperialismo y en un país dominado, la burguesía liberal no puede ser el representante estable de los intereses del capital social total, una capital que se ha fusionado con la operación de los monopolios imperialistas. El capital monopólico había definido claramente y retratado en el gobierno del Sha su gobierno deseable, que como ya se mencionó es el gobierno que apoya a todos los estratos de capital en el país; y es precisamente ese gobierno el que el imperialismo ha intentado, y está intentando, restablecer (aunque no necesariamente en su forma anterior). De esta manera, la conformidad táctica de las posiciones del capital monopolista con las de la burguesía liberal fue una conformidad pasajera, y el resultado de la insurrección armada monopólica proporcionó las bases para un acuerdo cada vez más rápido. Pero el levantamiento ha convertido la pesadilla de esta burguesía en realidad y, a pesar de quedar incompleta, ha demostrado ampliamente sus efectos sobre el aparato gubernamental otorgado a la burguesía liberal. Por lo tanto, se puso un movimiento cada vez más rápido en la agenda de la burguesía y el imperialismo para descubrir esa forma final de liderazgo político que podría esta vez reconocer el levantamiento como una realidad.

El gobierno de Mehdí Bazargán no tomó las palancas del poder intacto, ni recibió obreros y trabajadores obedientes, contentos y desarmados. Por lo tanto, la renovación de estas palancas, el desarme de las masas y asegurar su obediencia al gobierno, se volvió a convertir en la tarea práctica de la burguesía. Este gobierno, sin embargo, como también se demostró en la práctica, no podía ser el gobierno de la burguesía liberal. Por su sangrienta insurrección, las masas frustraron la trama de terminar la revolución, y la intención de su continuación. Esto automáticamente contrarrestó el papel de la burguesía liberal, haciendo evidente la necesidad de volver a interferir a "la dirección de la revolución" y, en particular, al propio ayatolá Jomeini, para frenar la revolución.

Un gobierno liberal burgu√©s, que goza del apoyo moral del ‚Äúliderazgo‚ÄĚ peque√Īo burgu√©s, podr√≠a haber funcionado como un instrumento eficaz para poner fin a la revoluci√≥n, solo si las circunstancias no condujeron a una insurrecci√≥n. Pero la insurrecci√≥n tuvo lugar y la conformidad de la posici√≥n del capital monopolista con la de la burgues√≠a liberal tambi√©n lleg√≥ inevitablemente a su fin. Porque, cuando las masas rompieron las relaciones acordadas entre las fuerzas y las partes constituyentes del campo de la contrarrevoluci√≥n, estas fuerzas tambi√©n inevitablemente consideraron que los acuerdos entre ellas se disolvieron y se volvieron a establecer para alcanzar un nuevo punto de compromiso, basado sobre nuevas realidades, e indudablemente con nuevas expectativas (la excepci√≥n fue la burgues√≠a liberal que por un tiempo relativamente largo estuvo confundida y asombrada por la violaci√≥n del acuerdo por parte de los dem√°s). "Los numerosos centros de poder", esta pesadilla de los burgueses liberales como Mehd√≠ Bazarg√°n y Abolhas√°n Bani-Sadr, antes de ser una manifestaci√≥n de la rivalidad auto-existente entre las fuerzas pol√≠ticas burguesas para lograr una mayor participaci√≥n en el poder pol√≠tico, fue el producto del golpe dado por el levantamiento sobre sus acuerdos. El capital monopolista, en particular, comprendi√≥ r√°pidamente esta realidad, es decir, el efecto determinante del levantamiento sobre las condiciones pol√≠ticas concretas en la sociedad, y reanud√≥ su intento de encontrar esa fuerza pol√≠tica espec√≠fica que estar√≠a preparada, m√°s que todas las dem√°s, para frenar la revoluci√≥n despu√©s de una insurrecci√≥n que condujo al armamento de las masas y la expansi√≥n del ejercicio de su voluntad directa.

Esta fuerza pol√≠tica solo podr√≠a ser la corriente peque√Īoburgu√©s que tuvo hasta el compromiso la direcci√≥n del movimiento en su mano, es decir, el clero y el ayatol√° Jomeini a la cabeza; una fuerza que se apoder√≥ por completo de la brida de la peque√Īa burgues√≠a y, en particular, su secci√≥n tradicional; una fuerza que, por un lado, estaba sinceramente interesada en reprimir la revoluci√≥n que estaba a punto de demostrar, m√°s clara e inevitablemente en un marco ideol√≥gico revolucionario, su contenido antiimperialista y, por otro lado, gozaba de una amplia influencia entre los masas revolucionarias, lo que le permite cumplir el deseable papel contrarrevolucionario del capital monopolista; en una palabra, era una fuerza que quer√≠a, y pod√≠a, atacar la revoluci√≥n bajo el nombre de revoluci√≥n. Por lo tanto, el capital monopolista y el liderazgo peque√Īo burgu√©s dieron un nuevo paso en la misma direcci√≥n, mientras que la burgues√≠a liberal que estaba, como en la √©poca del Sha, rezagada en el an√°lisis de las condiciones concretas de la sociedad, insisti√≥ y record√≥, los art√≠culos del contrato, abogando por la necesidad de permanecer fieles a ellos. El surgimiento del PRI como el abanderado de la supresi√≥n de la revoluci√≥n fue el producto de esta direcci√≥n com√ļn tomada por el capital monopolista y el liderazgo peque√Īoburgu√©s; y los gobiernos inestables de Mehd√≠ Bazarg√°n y Abolhas√°n Bani-Sadr fueron el reflejo de la ingenuidad pol√≠tica de la burgues√≠a liberal. Una vez m√°s, y esta vez incluso con la formaci√≥n del gabinete, los burgueses liberales se colocaron en la oposici√≥n, mientras que el capital monopolista por sustituci√≥n temporal de la influencia del clero, y en particular la del ayatol√° Jomeini entre las masas confundidas, por los cuerpos de la Guardia y los cuerpos de vigilantes del Sha, y desde la posici√≥n de fuerza, se propusieron seguir las pol√≠ticas de General Gholam Ali Oveissi, Gholam Reza Azhari, General Mehd√≠ Rahimi y Shapur Bajtiar[3]. Aqu√≠ mismo debemos enfatizar que la medida en que el clero y, en particular, el propio ayatol√° Jomeini conocen su papel instrumental al servicio de la supresi√≥n de la revoluci√≥n y el restablecimiento del dominio indisputable del capital monopolista, de ninguna manera es una factora determinante. Los signos de la conciencia en ayatol√° Jomeini son mucho menos evidentes que en los gustos de Mohammad Beheshti y Al√≠ Jamenei y Hassan Ayat; el PRI, que es una combinaci√≥n de este √ļltimo grupo, refleja en sus pol√≠ticas una conformidad mucho m√°s consciente con las necesidades del capital monop√≥lico (explicaremos esta conformidad en detalle en las siguientes partes). Lo que importa es la comprensi√≥n de la direcci√≥n del movimiento del capital en la esfera de la pol√≠tica y, por lo tanto, la comprensi√≥n de las nuevas manifestaciones de los conflictos dentro de la burgues√≠a.

La separaci√≥n del capital monopolista de la burgues√≠a liberal, despu√©s de un corto per√≠odo de unidad t√°ctica, y su tendencia a esconderse detr√°s de esas corrientes que le permiten emplear la influencia del liderazgo peque√Īoburgu√©s al servicio de la represi√≥n de la revoluci√≥n iran√≠ y mantener el campo de la contrarrevoluci√≥n, son el rasgo manifiesto de la pol√≠tica del imperialismo despu√©s del levantamiento. En nuestra opini√≥n, el PRI, como √≥rgano pol√≠tico y no necesariamente como miembros individuales, es precisamente un instrumento al servicio de esta pol√≠tica espec√≠fica de capital monop√≥lico. Por lo tanto, cualquier tipo de an√°lisis de la situaci√≥n pol√≠tica actual que eval√ļa los movimientos de la peque√Īa burgues√≠a y el clero que lo dirige, simplemente sobre la base de los intereses de la peque√Īa burgues√≠a iran√≠ en s√≠ misma, o sobre los intereses auto-existentes de sus pol√≠ticos y l√≠deres, se ha descarriado. Tales desviaciones van tan lejos que, en el an√°lisis de los conflictos entre las facciones del gobierno - un gobierno que todos acordamos sobre su servicio al capital y su enemistad hacia el proletariado - la cuesti√≥n se presenta por completo como una lucha entre las facciones burguesas e peque√Īoburguesas del gobierno, y por lo tanto el capital monopolista, este enemigo constante y siempre presente de nuestra revoluci√≥n, o bien se deja fuera de los conflictos internos de la burgues√≠a, o se convierte discretamente en uno de los clientes de la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr (la burgues√≠a liberal). Mientras que en nuestra creencia, el capital monopolista, con el papel instrumental particular que ha preparado con la ayuda del PRI para el clero, el ayatol√° Jomeini y las masas atrasadas de la peque√Īa burgues√≠a, y la burgues√≠a liberal, que siguiendo los acuerdos del invierno de 57 (1979-Ed) as√≠ como el √©xito de Abolhas√°n Bani-Sadr en las elecciones presidenciales, a pesar de toda su pasividad y descr√©dito, se apodera de los √≥rganos ejecutivos y gubernamentales, todav√≠a constituyen los dos lados de la lucha dentro de la burgues√≠a; la √ļnica diferencia es que esta vez las pol√≠ticas, consignas y m√©todos empleados en esta lucha han cambiado en gran medida.

Por lo tanto, si antes del levantamiento de febrero, el capital monopolista en el curso de su recuperaci√≥n est√° temporalmente en una unidad t√°ctica con la burgues√≠a liberal, despu√©s del levantamiento, cuando la represi√≥n de la revoluci√≥n bajo el nombre de la revoluci√≥n y con la movilizaci√≥n de las amplias masas de la peque√Īa burgues√≠a se convirti√≥ en una necesidad pr√°ctica de la contrarrevoluci√≥n, una unidad t√°ctica surgi√≥ temporalmente entre el capital monopolista y el l√≠der contrarrevolucionario de la peque√Īa burgues√≠a; as√≠ el PRI, que era el instrumento organizativo de esta nueva unidad, en la palanca principal del capital monopolista para reprimir la revoluci√≥n. Pero, ¬Ņsignifica esto que la burgues√≠a liberal est√° en contradicci√≥n con los objetivos del capital monopolista en lo que respecta a la econom√≠a y la revoluci√≥n de Ir√°n? De ninguna manera. La ra√≠z de los conflictos y desacuerdos entre el capital monopolista y la facci√≥n liberal burguesa del gobierno no radica en sus objetivos, sino en sus m√©todos. Discutiremos esta pregunta en detalle en las siguientes partes, y aqu√≠ estamos contentos con mencionar algunos puntos generales:La burgues√≠a liberal iran√≠, en el curso de un a√Īo y medio que est√° en la posici√≥n de administrar los deberes ejecutivos de la acumulaci√≥n de capital, as√≠ como de mantener y consolidar el orden productivo, ha comprendido paso por paso el papel desempe√Īado en este sentido por el gobierno del Sha al servicio de todos los estratos de la burgues√≠a. La separaci√≥n ideol√≥gica de la burgues√≠a no-monopolista de Ir√°n del gobierno que ha perdido (este guardi√°n compasivo designado por los monopolios imperialistas) ha disminuido m√°s que nunca. Hoy, la burgues√≠a no-monopolista iran√≠ entiende m√°s que nunca claramente su profundo v√≠nculo con el imperialismo y sus objetivos a largo plazo en Ir√°n. Este entendimiento, el profundo odio de esta burgues√≠a por la revoluci√≥n, ha sido frecuentemente afirmado en diversos t√©rminos por Mehd√≠ Bazarg√°n, Abolhas√°n Bani-Sadr y sus colegas. Sin embargo, si los liberales adquieren actualmente la inteligencia pol√≠tica necesaria para comprender y admitir los objetivos a largo plazo del imperialismo en Ir√°n, no pueden, como representantes del capital no-monopolista, ocultan su ansiedad sobre los m√©todos adoptados por el capital monopolista para revivir los ‚Äúbuenos viejos tiempos‚ÄĚ. Para el capital no-monopolista, la revoluci√≥n fue un curso doloroso de destrucci√≥n de los fundamentos de la obtenci√≥n de ganancias y la acumulaci√≥n de los fundamentos de la obtenci√≥n de ganancias y la acumulaci√≥n de su capital. En contraste con los monopolios imperialistas, el capital no-monopolista no posee la capacidad econ√≥mica de perdurar, como un largo per√≠odo de anarqu√≠a en la producci√≥n. Por lo tanto, "¬°eso es suficiente!El orden productivo debe ser restaurado cada vez m√°s r√°pidamente". Pero, en cuanto a c√≥mo esta aspiraci√≥n podr√≠a hacerse realidad, el liberalismo burgu√©s todav√≠a sufre de sus ilusiones, las ilusiones que sin duda reflejan su inestable base econ√≥mica pasiva y limitada. Mientras que el capital monopolista, como ya dijimos, ha basado su movimiento a largo plazo para la restauraci√≥n de este orden productivo al organizar el campo de la contrarrevoluci√≥n e intentar establecer un orden contrarrevolucionario, una pol√≠tica que puede ser temporalmente en la contradicci√≥n con la producci√≥n y su orden: la burgues√≠a liberal, cuyo punto de partida es la acumulaci√≥n diaria de capital en el mercado interno, trata de superar estos pasos necesarios y pr√°cticos, pero dolorosos y costosos. La burgues√≠a liberal exige el fin de la revoluci√≥n sin la organizaci√≥n realista de la contrarrevoluci√≥n, o al menos sin el mejor m√©todo de su organizaci√≥n, y as√≠, atra√≠do por sus ilusiones, una vez m√°s entra en contradicci√≥n con la hipermetrop√≠a de los monopolios imperialistas. Si hasta antes del levantamiento, las dos facciones monop√≥licas y liberales dentro de la burgues√≠a estaban negociando el camino y el alcance de los cambios en la forma de gobierno, despu√©s del levantamiento estas negociaciones se llevaron a cabo en torno a los modos y m√©todos de reprimir la revoluci√≥n. Sin embargo, una elaboraci√≥n detallada de esta discusi√≥n debe dejarse en la siguiente parte.

Resumamos lo que hemos dicho hasta ahora:

En nuestra opini√≥n, ninguna de las dos facciones existentes en el presente gobierno son los representantes directos de todos los intereses del capital monopolista -y, por lo tanto, los √ļltimos salvadores de la burgues√≠a- en nuestro pa√≠s. Los representantes de b√ļsqueda solo pueden ser el producto de esa s√≠ntesis pol√≠tica que ya hemos se√Īalado. Y mientras no se proporcionen las condiciones necesarias y adecuadas para el surgimiento de esta s√≠ntesis (la tercera alternativa), sobre la base de una cierta relaci√≥n entre los dos bandos de la revoluci√≥n y la contrarrevoluci√≥n, tales representantes no ser√°n presentado por el capital monopolista en la arena pr√°ctica de la pol√≠tica. Hoy, el capital monopolista no ha presentado un representante directo y plenamente calificado contra los representantes de los otros estratos de la burgues√≠a (incluida la peque√Īa burgues√≠a), pero, mientras prepara los motivos para que sus representantes directos aparezcan en la escena, es esencialmente perseguir su pol√≠tica por medio del cuerpo gobernante existente con la composici√≥n existente. Los conflictos dentro del cuerpo gobernante y las luchas pol√≠ticas entre las facciones son sobre todo un reflejo de los intentos del capital monopolista de organizar la represi√≥n de la revoluci√≥n por un lado y de recuperar la hegemon√≠a pol√≠tica en las filas de la burgues√≠a al rechazar el liberalismo y defendiendo su alternativa independiente por otro lado. Mientras que las dos facciones del cuerpo gobernante est√°n operando, en manos del capital monopolista, como instrumentos efectivos, complementarios e irremplazables para enfrentar la revoluci√≥n, y por lo tanto, en esta coyuntura espec√≠fica, poseen un papel vital para el imperialismo, ambos deben ser rechazados frente al crecimiento de la alternativa genuina del capital monopolista; deben operar sin consolidarse.

Es por eso que llamamos a ambas facciones existentes en el gobierno como imperialistas burgueses, sin considerar a ninguno de ellos como el representante directo y la alternativa deseable y definitiva del capital monopolista. Ni la teocracia defendida por el PRI, que es una tapadera para legitimar la pol√≠tica de represi√≥n feroz de las masas, ni el liberalismo defendido por la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr, que es una nueva palanca para la demagogia burguesa y la justificaci√≥n de los cr√≠menes del r√©gimen y un medio para defender el orden de producci√≥n capitalista, proporcionar√≠a la superestructura gubernamental del capital en caso de su victoria sobre la revoluci√≥n. Sin embargo, ambos son, en la pr√°ctica, los componentes de una sola pol√≠tica contrarrevolucionaria. Mientras no se presente la tercera alternativa y no se brinden los motivos para su surgimiento, la burgues√≠a no podr√≠a librarse de estas diferencias. M√°s bien, son precisamente estas mismas diferencias las que, por un lado, permiten a las facciones presentes en el cuerpo gobernante desempe√Īar su papel particular en la coyuntura actual y, por otro, crean la necesidad y la posibilidad del surgimiento de una s√≠ntesis pol√≠tica.

Estas diferencias no son accidentales ni falsas, sino que reflejan a fondo la realidad y la naturaleza de las dos facciones existentes en el campo de la contrarrevolución. El PRI y la facción de Abolhasán Bani-Sadr, sobre la base de su naturaleza, sobre la base de lo que son, ocupan un lugar en la política general del imperialismo. Por lo tanto, para analizar cómo cada uno de ellos cumple su lugar en esta política, un asunto que es nuestro principal objetivo al abordar sus diferencias, primero debemos examinar las posiciones y las bases clasistas de las posiciones de estas dos corrientes en las preguntas que enfrenta la contrarrevolución. Hemos resumido estas preguntas en dos preguntas fundamentales:

¬ŅC√≥mo debe reprimirse la revoluci√≥n? Y, ¬Ņc√≥mo debe reanudarse la acumulaci√≥n de capital?

Por lo tanto, para evaluar las dos facciones, y, de hecho, para explicar y elaborar lo que solo mencionamos en esta parte, y también para dejar en claro la actitud comunista hacia las dos facciones, primero comenzamos con el examen de la posición de cada uno de los dos en estas dos preguntas.


Notas

[1] El "Aryamehr" era el título de Sha.Entonces, el término se refiere al tipo de condiciones represivas sistemáticamente institucionalizadas y estables bajo el Sha.

[2] Se hace referencia a los lemas del Frente Nacional (los antepasados de los liberales actuales) durante la Reforma de la Tierra del Sha.

[3] Los generales militares y el primer ministro de Sha durante los meses previos al levantamiento de febrero.

Dos facciones
dentro de la contrarrevolución imperialista burguesa

Parte II
Extra√≠do de la revista de Besooy-e-Sosyalism N¬ļ 2.agostode 1980

En la √ļltima parte, afirmamos que los conflictos internos del gobierno son la reflexi√≥n del desacuerdo dentro de la burgues√≠a, entre la burgues√≠a monopolista y la burgues√≠a no-monopolista, sobre los m√©todos para enfrentar la revoluci√≥n y fortalecer los fundamentos de la producci√≥n y explotaci√≥n imperialista. Tambi√©n dijimos que solo la pol√≠tica de la burgues√≠a monopolista puede conducir a toda la burgues√≠a a la unidad bajo su bandera. Pero, en ausencia de los representantes pol√≠ticos genuinos y directos de la burgues√≠a monopolista, que fueron expulsados de la escena pr√°ctica de la pol√≠tica por la revoluci√≥n en general y el levantamiento de febrero en particular, la pol√≠tica de los monopolios imperialistas solo pod√≠a ser propagandizada y perseguido por el gobierno existente, y sobre la base de la funci√≥n de sus diferentes facciones. Esto significa que:

    1) Ninguna de las facciones de gobierno actuales son los representantes directos, genuinos y estables del capital monopolista; y la reaparición de estos representantes en la escena práctica de la política requiere ciertos motivos objetivos y subjetivos para ser producidos en la sociedad en general y dentro de la burguesía en particular. La burguesía monopolista se esfuerza por proporcionar estas condiciones objetivas y subjetivas.

    2) La conformidad de la pol√≠tica de la reacci√≥n imperialista con las facciones del gobierno es una conformidad temporal que en cada coyuntura asume su expresi√≥n principalmente en las pol√≠ticas de una de las facciones existentes. Hasta antes del levantamiento, cuando la cuesti√≥n del imperialismo era la protecci√≥n cada vez mayor del aparato gubernamental contra la amenaza de la ofensiva de las masas revolucionarias, la reacci√≥n imperialista estaba t√°cticamente unida a la burgues√≠a liberal. Despu√©s del levantamiento, cuando la necesidad de adoptar la pol√≠tica de represi√≥n de la revoluci√≥n bajo el nombre de revoluci√≥n se incluy√≥ en la agenda del imperialismo, la burgues√≠a monopolista puso en pr√°ctica su pol√≠tica principalmente a trav√©s de esa corriente peque√Īoburgu√©s religiosa que hasta el invierno de 57 (1979-Ed) hab√≠a asumido el liderazgo del movimiento de masas, y luego, desde antes del levantamiento, se hab√≠a apartado por completo de la revoluci√≥n y se hab√≠a adherido a la reacci√≥n imperialista. El Partido Republicano Isl√°mico es el producto y el agente de esta unidad t√°ctica reaccionaria despu√©s del levantamiento, y la pol√≠tica que prevalece en este partido, como un solo √≥rgano pol√≠tico y no como una colecci√≥n de individuos y c√≠rculos, es la pol√≠tica de los monopolios imperialistas.

    3) As√≠, la lucha dentro del cuerpo gobernante es la reflexi√≥n de la lucha entre la burgues√≠a monopolista y la burgues√≠a no monopolista sobre el logro de la hegemon√≠a pol√≠tica en el campo de la contrarrevoluci√≥n, sin ser al mismo tiempo la lucha entre las organizaciones clasistas de estos dos estratos de la burgues√≠a. El PRI no es la organizaci√≥n de clase de la burgues√≠a monopolista, sino que es un instrumento pol√≠tico temporal para esta √ļltima. Tampoco la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr, que b√°sicamente carece de una estructura organizativa, puede considerarse como la organizaci√≥n de clase de la burgues√≠a no-monopolista. Por lo tanto, la consolidaci√≥n de la hegemon√≠a de la burgues√≠a monopolista dentro de la burgues√≠a no solo implica la unidad de las filas de la burgues√≠a bajo el estandarte de (programa, t√°ctica y m√©todos) del capital monopolista, sino que tambi√©n implica el surgimiento de la verdadera organizaci√≥n pol√≠tica del capital monopolista. Por lo tanto, consideramos el producto de las luchas dentro del gobierno como una s√≠ntesis pol√≠tica dentro de la burgues√≠a, ya que evaluamos el resultado final de estos conflictos como la supremac√≠a unilateral de una de las facciones existentes sobre la otra, la supervivencia y la consolidaci√≥n de uno y la destrucci√≥n del otro, pero el surgimiento de esa tercera fuerza que emprender√≠a la representaci√≥n directa, genuina y estable de la burgues√≠a monop√≥lica.

Aqu√≠, llegamos a la segunda pregunta que planteamos en la √ļltima parte, es decir, ¬Ņqu√© caracter√≠sticas y aspectos ideol√≥gicos y pol√≠ticos debe poseer este liderazgo √ļnico de la burgues√≠a? O, en t√©rminos m√°s precisos, ¬Ņqu√© caracter√≠sticas y aspectos de las dos facciones actuales deben mantenerse, expandirse y promoverse en esta tercera fuerza, y qu√© aspectos y caracter√≠sticas deben ser negadas y descartadas?

Antes de responder a esta pregunta, y para hacerlo con mayor claridad, es necesario mencionar un punto:

nuestra comprensi√≥n de las dos facciones del cuerpo gobernante hasta este punto claramente hace evidente su diferencia con la percepci√≥n que prevalece en el movimiento comunista que reconoce al PRI como el representante pol√≠tico de la peque√Īa burgues√≠a, o la peque√Īa burgues√≠a tradicional, y as√≠ eval√ļa el eje de las diferencias internas del gobierno como la lucha entre la burgues√≠a y la peque√Īa burgues√≠a por el poder. Nuestro esfuerzo en este art√≠culo es presentar nuestros puntos de vista de manera positiva, y no pol√©mica. Sin embargo, planteemos aqu√≠ la pregunta de c√≥mo b√°sicamente los marxistas deben tomar su decisi√≥n sobre el car√°cter de clase del PRI. ¬ŅEvaluando la situaci√≥n econ√≥mica y la posici√≥n productiva de los estratos y las personas que participan en la acci√≥n del PRI? ¬ŅEvaluando la situaci√≥n econ√≥mica y la posici√≥n productiva de los cuadros y activistas del PRI? ¬ŅIntentando descubrir documentos que empujen la conexi√≥n financiera y ejecutiva del PRI y / o sus miembros con ciertos c√≠rculos burgueses y peque√Īoburgueses? ¬ŅCreyendo en lo que dice el PRI sobre s√≠ mismo? ¬ŅAl evaluar la alineaci√≥n de clases del "islam" en general, o la del "clero" de nuevo en general? Sin duda, la respuesta a todas estas preguntas es: No. Karl Marx ha dado la clave para resolver el problema:

"Lo que les hace representantes de la peque√Īa burgues√≠a es que no van m√°s all√°, en cuanto a mentalidad, de donde van los peque√Īos burgueses en modo de vida; que, por tanto, se ven te√≥ricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que impulsan a aqu√©llos pr√°cticamente, el inter√©s material y la situaci√≥n social. Tal es, en general, la relaci√≥n que existe entre los representantes pol√≠ticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada".        (Karl Marx, Cap√≠tulo 3 de El Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte)

En este art√≠culo, no podemos ocuparnos de todos los "problemas y soluciones" a los que "se dirige" el PRI. Sin embargo, en este marco limitado de la discusi√≥n de las dos facciones, y al examinar la actitud de las dos facciones hacia los problemas fundamentales planteados antes de la contrarrevoluci√≥n, nosotros, entre otras cosas, trataremos de demostrar que el PRI no solo en su pol√≠tica va m√°s all√° de los problemas y m√©todos de la peque√Īa burgues√≠a en su existencia real, pero persistentemente se esfuerza (y este empe√Īo constituye la raz√≥n de ser del PRI) para llevar m√°s consigo a la peque√Īa burgues√≠a hasta el punto de conformidad con la pol√≠tica del imperialismo contra nuestra revoluci√≥n. Si tenemos √©xito en mostrar este punto, hemos llegado a la mitad - y solo a mitad de camino - de la explicaci√≥n concreta del car√°cter de clase del PRI, ya que hemos demostrado que con cuales intereses clasistas espec√≠ficas coinciden las pol√≠ticas que prevalecen en el PRI. Pero este mismo paso ser√≠a suficiente para cuestionar la noci√≥n de que el PRI es el representante de la peque√Īa burgues√≠a.

Resumimos los problemas fundamentales que enfrenta la contrarrevoluci√≥n de la siguiente manera: 1) ¬ŅC√≥mo debe reprimirse la revoluci√≥n? 2) ¬ŅC√≥mo debe reanudarse la explotaci√≥n imperialista, y sobre una base de qui√©n, la acumulaci√≥n de capital en la sociedad? ¬ŅCu√°les son los lineamientos generales de las pol√≠ticas de las facciones dentro del cuerpo gobernante con respecto a estos problemas?

1) La supresión de la revolución

El destino de la revoluci√≥n est√° comprometido con la formaci√≥n y la confrontaci√≥n final de los dos campos de la revoluci√≥n y la contrarrevoluci√≥n. ¬ŅQu√© contemplan las dos facciones del cuerpo gobernante en el curso de la formaci√≥n y el desarrollo de estos dos campos, y sobre los puntos fuertes y d√©biles de cada uno? ¬ŅY qu√© pautas pr√°cticas colocan ante la burgues√≠a?

La época actual es la época de las revoluciones proletarias, la época del capitalismo moribundo y la época de la lucha revolucionaria de las masas trabajadoras del mundo contra el imperialismo. Incluso donde estas luchas toman forma en el marco de las luchas democráticas, el proletariado constituye su columna vertebral y la principal fuerza motivadora. El marxismo-leninismo, como la ideología revolucionaria del proletariado en la época actual, es indiscutiblemente la ideología revolucionaria más coherente y consecuente de nuestro tiempo. El movimiento comunista, por definición general, ha constituido, y está constituyendo, la sección activa de la mayoría de las luchas revolucionarias del siglo XX. La política contrarrevolucionaria del imperialismo en nuestro tiempo en general, y particularmente en nuestra revolución, debe adaptarse a esta realidad y depender de la supresión del movimiento proletario y el exterminio de sus vanguardias conscientes en todo el mundo; y ha sido así por un largo tiempo. El anticomunismo es el pilar esencial de la política del imperialismo en la época actual; y cualquier fuerza anticomunista, independientemente de su base social y clasista, en el análisis final, opera hacia el logro de la política del imperialismo.

El PRI está en conformidad completa, abierta y directa con este componente fundamental de la política del imperialismo (es decir, el anticomunismo), en la medida en que este contenido general de la política del imperialismo constituye el motivo específico del movimiento y la razón de ser de este partido. El PRI llama constantemente a la burguesía a adoptar la política de reprimir y exterminar al movimiento comunista y obrero, y siempre que la burguesía, por diferentes motivos, demuestre negligencia al hacerlo, el PRI en sí mismo emplea directamente su máximo esfuerzo, utilizando sus instalaciones organizacionales, para llevar a cabo esta política desde arriba de la burguesía y de su gobierno. El PRI muestra clara y directamente a la burguesía el frente de batalla principal. Desde este punto de vista, el PRI es el altavoz del capital monopolista en la agitación y la propaganda por su política contrarrevolucionaria más fundamental (es decir, el anticomunismo).

El movimiento proletario y el comunismo, como los pilares de las revoluciones antiimperialistas de la √©poca actual, "deben ser suprimidos": este es el mensaje del capital monopolista a la burgues√≠a iran√≠, un mensaje que se refleja abiertamente en la pol√≠tica, los m√©todos y la pr√°ctica diaria del PRI. Por lo tanto, en lo que concierne a la principal fuerza motriz de nuestra revoluci√≥n antiimperialista y de ese liderazgo pol√≠tico que, en √ļltima instancia, puede y debe unir el campo de la revoluci√≥n bajo su bandera y llevarlo a la victoria, el PRI no tiene ilusi√≥n y no causa cualquieras ilusiones en el campo de la contrarrevoluci√≥n. El PRI reconoce bien el punto de fortaleza del campo de la revoluci√≥n, es decir, la presencia activa del proletariado revolucionario y su vanguardia comunista, en nuestro pa√≠s y en nuestra revoluci√≥n. Este es un conocimiento que el capital monopolista y sus representantes pol√≠ticos han alcanzado durante mucho tiempo, y el PRI, desde el punto de vista de la "clarividencia" pol√≠tica a este respecto, no solo va m√°s all√° de la peque√Īa burgues√≠a, sino que en realidad tiene nada menos que los gustos de Henry Kissinger y ZbigniewBrzezinski.

El complemento de esta comprensi√≥n fundamental del campo de la revoluci√≥n es otro entendimiento fundamental en el que se preocupa los requisitos de la formaci√≥n y la acumulaci√≥n organizacional del campo de la contrarrevoluci√≥n. El anticomunismo, desde el punto de vista del capital monopolista y especialmente en el pa√≠s dominado, tiene un v√≠nculo irrompible con el rechazo del liberalismo burgu√©s. Como hemos explicado con frecuencia en nuestros otros escritos, en el pa√≠s dominado, donde la tendencia del capital monopolista a mantener y fortalecer la reacci√≥n pol√≠tica debe inevitablemente adquirir su manifestaci√≥n global y completa, el liberalismo no es una superestructura pol√≠tica confiable y favorable. En tales pa√≠ses, la violencia y reacci√≥n manifestadas imperialistas es, en √ļltimo an√°lisis, la forma m√°s adecuada que el capital de la √©poca del imperialismo sabe para establecer su dominio. El liberalismo burgu√©s, que simboliza la dictadura y canciller√≠a concurrente clasista dentro de la burgues√≠a, de ninguna manera es compatible con las necesidades a largo plazo de la acumulaci√≥n de capital en el pa√≠s dominado. La tendencia del capitalismo de la √©poca de los monopolios a la reacci√≥n pol√≠tica, convierte la perspectiva liberal burguesa en el pa√≠s dominado en una reliquia, que solo en ciertos casos y dentro de un marco espec√≠fico y limitado podr√≠a actuar como un instrumento ideol√≥gico pol√≠tico al servicio de la burgues√≠a.

En la √©poca presente y en nuestro pa√≠s, los liberales burgueses son los pol√≠ticos m√°s confundidos de la burgues√≠a. Son de alguna utilidad para el capital solo en la medida en que la fabricaci√≥n ilusoria es en s√≠ misma un instrumento pol√≠tico. Este es precisamente el papel que hasta el levantamiento de la burgues√≠a liberal de Ir√°n hab√≠a emprendido para frenar la revoluci√≥n que estaba a punto de poner en peligro el dominio de toda la burgues√≠a. Pero, donde estas ilusiones burguesas liberales van m√°s all√° de esto, y los liberales burgueses proponen e insisten en la dictadura concurrente clasista y la democracia de clase m√ļltiple como la superestructura de la sociedad capitalista en Ir√°n, el capital monopolista mismo, antes que nadie, declara su bancarrota pol√≠tica. En los pa√≠ses imperialistas, el liberalismo disfruta de bases objetivas espec√≠ficas; bases que, en primer lugar, dependen del declive del liberalismo en el pa√≠s dominado. Por lo tanto, los liberales burgueses en Ir√°n deben reconocer su lugar, no volar alto, y admitir la existencia del "centralismo unilateral" y el ejercicio de la direcci√≥n del capital monopolista en las filas de la contrarrevoluci√≥n burguesa, as√≠ como en el dominio pol√≠tico del capital sobre el trabajo. La unidad interna de la contrarrevoluci√≥n burguesa misma requiere convencer y / o cerrar la burgues√≠a liberal. Tambi√©n requiere que la burgues√≠a comprenda la necesidad de adoptar la pol√≠tica de "violencia manifestada bajo el liderazgo del capital monopolista". Al enfrentar la revoluci√≥n, toda la burgues√≠a sin duda toma conciencia de la necesidad de la unidad de sus filas. Pero esas fuerzas pol√≠ticas burguesas son "sabias" y "conscientes" de los intereses de toda la clase, que reconocen esta unidad como posible no mediante la "democracia de clase m√ļltiple" y la representaci√≥n de todos los estratos de la burgues√≠a en el poder pol√≠tico, sino por el rechazo del liberalismo y la aceptaci√≥n indiscutible del liderazgo pol√≠tico del capital monopolista en toda la clase.

El PRI refleja bien en s√≠ mismo esta "sabidur√≠a" de los monopolios. Hoy, el PRI promueve este centralismo "impaciente" y esta innegable necesidad de violencia manifiesta. El intento generalizado del PRI de debilitar las bases del poder de los liberales, y tambi√©n de limitar los m√©todos liberales de gobierno, es otra prueba de la conformidad de la operaci√≥n de este Partido con la pol√≠tica general del imperialismo en la creaci√≥n de las bases para la organizaci√≥n de las filas de la burgues√≠a. El funcionamiento del PRI es compatible con esta realidad innegable de que las aperturas democr√°ticas m√°s peque√Īas y la m√°s leve procrastinaci√≥n de la burgues√≠a y su gobierno para revivir la represi√≥n de Aryamehrian allanar√≠an el camino para el proletariado revolucionario y proporcionar√≠an las bases para su crecimiento en la conciencia pol√≠tica y la organizaci√≥n de clase. El funcionamiento del PRI es compatible con esta realidad que, esa fuerza que m√°s que otros se benefician de la adopci√≥n de los m√©todos liberales por parte del gobierno burgu√©s, e incluso de la existencia de abierta contradicci√≥n en √©l que [puede] resultar en fracaso o vacilaci√≥n en cumpliendo sus deberes represivos, es el joven movimiento comunista. El funcionamiento del PRI es compatible con esta realidad de que, en cualquier momento que los comunistas puedan disfrutar de las condiciones abiertas para su actividad organizativa pol√≠tica, agitacional y propagand√≠stica, la burgues√≠a se acerca cientos de pasos a su ca√≠da, y la consolidaci√≥n de su dominio de la clase se vuelve cientos de veces m√°s dif√≠cil. Por lo tanto, el PRI rechaza de antemano la adopci√≥n de aquellas leyes cuales, incluso en su forma, permanecen en silencio con respecto a la violencia anti-obrera, anticomunista y antidemocr√°tica, y donde bajo la presi√≥n del democrat√≠simo de las masas, los liberales exhiben la vacilaci√≥n, o adoptada en apariencia pac√≠fica para atraer conciliadores en las filas del movimiento revolucionario, el PRI mismo, desde fuera de todas las leyes y promesas, e incluso a las expensas de hacer evidentes los conflictos internos de los pol√≠ticos de la clase, asigna los matones bandistaspara compensar el pasado.

Pero, ¬Ņqu√© dice la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr a este respecto? Esta tendencia, tambi√©n, es indudablemente una tendencia anticomunista en su esencia y de arriba hacia abajo. Sin embargo, contrariamente al PRI que revela para la burgues√≠a la realidad innegable de nuestra revoluci√≥n, muestra a la burgues√≠a los frentes principales de la batalla y trata de convencerla de sus tareas abiertamente represivas en lo que respecta al movimiento comunista y obrero, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr de lo cual en esencia, no es m√°s que un liberal burgu√©s en un compromiso oportunista con m√©todos de expresi√≥n religiosa, minimiza para la burgues√≠a el papel y el lugar del proletariado revolucionario y su ideolog√≠a revolucionaria, el marxismo-leninismo. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr infunde a la burgues√≠a una autoconfianza ideol√≥gica pol√≠tica y tambi√©n con ideas econ√≥micas falsas y ut√≥picas que de ninguna manera pueden realizarse en nuestro pa√≠s, como un pa√≠s dominado por el imperialismo. Si el PRI, al basarse en las realidades econ√≥micas, pol√≠ticas e ideol√≥gicas del capitalismo de la √©poca actual en general y la de nuestro pa√≠s en particular, trata de convencer a la burgues√≠a de Ir√°n de la necesidad de una participaci√≥n cada vez m√°s decisiva en la contrarrevoluci√≥n y la lucha de clases contra el proletariado revolucionario, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr afirma que existen bases econ√≥micas, pol√≠ticas e ideol√≥gicas en la sociedad que supuestamente permiten a la burgues√≠a aliviar la lucha de clases.

El PRI comienza a partir de la percepción de las características del capitalismo de la época del imperialismo en el país dominado, reconociendo al enemigo principal de la burguesía, que es el proletariado revolucionario y el marxismo-leninismo, y discerniendo las bases objetivas y subjetivas de su crecimiento. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr, por el contrario, oculta estas características y exagera en las capacidades económicas, políticas e ideológicas de la burguesía iraní para enfrentar al proletariado. El punto de partida de la tendencia de Abolhasán Bani-Sadr es la observación de los éxitos de la burguesía de los países imperialistas de Europa occidental y América, pero no comprende las bases objetivas de estos éxitos, e ingenuamente considera posible la realización de condiciones similares en Irán. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr asegura a la burguesía iraní que existen motivos económicos favorables para aliviar las luchas del proletariado y los trabajadores no-proletarios contra el capital en Irán. La proscripción económica que Abolhasán Bani-Sadr envuelve a la burguesía de Irán, una prescripción que se supone debe barrer bajo los pies del movimiento comunista, es una prescripción utópica que de ninguna manera ha tomado en cuenta el lugar económico específico de Irán como un país dominado. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr es el defensor de la tesis de la "economía nacional e independiente" dentro de la burguesía, y precisamente lo mismo que la tendencia oportunista en el movimiento comunista, considera que la base objetiva de la democracia burguesa en la época actual es la "independencia económica" y no la explotación imperialista.

La divisi√≥n de los pa√≠ses del mundo en imperialistas y dominados, la explotaci√≥n imperialista de los trabajadores de los pa√≠ses dominados, las s√ļper-ganancias imperialistas de los monopolios mediante la exportaci√≥n de capital, la aparici√≥n y permanencia de la aristocracia obrera en los pa√≠ses imperialistas, el predominio del revisionismo y el sindicalismo en el movimiento comunista y obrero de estos pa√≠ses, son todos los enlaces necesarios e interconectados que aseguran la posibilidad de que la democracia burguesa y el liberalismo aparezcan en los pa√≠ses imperialistas. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr cubre estas realidades, y precisamente lo mismo como los ide√≥logos imperialistas de los pa√≠ses de Europa occidental y Am√©rica, presenta esta "capacidad liberal" de la burgues√≠a de los pa√≠ses metropolitanos, como el efecto de su "independencia y florecimiento industrial", cultura y tradici√≥n democr√°tica y su "debate libre".

La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr, como una tendencia liberal burguesa en toda regla, es el eco de la extensa propaganda anticomunista con la cual la burguesía de los países metropolitanos bombardea al proletariado de estos países. Para la burguesía de Irán, la creación de los motivos objetivos para adoptar los métodos liberales en la política en general y en el gobierno requiere particularmente que el capitalismo iraní se convierta en imperialista; y esto, aunque no es una imposibilidad analítica, es una imposibilidad histórica clasista. El liberalismo en la época del imperialismo se basa en la feroz explotación de los trabajadores de los países dominados, y los liberales cubren precisamente esta explotación. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr es un defensor del capital, y donde los trabajadores de Irán están a punto de discernir el capitalismo como la causa de todos sus sufrimientos, se pone de pie para la existencia de la economía capitalista y, a veces, incluso la "economía" en Irán, llamando a presenciar implícitamente la situación en Europa Occidental e introduciendo esta situación como la sociedad capitalista "real". Además, intenta propagandizar, en la cubierta de su fraseología absurda, la conveniencia de establecer este sistema de una manera "independiente y autosuficiente", de una manera de "Touhidi"[4], etc., frente al proletariado revolucionario y al comunismo que explican la necesidad de derrocar este sistema podrido.

Es natural que la propagaci√≥n de tales ilusiones entre las masas de obreros y trabajadores tenga un lugar significativo para el imperialismo; de lo contrario, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr no hubiera sido de ninguna utilidad para la burgues√≠a. Pero, es en la misma medida natural y necesario que la burgues√≠a misma no deposite sus esperanzas en estas ilusiones y no insista en su realizaci√≥n. Por lo tanto, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr es el defensor de los fundamentos generales de la econom√≠a capitalista contra la cr√≠tica del proletariado revolucionario, y no la expresi√≥n directa y completa de la pol√≠tica deseable de la burgues√≠a en un pa√≠s dado y en una coyuntura dada. Tal corriente no puede sino ser utilizada como un instrumento de enga√Īo para la burgues√≠a. Sin embargo, aunque la propaganda liberal de Abolhas√°n Bani-Sadr no es en esencia m√°s que un enga√Īo, en la forma, es expresiva de una utop√≠a; porque la burgues√≠a, b√°sicamente, no puede enga√Īar a los trabajadores, excepto al presentar sus utop√≠as y ocultar la realidad de sus intereses de clase. Por lo tanto, no estar√≠a mal llamar a la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr un "utopismo burgu√©s", incluso si el mismo Abolhas√°n Bani-Sadr y todos sus colegas y asistentes son, en privado, conscientes del absurdo de sus teor√≠as y propaganda.

Asimismo, en la esfera pol√≠tica ideol√≥gica, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr aboga por una actitud ut√≥pica y poco realista hacia el movimiento comunista. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr defiende la supresi√≥n como la soluci√≥n definitiva de la burgues√≠a; un club que aparecer√≠a detr√°s de cada "debate libre". Y precisamente donde los enga√Īos del gobierno han demostrado ser ineficaces, como en el Kurdist√°n revolucionario, las dos facciones llegan a un consenso sobre la pol√≠tica de represi√≥n y su significado para la burgues√≠a. Pero, en general, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr exige principalmente que el liberalismo se sit√ļe en el eje de la pol√≠tica de la burgues√≠a, y la violencia se considera el garante ejecutivo de este liberalismo. Con respecto a la actitud hacia el movimiento comunista, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr exige la adopci√≥n de m√©todos liberales con el objetivo de fortalecer las filas del oportunismo en este movimiento, aislando y reprimiendo el marxismo revolucionario. Sin embargo, esta pol√≠tica se presenta inevitablemente por parte de la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr en la sociedad, no en una forma abierta y directa, sino en la forma de una demanda de confrontaci√≥n ideol√≥gica y de "debate libre" con el marxismo en su conjunto. Y tal actitud despierta inevitablemente una ilusi√≥n con respecto a la capacidad ideol√≥gica pol√≠tica de la burgues√≠a iran√≠ para enfrentar el comunismo.

S√≠, si el movimiento comunista se supera econ√≥micamente, ser√≠a posible enfrentarlo a nivel pol√≠tico e ideol√≥gico. Si el oportunismo en el movimiento comunista goza econ√≥micamente de una base material firme, no ser√≠a una posibilidad improbable aislar y hacer retroceder al marxismo revolucionario. Aqu√≠, tambi√©n, la pregunta es sobre esto mismo s√≠. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr, por lo tanto, completa su utop√≠a econ√≥mica con la teor√≠a enga√Īosa del "debate libre y el intercambio de ideas". Mientras que la burgues√≠a de Ir√°n est√° a punto de comprender la debilidad de sus representantes liberales en la confrontaci√≥n pol√≠tica e ideol√≥gica con el movimiento comunista iran√≠ (a pesar de todos sus problemas y deficiencias), y captar la necesidad de la lucha f√≠sica con el movimiento comunista, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr viene a la escena para derrotar en el debate libre al movimiento comunista y la ideolog√≠a revolucionaria del proletariado ante la mirada ansiosa de la burgues√≠a.

La discusi√≥n no est√° aqu√≠ sobre hasta cu√°l punto Abolhas√°n Bani-Sadr y su facci√≥n son "consistentes" al poner en vigor tales promesas, pero es sobre la dispersi√≥n que se agita dentro de la burgues√≠a al declarar que estos m√©todos son deseados por esta clase. Incluso en los pa√≠ses metropolitanos, donde el imperialismo tiene acceso a la rica herencia del trabajo te√≥rico ideol√≥gico producido por siglos de empe√Īo por parte de los intelectuales de la burgues√≠a, ha abandonado por largo tiempo la confrontaci√≥n intelectual con el comunismo. En cambio, ha recurrido a la distorsi√≥n, la falsificaci√≥n y la censura junto con, ¬Ņcu√°l es el principal curso de acci√≥n? La confrontaci√≥n represiva. Por lo tanto, es bastante claro que la pol√≠tica de "debate libre" de Abolhas√°n Bani-Sadr con respecto al marxismo no es m√°s que invitar a la burgues√≠a al "martirio ideol√≥gico". La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr o cualquier ideolog√≠a burguesa de la √©poca actual no tendr√≠a la capacidad de la confrontaci√≥n ideol√≥gica con el marxismo revolucionario, y cualquier ilusi√≥n y confianza en s√≠ mismo a este respecto, por temporal y pasajera que sea, ser√≠a mortal para la burgues√≠a. En nuestra opini√≥n, por lo tanto, a este respecto tambi√©n, el PRI abre muy claramente las realidades de la lucha de clases, ante los ojos de la burgues√≠a iran√≠.

Este problema se extiende a sí mismo a la esfera política. Contrariamente a la línea explícita del PRI, la tendencia de Abolhasán Bani-Sadrdemuestra su fracaso en la comprensión de la relación entre la democracia y la lucha del proletariado por el socialismo. Que los comunistas crecen mejor y más rápido en las condiciones del trabajo subterráneo en comparación con las condiciones del trabajo abierto, que cuanto más se suprimen, más poderosos se vuelven, son afirmaciones basadas en una falacia. Contrario al PRI, la tendencia de Abolhasán Bani-Sadr no reconoce la causa del crecimiento del movimiento comunista, que no es más que la validez de los puntos de vista y los programas de este movimiento y su conformidad con los intereses de clase del proletariado, y / o lo cubre. El PRI ejerce todos sus esfuerzos para limitar el alcance del uso comunista de las condiciones abiertas para propaganda y agitación rápida y generalizada para sus programas y demandas. Por el contrario, la tendencia de Abolhasán Bani-Sadr sufre de la ilusión de que el liberalismo burgués puede oponerse al marxismo en las condiciones abiertas, y que llevar a los comunistas al dominio de la actividad clandestina le quita esta posibilidad a la burguesía. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr no comprende este hecho de que cualquier logro democrático en la sociedad sirve más eficazmente al proletariado iraní, y que la presencia activa del proletariado y del movimiento comunista en la revolución democrática no tiene esencialmente otro objetivo que crear los prerrequisitos democráticos para el movimiento final hacia el socialismo. La tendencia de Abolhasán Bani-Sadr no presta atención a la apremiante necesidad de la burguesía iraní de privar al movimiento comunista del campo de la actividad abierta y, en este sentido, sigue siendo incapaz de reconocer con precisión los intereses del capital en Irán en la época del imperialismo.

Por lo tanto, vemos que las dos facciones del cuerpo gobernante tienen un punto de partida com√ļn con respecto al enfrentamiento del movimiento proletario y el marxismo revolucionario. Ambos son los enemigos jurados del comunismo. Pero el PRI considera que la pol√≠tica de supresi√≥n generalizada es el √ļnico camino por el cual la burgues√≠a puede sobrevivir, mientras que la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr considera esta pol√≠tica como una soluci√≥n final a la que debe recurrirse solo "en el caso" de que fracasen las pol√≠ticas y m√©todos liberales burgueses. El PRI, por lo tanto, se propuso purgar la burgues√≠a liberal y los m√©todos liberales del gobierno y la direcci√≥n pol√≠tica de la burgues√≠a, mientras que la tendencia del Abolhas√°n Bani-Sadrla apoya y la fortalece en su agenda. Desde el punto de vista de los intereses del capital monopolista, es el PRI el que ha comprendido claramente el problema, y es Abolhas√°n Bani-Sadr quien se retira. El PRI es "realista" y la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr est√° "confundida"; entonces el PRI debe actuar y seguir sus pol√≠ticas en su esencia, mientras que Abolhas√°n Bani-Sadr debe enga√Īar a las masas con sus ilusiones liberales en lugar de realidades, y decorar el resultado com√ļn de [la operaci√≥n del] cuerpo gobernante, que no es m√°s que un intento de suprimir la revoluci√≥n con frases liberales vac√≠as.

La actitud de las facciones del cuerpo gobernante hacia el comunismo y el democratísimo consecuente del proletariado, por un lado, y el liberalismo burgués por el otro, aclara el marco general de su posición sobre las fuerzas como el Mojahedin-e-Khalq(Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán / MKO)lo cual oscilan entre los dos polos mencionados.

El liberalismo de Abolhas√°n Bani-Sadr ve los liberales novedosos y "bien pensados" en el futuro de los l√≠deres de los muyah√≠des, quienes, con una ligera alteraci√≥n, estar√≠an listos para superar el historial de las luchas revolucionarias de su organizaci√≥n y el entusiasmo revolucionario de sus j√≥venes seguidores en una herramienta en la negociaci√≥n de la burgues√≠a no-monopolista y los monopolios imperialistas sobre las concesiones econ√≥micas y pol√≠ticas; los liberales "bien pensados" que ayudar√≠an a los obreros y a las masas trabajadoras a dejar de luchar y poner sus esperanzas en el gobierno burgu√©s. Si esto pasa; si un gobierno liberal burgu√©s puede de esta manera alcanzar una base social y validez pol√≠tica, entonces su alternativa pol√≠tica para resolver los problemas de la burgues√≠a adquirir√≠a una base material m√°s fuerte que la del capital monopolista, y as√≠ el terrible sue√Īo del capital no-monopolista de privarse de determinar su propio destino no se convertir√≠a en realidad hasta m√°s adelante. Pero el capital monopolista ve en el Mojahedin-e-Khalq, por un lado, signos de un democrat√≠simo que ten√≠a el potencial de seguir al proletariado revolucionario y su democrat√≠simo consistente; y por el otro, una fuerza que mezcla los l√≠mites blanco y negro entre la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa y el proletariado revolucionario y sus vanguardias comunistas, una fuerza que se interpone entre la burgues√≠a y el proletariado, y que en muchos casos embota el borde afilado de las pol√≠ticas del proletariado revolucionario contra el gobierno y los partidos burgueses, y act√ļa como intermediario en las luchas de las clases oprimidas contra la explotaci√≥n y la opresi√≥n imperialista, al mismo tiempo desempe√Īa el papel de un amortiguador para el movimiento comunista con respecto a las pol√≠ticas supresoras de la burgues√≠a. La supresi√≥n generalizada del movimiento proletario y comunista es, por lo tanto, imposible, sin que al mismo tiempo las fuerzas como Mojahedin-e-Khalq caigan en el abismo de la pasividad y / o la conciliaci√≥n.

El PRI, que ha vinculado h√°bilmente los elementos de la pol√≠tica imperialista y el "fundamentalismo", llama al papel intermediario de Mojahedin-e-Khalq como el "eclecticismo ideol√≥gico" y la "desviaci√≥n de los fundamentos isl√°micos"; los muyah√≠des no son "fundamentalistas", "oscilan entre el islam y el comunismo" y, por lo tanto, impiden que el PRI cumpla su funci√≥n "fundamentalista" al servicio del imperialismo, derramando r√≠os de sangre de obreros revolucionarios. Deben ser quitados del camino para que el imperialismo y el PRI puedan emplear mejor los remanentes de las convicciones religiosas de las masas inconscientes - y particularmente las masas inconscientes de la peque√Īa burgues√≠a - al servicio de la represi√≥n del movimiento comunista y por lo tanto del todo el movimiento revolucionario; es decir, podr√≠an poner en vigor la convocatoria para "exterminar a los infieles"[5], como lo hicieron en Kurdist√°n, Gonbad y Ahvaz, etc., sin tener ning√ļn problema con la enmienda de "tener piedad con los que est√°n en el medio".

2) El orden contrarrevolucionario y el orden productivo

La transformaci√≥n de la crisis econ√≥mica en una crisis revolucionaria, el debilitamiento de los cimientos del dominio del capital y la continuaci√≥n de la crisis revolucionaria han prometido, necesariamente, la resoluci√≥n o una disminuci√≥n considerable de la crisis econ√≥mica y la reanudaci√≥n de un nuevo ciclo de acumulaci√≥n de capital, desde el punto de vista del capital social total, sobre la represi√≥n de la revoluci√≥n. Es decir, a los ojos del capital social total, la supresi√≥n de la revoluci√≥n y el establecimiento de un orden contrarrevolucionario preceden a la producci√≥n. Es precisamente el capital monopolista lo cual, desde el punto de vista econ√≥mico, est√° en condiciones de reconocer, en primer lugar, esta necesidad de la totalidad de la econom√≠a capitalista en Ir√°n - esa es la precedencia tomada por el orden contrarrevolucionario sobre la producci√≥n - y evitar los movimientos indefensos y apresurados de capitales peque√Īos e intermedios en el mercado interno; y segundo, tiene tal capacidad econ√≥mica que le permite basar su pol√≠tica contrarrevolucionaria en esta necesidad y hacer un plan a largo plazo para su movimiento. Dentro del mercado interno, el peque√Īo capital individual, que es una peque√Īa parte constituyente del capital social total, parte del √°ngulo de sus propios intereses estrechos y limitados. Para las capitales peque√Īas e intermedias, la producci√≥n y el orden son de hecho las necesidades id√©nticas. Para ellos, el orden deseado es un orden que evita la interrupci√≥n de la actividad productiva y reduce los per√≠odos en que los medios de producci√≥n permanecen ocioso al m√≠nimo. En otras palabras, el orden previsto de estos capitales es el "orden productivo", es decir, el uso "regular" del trabajo por el capital.

Pero, el capital monopolista, que da direcci√≥n al movimiento del capital social total en el mercado interno, considera la econom√≠a capitalista de Ir√°n como un todo y como parte constituyente de las relaciones imperialistas mundiales, y as√≠ establece su pol√≠tica en el servicio de mantener esta "econom√≠a". Para la burgues√≠a monopolista, el punto no es simplemente si ocurre una interrupci√≥n en el proceso de reproducci√≥n de un estrato de capital de esta o aquel; m√°s bien, es si preservar o abandonar la producci√≥n capitalista en un pa√≠s determinado. Las capitales peque√Īas e intermedias, a pesar de todas las amenazas que enfrenta toda la burgues√≠a por parte de la revoluci√≥n, equiparan el concepto de "orden" con conceptos como la seguridad, la ausencia de anarqu√≠a, la presencia de trabajadores en los lugares de trabajo, el funcionamiento continuo de las f√°bricas, etc., y as√≠ equiparar el orden con el "cese de las hostilidades"; considerando que, en tales circunstancias, el capital monopolista, en primer lugar, considera el "orden" no desde el punto de vista de la producci√≥n, sino principalmente desde un punto de vista sociopol√≠tico, como una consolidaci√≥n total del dominio de la contrarrevoluci√≥n y la supresi√≥n decisiva de la revoluci√≥n. El capital monopolista, por lo tanto, basa su pol√≠tica no en fortalecer la polic√≠a, promulgar la ley laboral, someter a los trabajadores a multas, etc., sino m√°s bien en par√°metros tales como la manera de organizar el campo de la contrarrevoluci√≥n dentro de Ir√°n, el equilibrio de las fuerzas a nivel global, las diferentes alternativas gubernamentales de la burgues√≠a en Ir√°n, la evaluaci√≥n de la perspectiva de la militarizaci√≥n del Golfo p√©rsico, la posibilidad del uso de ej√©rcitos de los estados mercenarios en la regi√≥n, la posibilidad de partici√≥n de Ir√°n, y as√≠ sucesivamente. La hipermetrop√≠a de la burgues√≠a es directamente proporcional al volumen y al per√≠odo de rotaci√≥n de su capital. Entonces, el imperialismo - lo cual abarca la renovaci√≥n y reproducci√≥n del capital social total y las relaciones sociales capitalistas en Ir√°n - tiene una "paciencia contrarrevolucionaria" mucho mayor que las capitales peque√Īas e intermedias en el mercado interno. Bajo las circunstancias existentes en Ir√°n, los monopolios y los estados imperialistas buscan restaurar un orden que no solo no necesariamente est√° produciendo la reanudaci√≥n inmediata de la producci√≥n, sino que es, en √ļltima instancia, una condici√≥n previa para ello. Y es natural que si un desorden temporal, en el contexto de la pol√≠tica a largo plazo de los monopolios, puede servir pr√°cticamente para establecer un orden general deseado por los monopolios, ser√≠an los primeros en provocar este desorden en la producci√≥n.

La pr√°ctica del PRI de hecho confirma esta necesidad y capacidad de capital monop√≥lico. El PRI con raz√≥n prioriza un orden sociopol√≠tico global y contrarrevolucionario en lugar de reanudar la producci√≥n a cualquier costo. La supresi√≥n de la revoluci√≥n es la tarea principal y m√°s vital que el PRI coloca ante la burgues√≠a, e insiste en su realizaci√≥n sabiendo que puede costar sacrificios en el campo de la producci√≥n y la acumulaci√≥n. El PRI es un partido contrarrevolucionario de pleno derecho que define sus tareas no en conjunci√≥n con la necesidad permanente de la burgues√≠a de producir valor y plusvalor, sino con respecto al establecimiento de tales condiciones en las que la producci√≥n del valor y la plusval√≠a ya no est√°n amenazados por el movimiento revolucionario. Incluso cuando el PRI habla de econom√≠a, persigue un objetivo completamente pol√≠tico. Los dirigentes del PRI hablan alg√ļn d√≠a de la propiedad privada y la desigualdad econ√≥mica como algo sagrado y natural, y el otro d√≠a recurren a los defensores de la igualdad econ√≥mica. Para el PRI, por lo tanto, los lemas econ√≥micos son un arma pol√≠tica; una pol√≠tica, la pol√≠tica contrarrevolucionaria, siendo su base "econ√≥mica".

Pero la percepci√≥n de la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr sobre el concepto de orden es una percepci√≥n abstracta. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr, en primer lugar, considera el orden como un orden productivo. La falla en entender que el orden contrarrevolucionario debe preceder al orden productivo es expresiva de la incapacidad de captar los detalles de una situaci√≥n revolucionaria. La soluci√≥n de la crisis econ√≥mica, desde el punto de vista de la burgues√≠a y del capital social total, requiere la supresi√≥n decisiva de la revoluci√≥n y, como ya dijimos, del capital monopolista, en virtud de su dominaci√≥n sobre el movimiento del capital social total, posee las capacidades econ√≥micas, el √°mbito de acci√≥n y la visi√≥n pol√≠tica necesarios para adaptar su pol√≠tica a esta realidad. Pero la prisa de la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr de reanudar la producci√≥n - qu√© es el reflejo de los intereses de capitales peque√Īos e intermedios en el mercado interno - a veces va incluso en la medida en que causa disturbios en el curso de establecer el orden contrarrevolucionario. La facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr en muchos casos considera la reanudaci√≥n de la producci√≥n a nivel de la sociedad, incluso como una condici√≥n previa para la restauraci√≥n del orden y la seguridad. Es muy cierto que en las condiciones normales y no-cr√≠ticas de la producci√≥n capitalista, en circunstancias no-revolucionarias, el florecimiento de la producci√≥n est√° directamente relacionado con la medida en que las masas trabajadoras se han sometido a la ley y a las obligaciones burguesas. Sin embargo, aplicar la relaci√≥n entre pol√≠tica y econom√≠a de una situaci√≥n no-revolucionaria a una sociedad lo cual est√° atravesando una crisis revolucionaria e insistir en ella es solo una expresi√≥n de la incapacidad de comprender las condiciones concretas. Obviamente, la prioridad del orden contrarrevolucionario hacia el orden productivo no debe interpretarse como la pol√≠tica tiene prioridad sobre la econom√≠a bajo las circunstancias existentes en Ir√°n. La econom√≠a siempre, en √ļltimo an√°lisis, determina y condiciona la superestructura pol√≠tica. Pero, lo que determina y condiciona el curso del movimiento de las fuerzas en la esfera pol√≠tica actual en Ir√°n no son las necesidades del proceso de producci√≥n, sino la presi√≥n ejercida por la crisis econ√≥mica. Es precisamente la crisis econ√≥mica del capitalismo en Ir√°n lo cual dicta a la burgues√≠a la necesidad de que el orden contrarrevolucionario tenga prioridad sobre el orden productivo. Y la tendencia deAbolhas√°n Bani-Sadr que, m√°s que cualquier otra tendencia en la burgues√≠a iran√≠, pone √©nfasis en la necesidad de cuidar la situaci√≥n econ√≥mica, es por lo tanto m√°s pr√°ctica que el PRI, sin prestar atenci√≥n a las precondiciones pol√≠ticas espec√≠ficas para aliviar y superar la crisis econ√≥mica. Aqu√≠, tambi√©n, la medalla de la "actitud realista" va al PRI, y la medalla de la "confusi√≥n" a la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr.

El desacuerdo entre la facción de Abolhasán Bani-Sadr y el PRI sobre el contenido del orden que la burguesía necesita en primer lugar, inevitablemente alimenta el desacuerdo sobre la forma de establecer este orden. Si el orden contrarrevolucionario es distinto del orden productivo, entonces los medios y el proceso para establecer y mantener estos dos tipos de orden también deberían ser diferentes. Las olas de la revolución han aplastado e ineficaz los instrumentos formales de preservar la ley y el orden burgueses. Los instrumentos e instituciones lo cual preservan el orden en el proceso cotidiano de producción y reproducción en la sociedad, es decir, las leyes, el ejército y la policía, la burocracia, el poder judicial, etc., precisamente debido al levantamiento revolucionario, que culminó con el levantamiento de febrero, han dejado de funcionar ampliamente.

Esa revolución ocurrió precisamente significa que la burguesía y el imperialismo ya no podían gobernar por medio de los instrumentos e instituciones formales, y con métodos formales. La revolución en sí fue la más vívida expresión de la necesidad de la burguesía de recurrir a nuevos métodos; existía en la sociedad una situación revolucionaria tan distinta de las condiciones no-revolucionarias y normales como cualquier política burguesa "realista" no podía sino tomarla en cuenta como una realidad, incluso al determinar la forma de establecer el orden deseado de la burguesía. Esta realidad, en lo que respecta al intento de la burguesía de restaurar y consolidar la ley y el orden burgués, subraya la necesidad de esta clase de renovar la máquina supresiva de una manera que corresponda a la situación política específica que prevalece en la sociedad. Bajo la situación revolucionaria que prevalece en la sociedad, la contrarrevolución debe abandonar las leyes y principios formales de la burguesía; es decir, la contrarrevolución debe actuar "revolucionariamente". Esta es una percepción contrarrevolucionaria genuina a la que el capital monopolista ha alcanzado durante mucho tiempo, y sobre la cual ha basado su política global con respecto a las revoluciones proletarias y nacionales. Bajo circunstancias revolucionarias, la burguesía no está más contenta con la emisión de circulares, arrestos, juicios o el uso de la policía y otras fuerzas represivas oficiales contra manifestaciones, huelgas, asambleas y, en general, todos los métodos de lucha que pueden emplearse en el campo de la revolución - métodos que cuestionan todas las reglas y leyes existentes. Por el contrario, bajo tales condiciones, la burguesía convoca a los partidos y pandillas burgueses completamente reaccionarios y extremistas de ala derecha para que ellos, que son alimentados en el mismo pesebre que la policía estatal abierta o secreta, también puedan utilizar estos nuevos métodos de lucha, pero en el interés de la burguesía. En muchos casos, la burguesía y los monopolios organizan manifestaciones reaccionarias, huelgas e incluso confrontaciones armadas con su propio gobierno.

El PRI exhibe de manera m√°s completa a trav√©s de sus pol√≠ticas esta comprensi√≥n: la comprensi√≥n de la necesidad de la burgues√≠a de emplear los nuevos m√©todos de lucha. Antes de intentar renovar las instituciones jur√≠dicas de represi√≥n y dominaci√≥n pol√≠tica de la burgues√≠a (leyes, ej√©rcito, burocracia, poder judicial, etc.), el PRI se esfuerza por movilizar a las fuerzas de clase y los √≥rganos pol√≠ticos espec√≠ficos que en las circunstancias actuales pueden operar en una manera "revolucionaria" y, en la medida de lo posible, en nombre de la revoluci√≥n. Al hacerlo, el PRI llega al extremo de poner abiertamente el nombre de la "revoluci√≥n" en sus pol√≠ticas contrarrevolucionarias: la "revoluci√≥n cultural", la "revoluci√≥n administrativa", la "depuraci√≥n" (cu√°l en lo que concierne al PRI no tiene otro sentido que purgar a los comunistas y los dem√≥cratas revolucionarios), se encuentran entre los numerosos ejemplos que existen a este respecto. Las masas inconscientes de la peque√Īa burgues√≠a y el clero que se apodera de sus bridas proporcionan los mejores medios para organizar una vasta fuerza contrarrevolucionaria. Los m√©todos de acci√≥n del PRI tambi√©n se basan en elementos y factores que podr√≠an poner en marcha esta vasta fuerza al servicio de la represi√≥n de la revoluci√≥n. Entonces el PRI hace el mejor uso de la influencia del clero y el islam en la peque√Īa burgues√≠a tradicional y en las masas inconscientes en general; una influencia para el fortalecimiento de la cual los monopolios clarividentes nunca dejaron de luchar incluso antes del levantamiento. Los peque√Īos burgueses tienen sus ojos puestos en el ayatol√° Jomeini y el islam. Jomeini, que debe su respetabilidad entre las masas no a la jurisprudencia isl√°mica sino a su presencia activa en las luchas antimon√°rquicas, solo √©l mismo adora establecer el Velayat-e-Faghih (WilayatFaqih)[6] y alcanzar una posici√≥n privilegiada para el clero en la jerarqu√≠a del poder. El PRI, por lo tanto, se convierte en la forma m√°s decisiva para adherirse a la l√≠nea del Im√°n[7] para conquistar su mente y voluntad - lo cual no tiene contradicci√≥n con los intereses temporales de los monopolios imperialistas - y utilizarlo para la movilizaci√≥n contrarrevolucionaria de la peque√Īa burgues√≠a al servicio de la pol√≠tica del imperialismo.

El PRI no es un partido peque√Īo burgu√©s; es un partido cual los monopolios imperialistas han establecido para la peque√Īa burgues√≠a y del cual le han dado una parte al jefe del clan para atraer su confianza y as√≠ obtener plena autoridad. Lo que es "valioso" en el islam, en lo que respecta al PRI, es su car√°cter anticomunista, por un lado, y la adoraci√≥n de Jomeini por el otro, y estos dos en uni√≥n entre s√≠ pueden proporcionar f√°cilmente las justificaciones ideol√≥gicas como, as√≠ como las bases de masas para la pol√≠tica de "la supresi√≥n de la revoluci√≥n bajo el nombre de revoluci√≥n". El IRP emplea el islam para movilizar a las masas peque√Īoburguesas confundidas y, ahora en menor medida, ciertos estratos del proletariado, contra el movimiento comunista y revolucionario, obteniendo el apoyo de Jomeini en cada paso. Es obvio que el islam y Jomeini se beneficiar√°n de la pol√≠tica a largo plazo de los monopolios y las actividades actuales del PRI no m√°s de lo que sol√≠an recibir bajo el Sha; porque ni el islam ni Jomeini pueden ser los elementos constitutivos de la superestructura gubernamental de los monopolios en Ir√°n.

Por lo tanto, no es sorprendente que el PRI "no est√© atento" al islam como "doctrina", y que el PRI no solo no hace ning√ļn esfuerzo para ense√Īar y propagar esta "doctrina", sino que en muchos casos no vacila en deteriorar su validez y respeto entre las masas. El islam del PRI hace bastante evidente el contenido completamente burgu√©s que, necesariamente, se apropia en la √©poca del imperialismo. Para el PRI, el islam no es un ideal o una colecci√≥n de "fundamentos ideol√≥gicos y filos√≥ficos", pero es un instrumento completamente pol√≠tico que debe movilizarse durante un cierto per√≠odo. Entonces el PRI deja las preocupaciones por el futuro del islam, por el debilitamiento de la "fe" de las masas y su abandono del islam y por tener "mezquitas vac√≠as" para Jomeini, como Ali Tehraniy Mojahedin-e-Khalq. El PRI busca establecer la "Sociedad Isl√°mica ideal" de nadie, m√°s bien busca utilizar las caracter√≠sticas e ideales contrarrevolucionarios de la peque√Īa burgues√≠a que hoy se define y comprende en el contexto del islam de la talla de Jomeini. Por lo tanto, es evidente que al terminar el papel de las masas peque√Īo-burguesas como meros n√ļmeros en el programa contrarrevolucionario del imperialismo, el inter√©s del PRI en el islam y en Jomeini tambi√©n llegar√° a su fin, y entonces el propio PRI llegar√° al final de su operaci√≥n como el "Partido Republicano Isl√°mico". La confianza del PRI en el islam, Jomeini y el clero es precisamente un ejemplo de la dependencia contrarrevolucionaria del capital monopolista en factores, elementos y m√©todos que han surgido en una situaci√≥n revolucionaria y m√°s all√° de las capacidades formales de la burgues√≠a.

Pero la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr, como el liberalismo burgu√©s en general, considera la "anarqu√≠a contrarrevolucionaria" con ojo cr√≠tico y exige la restauraci√≥n del orden de los √≥rganos e instituciones gubernamentales formales de la burgues√≠a desde un punto de vista abstracto ignorante de las condiciones y realidades espec√≠ficas en la sociedad. Es cierto que Abolhas√°n Bani-Sadr tambi√©n conf√≠a en la agitaci√≥n de amplias masas para enfrentar el campo de la revoluci√≥n; pero, al hacerlo, Abolhas√°n Bani-Sadr y su facci√≥n buscan recordar la "legitimidad" de su poder para que luego puedan actuar por medio de los instrumentos ejecutivos, as√≠ como los m√©todos formales y "legales". En otras palabras, mientras el PRI se esfuerza por movilizar a las propias masas como el instrumento para la represi√≥n, Abolhas√°n Bani-Sadr tiene la intenci√≥n de emplear el apoyo de las masas para organizar los instrumentos formales de supresi√≥n y dominio de la burgues√≠a. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr consideran que los m√©todos del PRI a√Īaden combustible a la anarqu√≠a y la tensi√≥n en la sociedad, mientras que el PRI a su vez considera que los m√©todos de Abolhas√°n Bani-Sadr son reformistas, liberales y no-revolucionarios. En realidad, ambos son correctos. La facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr, al organizar la contrarrevoluci√≥n, act√ļa no de manera "revolucionaria", sino liberal y reformista; este m√©todo no funciona para satisfacer las necesidades pol√≠ticas de la burgues√≠a en las condiciones actuales. Pero, por otro lado, uno puede oler a partir de los m√©todos y acciones del PRI el olor del a√Īo, de las experiencias contrarrevolucionarias de los monopolios imperialistas en Asia, √Āfrica y Am√©rica Latina.

La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr se adhiere al islam y a Jomeini y se esfuerza por interpretar ambos en un marco liberal burgu√©s. En otras palabras, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr es el producto de un compromiso ineludible entre el liberalismo burgu√©s y las formas y los elementos religiosos impuestos en el curso de la revoluci√≥n. Este compromiso es, en cierto sentido, el √ļnico camino donde el liberalismo puede sobrevivir, teniendo en cuenta las caracter√≠sticas ideol√≥gicas dominadas sobre el movimiento revolucionario hasta el levantamiento y luego sobre el gobierno. El destino de Ali Shayegan, Karim Sanjabi, Rahmatollah Moghaddam Maraghei, Hasan Nazih y recientemente Ahmad Madani[8], el Frente Nacional y sus diversas facciones en su conjunto, hicieron de la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr y su facci√≥n durante mucho tiempo fue el √ļnico canal a trav√©s del cual pudo existir la burgues√≠a liberal. Sin embargo, parece como si los versos del Cor√°n y las tendencias de Jomeini confirmaran el islam del PRI y expusieran r√°pidamente las pretensiones isl√°micas de la burgues√≠a liberal. Mientras que el PRI utiliza activamente el islam como una herramienta pol√≠tica, el liberalismo del tipo de Abolhas√°n Bani-Sadr tiene una actitud pasiva hacia √©l. Este liberalismo recurre al "islam" precisamente en la medida en que el PRI ha impuesto directa o indirectamente una posici√≥n defensiva sobre la burgues√≠a liberal y ha cuestionado sus convicciones isl√°micas.

Naturalmente, en tales condiciones, una amplia sección de la burguesía en el mercado interno considera los métodos del PRI desde una perspectiva de Abolhasán Bani-Sadr. Bajo las condiciones actuales, estos métodos impiden en gran medida la renovación de las fuerzas productivas de la sociedad y el renacimiento y refuerzo de los órganos políticos y ejecutivos del gobierno burgués. El capital monopolista considera esto como un precio a pagar en el corto plazo que se compensará con la realización de sus objetivos a largo plazo. Además, la anarquía económica e incluso la crisis aporta una enorme riqueza para ciertos estratos de los capitalistas. Un vasto estrato de intermediarios y grandes intermediarios de la compra y venta de artículos de primera necesidad que encuentran un terreno favorable para unas excelentes obtenciones de ganancias, los terratenientes que se aprovechan de la anarquía política para recuperar las tierras distribuidas son ejemplos de tales éxitos económicos en medio de la anarquía política. Sin embargo, las fortunas económicas provocadas por los métodos del PRI no benefician a toda la clase burguesa, sino a ciertos estratos de ella.

En vista de lo que hemos expresado hasta ahora, queda claro por qu√© creemos que ninguna de las dos facciones existentes del cuerpo gobernante puede ser la √ļltima alternativa y organizaci√≥n de clase de la burgues√≠a iran√≠.

En lo que respecta al papel de la burgues√≠a liberal en nuestro pa√≠s, no hemos avanzado en este art√≠culo, detalles novedosos para este estrato. La tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr es una cierta forma de liberalismo burgu√©s cuyas caracter√≠sticas radican en el marco general del liberalismo en nuestro pa√≠s. La √ļnica peculiaridad de la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr es su forma de expresi√≥n religiosa y su capacidad para adaptarse a las formas pol√≠ticas ideol√≥gicas dominadas sobre el movimiento revolucionario antes del levantamiento y luego sobre el gobierno. El fracaso de la burgues√≠a liberal para presentar una alternativa pol√≠tica y gubernamental a la burgues√≠a en Ir√°n como un pa√≠s dominado por los imperialistas tambi√©n incluye la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr. Nuestra discusi√≥n sobre la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr es, por lo tanto, solo un √©nfasis en nuestra posici√≥n anterior con respecto a este estrato de la burgues√≠a. Al estar en una uni√≥n irrompible con la operaci√≥n del imperialismo en Ir√°n, el liberalismo burgu√©s no puede ser la pol√≠tica central de la burgues√≠a bajo el liderazgo de la burgues√≠a monop√≥lica con respecto a la revoluci√≥n iran√≠, ni puede proporcionar el marco pol√≠tico ideol√≥gico del gobierno de la burgues√≠a en el caso de la derrota de la revoluci√≥n.

Pero el PRI a su vez solo desempe√Īan un papel temporal para la burgues√≠a. Sin duda, el PRI es un instrumento pol√≠tico determinante para la burgues√≠a en la situaci√≥n actual. Pero precisamente las mismas caracter√≠sticas que permiten al PRI desempe√Īar su papel instrumental en esta coyuntura, lo est√°n obstaculizando para convertirse en la organizaci√≥n de clase de la burgues√≠a monop√≥lica y de ese modo adquirir un papel en la superestructura gubernamental de la burgues√≠a iran√≠ en caso de derrota de la revoluci√≥n. Porque, en primer lugar, el PRI se cre√≥ para movilizar a la peque√Īa burgues√≠a y activar a los individuos y los c√≠rculos pol√≠ticos de la peque√Īa burgues√≠a tradicional. Al terminar el papel de la peque√Īa burgues√≠a como meros n√ļmeros, y al comienzo del impulso final de la burgues√≠a para una confianza total en los √≥rganos e instrumentos formales de su gobierno, el uso del PRI como un instrumento pol√≠tico para la burgues√≠a tambi√©n se detendr√°. En otras palabras, el gobierno de la burgues√≠a solo puede establecerse sobre la base de la organizaci√≥n de clase de la burgues√≠a monopolista. El PRI no puede ser una organizaci√≥n as√≠, ni puede transformarse en lo √ļltimo sin un cambio fundamental. En segundo lugar, y en relaci√≥n con el primero, el islam en el que el PRI depende en gran medida para desempe√Īar su papel no puede ser una superestructura ideol√≥gica que corresponda a la subestructura econ√≥mica de Ir√°n como un pa√≠s dominado por los imperialistas. La extensa exportaci√≥n de capital y mercanc√≠as a Ir√°n, la explotaci√≥n imperialista de los obreros y las masas trabajadoras, el lugar de Ir√°n en la divisi√≥n global del trabajo por parte del imperialismo y el papel determinante de los monopolios imperialistas en la econom√≠a capitalista de Ir√°n, exigen, en el primer lugar, una "cultura imperialista", que es la superestructura ideol√≥gica del dominio de los monopolios imperialistas en el pa√≠s dominado que puede justificar la explotaci√≥n imperialista en sus formas m√°s modernas.

El islam en general, y el islam del PRI, imponen severas restricciones a estas necesidades culturales de la explotaci√≥n burguesa por una perspectiva ideol√≥gica que concuerda con las formas m√°s atrasadas de explotaci√≥n y producci√≥n. La existencia cultural de Ir√°n antes de la revoluci√≥n, y la de pa√≠ses como Corea del Sur, Taiw√°n, Tailandia, as√≠ como numerosos pa√≠ses dominados en Am√©rica Latina, retratan claramente una "cultura" lo cual el capitalismo de la √©poca de los monopolios est√° buscando, y solo mediante los cambios y revisiones esenciales, el islam puede adaptarse a esta necesidad del imperialismo. Por otro lado, el PRI mismo est√° destruyendo r√°pidamente los restos de las creencias isl√°micas de las masas, eliminando las √ļltimas barreras ideol√≥gicas pre-capitalistas al impulso de la burgues√≠a por un nuevo per√≠odo de acumulaci√≥n de capital, un per√≠odo que puede y debe verse obstaculizado solo por el movimiento revolucionario bajo el liderazgo del proletariado.

Shapur Bajtiar, en nombre de la burguesía, ofreció al clero apartarse de la escena política y establecer un "Vaticano en Qom"[9]; ahora el PRI proporciona las bases para la realización de esto, al reprimir la revolución en nombre de la teocracia y la participación activa del clero. Un clero que cumple abiertamente su tarea al servicio de la burguesía y en contra de los obreros y las masas trabajadoras, debe retirarse de la escena política desde el punto de vista tanto de la burguesía como de las masas.

Finalmente, debemos se√Īalar la composici√≥n de clase existente del PRI; una composici√≥n que exhibe el car√°cter hist√≥ricamente contradictorio del PRI en cuanto a los intereses de clase que persigue, por un lado, y las clases y estratos que convoca para unirse bajo su bandera, por otro lado. Por un lado, el hecho de que el PRI sirva m√°s consistentemente para reprimir la revoluci√≥n - por tal conformidad con las necesidades de los monopolios imperialistas y sus m√©todos conocidos y experimentados en eso - solo puede sugerir una uni√≥n virtual entre una corriente lacaya dentro del PRI y ciertos monopolios y estados imperialistas. La existencia de intermediarios, capitalistas y terratenientes que pr√°cticamente obtienen beneficios econ√≥micos gracias a la operaci√≥n del PRI, de hecho, genera una conexi√≥n m√°s directa entre ellos y el PRI. La composici√≥n se combina con el SAVAK[10], el Partido Rastakhiz[10] y los matones en los que se basa el PRI para sus actividades cotidianas. Por otro lado, la estrecha relaci√≥n entre el PRI y Jomeini y varios sectores del clero, la llamada propaganda "antiimperialista" e isl√°mica del PRI, el esfuerzo del PRI por movilizar a la peque√Īa burgues√≠a y tambi√©n el hecho de que el PRI se presenta como el heredero de la revoluci√≥n, todos sirven para atraer ciertos c√≠rculos peque√Īo-burgueses inconscientes al PRI. De esta manera, la contradicci√≥n que existe en los objetivos y m√©todos del PRI, inevitablemente se refleja en su composici√≥n; en un rinc√≥n, los variados esp√≠as, intermediarios, capitalistas, terratenientes y matones se refugian, y en otro rinc√≥n, las masas y c√≠rculos peque√Īoburgueses m√°s atrasados. Los conflictos entre estos elementos constituyentes del PRI, que de vez en cuando se hacen p√ļblicos, aumentan las confusiones e ilusiones sobre el PRI entre las masas y, a veces, incluso entre sus vanguardias. En cualquier caso, este partido, con esta composici√≥n, no es, ni puede ser, lo que necesita la burgues√≠a para manejar los asuntos de una sociedad bajo su dominio.

Mientras no se proporcionen los preludios de la unidad de la burgues√≠a bajo el estandarte del capital monopolista, la burgues√≠a necesita desesperadamente ambas facciones del actual cuerpo gobernante. Las tareas emprendidas por el PRI y la facci√≥n liberal burguesa de Abolhas√°n Bani-Sadr al servicio de la burgues√≠a no deben lograrse separ√°ndose unas de otras. Esto hace hincapi√© en la necesidad permanente de la burgues√≠a de los dos m√©todos de represi√≥n y enga√Īo. La pol√≠tica de supresi√≥n sin cubiertas de "legitimidad" y "legalidad", sin ser justificada y oculta por una facci√≥n de la burgues√≠a y sus pol√≠ticos, har√≠a evidente su naturaleza abiertamente terrorista y antihumana. La burgues√≠a solo puede introducir sus intereses en inter√©s de la "sociedad": no puede organizar su opresi√≥n y explotaci√≥n sino en nombre de la "sociedad".

El PRI no puede tratar de reprimir a los obreros revolucionarios, masacrar a los revolucionarios, ocupar con fuerza el Kurdistán y masacrar a los combatientes kurdos, imponer una completa falta de derechos sobre las masas, sin que al mismo tiempo estos actos sean presentados y justificados en nombre de la sociedad burguesa y su "ley", "orden" y "seguridad". Esta es una tarea emprendida por la burguesía liberal en esta coyuntura. Los métodos y el funcionamiento del PRI, en ausencia de este papel complementario asumido por la burguesía liberal, lo aislarán rápidamente ante las masas. El PRI es un agente en apresurar la polarización política de las clases y especialmente en hacer que las masas se desilusionen hacia el gobierno islámico de la burguesía. Sin la burguesía liberal y su facción religiosa y de Abolhasán Bani-Sadr, los métodos del PRI llevarían a la burguesía a una confrontación prematura y polifacética con las masas; un enfrentamiento que la burguesía no podría soportar en esta coyuntura. Además, un plan a largo plazo de actividades contrarrevolucionarias para recuperar los logros de la revolución no puede llevarse a cabo en ausencia total de un centro ejecutivo: el Estado burgués.

Incluso cuando un partido armado de extrema derecha mantiene el liderazgo de las actividades de la burgues√≠a, el estado es una necesidad vital para la burgues√≠a. La composici√≥n particular del PRI que est√° de acuerdo con su necesidad pr√°ctica de movilizar a las masas atrasadas de la peque√Īa burgues√≠a, reduce la capacidad tecnocr√°tica y burocr√°tica del PRI a un m√≠nimo. En cuanto a administrar los asuntos de un pa√≠s por medio de una amplia burocracia estatal, el PRI no disfruta de las instalaciones y condiciones necesarias. Este es un vac√≠o que se llena en la coyuntura actual principalmente por los liberales burgueses. Y finalmente, los liberales se han comprometido a generalizar el resultado de la violencia contrarrevolucionaria liderada por el PRI, como logros de toda la burgues√≠a, consolid√°ndolos legal y formalmente.

Mientras que los matones del PRI pr√°cticamente suprimen en las calles la libertad de expresi√≥n, reuni√≥n, publicaci√≥n, etc., mientras los mul√°s y portavoces del PRI no dejan de enga√Īar ni acosar a las masas por un momento, los liberales se han comprometido a hacer las concesiones "legales" y formales en inter√©s de toda la burgues√≠a con estos avances. Los ataques de los matones del PRI contra las reuniones de la oposici√≥n revolucionaria, especialmente las de los comunistas, contra las librer√≠as que venden los peri√≥dicos de los grupos revolucionarios, contra las bibliotecas, etc., y la agitaci√≥n diaria contra los comunistas y las fuerzas democr√°ticas como el Mojahedin-e-khalq, por frecuentes, extendidos y exitosos que sean, no se convertir√≠a en logros pol√≠ticos para toda la burgues√≠a a menos que el gobierno burgu√©s, disfrutando de los motivos que estos ataques han proporcionado, proclame de una vez por todas como ilegal la reuni√≥n, publicaci√≥n y cualquier otro actividad de la oposici√≥n revolucionaria. Solo en ese caso se puede decir que la burgues√≠a como clase ha dado un paso hacia la reactivaci√≥n de la represi√≥n de Aryamehrian. La facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr en el actual gobierno ha desempe√Īado precisamente ese papel en numerosos casos como la supresi√≥n del Kurdist√°n revolucionario, la masacre de los estudiantes revolucionarios y el cierre de las universidades, la prohibici√≥n de las revistas comunistas, la declaraci√≥n de huelgas y reuniones pol√≠ticas de la oposici√≥n revolucionaria y comunista como ilegal, y as√≠ sucesivamente.

Pero, por otro lado, el enga√Īo y la demagogia liberales no pueden continuar por s√≠ solos; ni puede ser el √ļnico componente o incluso el componente principal de la pol√≠tica de la burgues√≠a. Aquellos que se refieren a la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr como "realistas" y definen las pol√≠ticas liberales burguesas de esta facci√≥n como opuestas a las pol√≠ticas del PRI y las pol√≠ticas de principios de la burgues√≠a, son precisamente inconscientes del hecho esencial sobre el liberalismo en nuestro pa√≠s. La defensa por parte de Abolhas√°n Bani-Sadr de la "ley" contra el anarquismo del PRI y su apoyo al "libre debate" en contra del amor al "club" del PRI, puede "enga√Īar" y / o "atraer a comprometer" a alguien solo cuando la pol√≠tica de violencia y represi√≥n barre principalmente de la sociedad los fundamentos para el establecimiento de una ley democr√°tica real y tambi√©n las condiciones reales existentes para el debate libre: lo que ya ganan los obreros y las masas trabajadoras a trav√©s de sus luchas y sangrienta insurrecci√≥n. Si la facci√≥n de Abolhas√°n Bani-Sadr puede prometer la "ley" (la ley imperialista) y enga√Īar [a las masas], si puede prometer a un "debate libre" y "atraer" al conciliador dentro del movimiento revolucionario para la negociaci√≥n, es porque el PRI ha sido capaz, en la pr√°ctica, poner en vigencia el terrorismo "por encima de la ley" de la burgues√≠a, reprimir sin ning√ļn debate y negociaciones y pr√°cticamente violar la libertad de expresi√≥n y reuni√≥n por medio del club y en el punto de la bayoneta. Un √©xito en la pol√≠tica del enga√Īo es el reflejo de un √©xito en la pol√≠tica de represi√≥n. Sin el PRI, la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr perder√° su necesidad de la burgues√≠a y su eficacia para enga√Īar a las masas. El uso actual de la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr para la burgues√≠a es que mientras consolida y formaliza los logros pr√°cticos de la represi√≥n para la burgues√≠a, impulsa el creciente odio entre las masas hacia la otra facci√≥n, y solo hacia la otra facci√≥n y no hacia la otra facci√≥n y no a todo el gobierno de la burgues√≠a, y as√≠ frenar, en general, el proceso de desilusi√≥n de las masas hacia todo el gobierno, tomando tiempo para que el imperialismo haga preparativos para su soluci√≥n final.

Mientras los motivos para el surgimiento de la tercera fuerza pol√≠tica que puede unificar a la burgues√≠a no hayan surgido, las dos facciones actuales del cuerpo gobernante son componentes innegables del enfrentamiento de la burgues√≠a con la continuaci√≥n de la revoluci√≥n. Los conflictos de las dos facciones deben, necesariamente, estar controlados en cualquier coyuntura para no poner en peligro la base de la unidad de todo el cuerpo gobernante. Mientras la presencia de Jomeini en la escena pol√≠tica sea necesaria y / o inevitable para toda la burgues√≠a, el islam y Jomeini ser√≠an una base com√ļn para los conflictos de las dos facciones. El papel unificador de Jomeini, que de vez en cuando adquiere una importancia esencial, evita que los conflictos de las dos facciones escalen tanto que el movimiento revolucionario pueda beneficiarse en gran medida de ello. Jomeini es un s√≠mbolo que la burgues√≠a adopt√≥ temporalmente para mantener su unidad cuando aumentan los conflictos internos y la rivalidad. Jomeini es el deseo de la burgues√≠a por la unidad de los cuales se objetiva en una persona.

Sin duda, esta es una unidad tambaleante. La unidad estable de la burgues√≠a requiere el surgimiento de los representantes directos del capital monopolista en la escena pr√°ctica de la pol√≠tica. De hecho, la fuerza pol√≠tica que unifica a la burgues√≠a no puede ser el producto de la alianza y la fusi√≥n mec√°nica de las dos facciones presentes. Esta fuerza pol√≠tica unir√° a la burgues√≠a bajo una sola bandera, negando ambas facciones en su realidad actual, y, sin embargo, reemplazando al agente de la uni√≥n de las dos facciones presentes: Jomeini. Adem√°s, las caracter√≠sticas de esta tercera fuerza, la s√≠ntesis, no pueden ser simplemente una "colecci√≥n" de las caracter√≠sticas de las dos facciones actuales; m√°s bien aparecer√° en formas avanzadas y purificadas de estas caracter√≠sticas. No se puede, por supuesto, presentar una imagen precisa de las caracter√≠sticas de esta s√≠ntesis; s√≥lo es posible discutir la alternativa m√°s probable de la direcci√≥n pol√≠tica de la burgues√≠a con la debida atenci√≥n a los preparativos que se est√°n realizando dentro y fuera del pa√≠s, las tendencias manifiestas de la burgues√≠a hacia la alternativa de "Shapur Bajtiar" y los acuerdos probables entre los Estados Unidos y la Uni√≥n Sovi√©tica y sus prioridades. Pero, en vista de lo que hemos dicho hasta ahora, podemos explicar el contenido y los principales lineamientos de las pol√≠ticas de esta s√≠ntesis pol√≠tica de una manera m√°s precisa. La base del movimiento de esta tercera fuerza radica en el hecho de que la supresi√≥n y el enga√Īo deben llevarse a cabo, pero tanto el liberalismo como la teocracia deben rechazarse. Por lo tanto, mientras la tendencia de Abolhas√°n Bani-Sadr sufrir√° la derrota en su intento de poner al Islam en conformidad con el liberalismo, principalmente debido a la incompatibilidad del liberalismo con las necesidades de la burgues√≠a, el PRI cuya operaci√≥n represiva est√° en conformidad con el eje principal de la pol√≠tica de la burgues√≠a en esta coyuntura espec√≠fica, perder√° su car√°cter instrumental principalmente debido a su ineludible dependencia de la teocracia, y debe ser reemplazada por una corriente pol√≠tica que defienda la misma pol√≠tica, pero con justificaciones no-isl√°micas. La burgues√≠a y el imperialismo demandan la supresi√≥n sin teocracia y orden sin liberalismo. La realizaci√≥n de esta demanda de la burgues√≠a es la tarea principal de su futuro liderazgo pol√≠tico.


Notas

[4] Esto se refiere a una sociedad ideal basada en el libro sagrado, el Cor√°n, en el que se logra la unidad, la justicia y la igualdad para todos los musulmanes. ‚ÄĒEd.

[5] Se hace referencia a un vers√≠culo en el Cor√°n sobre c√≥mo se debe tratar a los infieles. ‚ÄĒEd.

[6] El significado literal es la "Tutela del Jurisprudente isl√°mico"; la autoridad absoluta en los sistemas jur√≠dicos y pol√≠ticos ejercida por el clero, y en la cima de la cual el m√°s alto ayatol√°, representando a Dios (Al√°). ‚ÄĒEd.

[7] El im√°n es el t√≠tulo de Jomeini. ‚ÄĒEd.

[8] Todas las figuras liberales prominentes de diferentes facciones y tendencias dentro del Frente Nacional (el partido original de la burgues√≠a liberal iran√≠), o sin √©l. ‚ÄĒEd.

[9] Se hace referencia al √ļltimo discurso pronunciado en el parlamento por Shapur Bajtiar, el √ļltimo primer ministro designado por el Sha; Qom es una gran ciudad santa cerca de Teher√°n. ‚ÄĒEd.

[10] Esto se refiere a los restos de la polic√≠a secreta del Sha y su partido, respectivamente, que han estado desde la sublevaci√≥n sirviendo activamente al PRI. ‚ÄĒEd.

Dos facciones
dentro de la contrarrevolución imperialista burguesa

Parte III
Extra√≠do de la revista de Besooy-e-Sosyalism N¬ļ 4. enero de 1981

Al considerar el papel y las funciones de las dos facciones del cuerpo gobernante iran√≠ para mantener y consolidar la supremac√≠a de la burgues√≠a y del imperialismo en las dos secciones anteriores, intentamos subrayar este punto de que la contrarrevoluci√≥n debe ser vista antes que nada como un fen√≥meno en formaci√≥n y a√ļn en evoluci√≥n. Adem√°s, declaramos la forma en que nuestra revoluci√≥n y especialmente la insurrecci√≥n inconclusa de febrero de 1979 privaron a la burgues√≠a iran√≠ del r√©gimen del Sha, lo cual actu√≥ como su √ļnico liderazgo pol√≠tico e ideol√≥gico, y dejaron la restauraci√≥n de un solo liderazgo dentro de la contrarrevoluci√≥n al curso del desarrollo de un largo y turbulento per√≠odo de rivalidad entre diferentes representantes y corrientes pol√≠ticas de la burgues√≠a. Resaltamos que lo que sigue sobre todo de nuestra discusi√≥n es que el resultado de este proceso de rivalidad no es la supremac√≠a de un rival sobre los otros ni el logro del liderazgo ideol√≥gico y pol√≠tico de la burgues√≠a por parte de uno de los rivales existentes. M√°s bien, ser√° el surgimiento de una corriente pol√≠tica en las filas de la burgues√≠a, liberada de las restricciones ideol√≥gicas y pol√≠ticas de las dos facciones existentes, mientras abraza y desarrolla las caracter√≠sticas reaccionarias, contrarrevolucionarias y anti-proletarias de ambas facciones. Hemos llamado a esto a una "s√≠ntesis pol√≠tica" porque solo podr√≠a surgir sobre la base de actividades y operaciones de las dos facciones existentes del cuerpo gobernante, utilizando las fortalezas que la burgues√≠a logra a trav√©s de ambas facciones ya sea en cooperaci√≥n o por separado. Esta s√≠ntesis pol√≠tica, esta direcci√≥n √ļnica de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa no podr√≠a ser otra cosa que una corriente ideol√≥gica pol√≠tica burguesa que represente directamente los intereses del capital monopolista. El liderazgo √ļnico de la burgues√≠a en Ir√°n es realizable solo bajo la bandera del capital monopolista y el aumento de la s√≠ntesis lo cual est√° en discusi√≥n que marcar√≠a el final de un per√≠odo de dispersi√≥n y crisis inducido por la ausencia de este liderazgo dentro de las filas de la burgues√≠a - una dispersi√≥n que ha sido impuesta a la burgues√≠a por la crisis econ√≥mica y la revoluci√≥n.

En las dos primeras partes, nos hemos referido a diferentes puntos, cada uno de los cuales debe ser elaborado en discusiones específicas. Pero, en la medida en que estos artículos se refieren a delinear la actitud proletaria hacia el cuerpo gobernante, y hacia la contrarrevolución imperialista burguesa en su conjunto, necesitamos revisar los principios generales presentados en los artículos anteriores:

    1) Sobre la base de lo que hemos dicho, nos oponemos a los puntos de vista que dan una imagen mec√°nica y est√°tica de la contrarrevoluci√≥n. El mundo de la contrarrevoluci√≥n no se limita al campo de la rivalidad entre las dos facciones existentes del cuerpo gobernante. El destino pol√≠tico de la burgues√≠a no pod√≠a ser simplemente rastreado en la situaci√≥n del PRI y los liberales. Por el contrario, la rivalidad existente en s√≠ misma debe considerarse como un per√≠odo de transformaci√≥n, a partir de diferentes v√≠nculos y en el curso de su desarrollo del cual, la burgues√≠a explora esa forma fundamental de liderazgo pol√≠tico que refleja y satisface las necesidades fundamentales de capital, organiza el aparato ca√≥tico de la dominaci√≥n burguesa y ayuda a la burgues√≠a iran√≠ a condenar r√°pidamente al olvido de la "pesadilla de la revoluci√≥n", regresa a la "econom√≠a" y reanudanel proceso de acumulaci√≥n de capital seg√ļn convenga a su inter√©s. Por lo tanto, un an√°lisis marxista del campo contrarrevolucionario no puede limitarse a examinar solo la disputa entre el PRI y los liberales, sino que debe avanzar en la investigaci√≥n y el an√°lisis de los requisitos fundamentales de la burgues√≠a iran√≠ en las actuales condiciones concretas y sobre esta base divulgan y explican las ra√≠ces de la disputa del cuerpo gobernante con un m√©todo materialista.

    2) Tambi√©n a este respecto, los art√≠culos anteriores hacen que nuestro an√°lisis sea distinto de aquel de aquellas fuerzas que, b√°sicamente, consideran la pol√≠tica de la burgues√≠a iran√≠ separada de los intereses de los monopolios imperialistas y [la ven] abstra√≠da del proceso de asegurar la hegemon√≠a de la burgues√≠a monop√≥lica en las filas de la burgues√≠a, o considerar a la burgues√≠a liberal como el representante del capital monopolista y, por lo tanto, ver la consolidaci√≥n de la hegemon√≠a del capital monopolista y el ascenso al poder de la burgues√≠a liberal como el mismo proceso. Todo el razonamiento en las dos primeras partes de este art√≠culo, y toda nuestra percepci√≥n en el curso del per√≠odo posterior a la sublevaci√≥n que se public√≥ en nuestros primeros folletos y especialmente en el prefacio del folleto de "Workers' Sit-in" (huelga de brazos ca√≠dos) en el Ministerio de Trabajo en marzo de 1979, se ha basado en el hecho de que la actual crisis econ√≥mica y revoluci√≥n oblig√≥ a los representantes pol√≠ticos genuinos del capital monopolista (y por lo tanto, el liderazgo natural y deseable de la burgues√≠a iran√≠) a retirarse y, temporalmente, impusieron otros representantes pol√≠ticos sobre la burgues√≠a. En las circunstancias actuales, la presencia del capital monopolista no pod√≠a y no deb√≠a buscarse necesariamente en el cuerpo de los partidos y corrientes burgueses activos. Ni el PRI ni los liberales son los representantes genuinos del capital monopolista. M√°s bien, son [los componentes de] una combinaci√≥n transitoria para salvaguardar a la burgues√≠a y al capitalismo iran√≠ de una mayor invasi√≥n de la revoluci√≥n; una combinaci√≥n que se impuso a la burgues√≠a monopolista en el curso de una retirada; una combinaci√≥n que precisamente porque podr√≠a adherirse a la revoluci√≥n en el per√≠odo de la lucha antimon√°rquica, gracias a la ausencia de una pol√≠tica proletaria v√≠vida, luego en las condiciones revolucionarias y cr√≠ticas [seguidas], y mientras "la revoluci√≥n debe ser reprimida en el nombre de revoluci√≥n" es m√°s eficiente para la burgues√≠a que las corrientes genuinas de la burgues√≠a monopolista. En cuanto a los liberales, este punto se refiere a nada m√°s que a su papel hist√≥rico y cl√°sico. La burgues√≠a liberal debe actuar hip√≥critamente. Pero en el caso del PRI, enfatizamos su car√°cter instrumental lo cual le permite al imperialismo tomar el control de la peque√Īa burgues√≠a y, gracias a la amplia prevalencia del pensamiento religioso conservador como (una caracter√≠stica declinante) en sus filas, llevarlo a la confrontaci√≥n con el proletariado revolucionario. Consideramos este personaje instrumental como la esencia del PRI y, como su raz√≥n de ser, adem√°s, esencialmente lo cuestionamos como "siendo un partido" en el sentido cl√°sico como una corriente formada en el proceso de defensa de los intereses de una clase particular o estrato, depende de una clase particular y se presenta un programa para la realizaci√≥n de los objetivos e intereses de esta clase. Consideramos al PRI como una mezcla de los c√≠rculos m√°s sospechosos, por un lado, y los c√≠rculos peque√Īoburgueses religiosos, por otro lado, que por el uso activo del islam y del propio Jomeini, y [debido a] la ilusi√≥n de una amplia masa de personas trabajadoras hacia este √ļltimo, al menos al comienzo, fueron capaces de atraer y utilizar a las masas confundidas de pobres habitantes de la ciudad para lograr sus objetivos reaccionarios. Decir que el PRI es ‚Äúun partido establecido por el imperialismo para la peque√Īa burgues√≠a [iran√≠]" podr√≠a ser un resumen exagerado, pero, sin embargo, un resumen expresivo de nuestro punto de vista con respecto a esta corriente reaccionaria.

    De esta manera, tambi√©n nos distinguimos de aquellos camaradas que eval√ļan al PRI como el √≥rgano pol√≠tico de la peque√Īa burgues√≠a tradicional de estratos superiores. Al evaluar el car√°cter de clase y el papel de este partido, lo que debe considerarse particularmente no es b√°sicamente la composici√≥n de sus c√≠rculos y elementos constitutivos, sino sus pol√≠ticas predominantes. Por lo tanto, intentamos dilucidar la conformidad de la pr√°ctica y operaci√≥n de este partido con los intereses inmediatos del capital monopolista bajo las circunstancias especiales posteriores al levantamiento. [Se√Īalamos que] atraer y convertir los estratos conservadores de la peque√Īa burgues√≠a en agentes de la pol√≠tica imperialista es la raz√≥n de ser del PRI, y cualquier evaluaci√≥n del PRI que explique su car√°cter de clase sobre la base de la observaci√≥n de la composici√≥n de sus elementos y miembros, est√° obligada a adoptar una posici√≥n de desviaci√≥n contra ella.

    3) Esta realidad que ni el PRI, un defensor de la teocracia, ni los liberales, defensores de la democracia burguesa a medias, son los representantes genuinos de la burgues√≠a monop√≥lica, tambi√©n implica que el proceso de surgimiento de un solo liderazgo en las filas de la burgues√≠a es necesariamente [el proceso del] debilitamiento de los fundamentos tanto de la teocracia como del liberalismo (para la burgues√≠a). Si son las oleadas de la revoluci√≥n las que han llevado al poder a los representantes pol√≠ticos y partidos de segunda clase de la burgues√≠a, y ‚Äúsi la supresi√≥n de la revoluci√≥n bajo el nombre de revoluci√≥n" es la filosof√≠a de su llegada al poder, entonces es evidente que cuanto m√°s retroceden en la revoluci√≥n, m√°s pierden su deseabilidad como gobierno de la burgues√≠a. Son, por su naturaleza, partidos y corrientes que act√ļan como intermediarios, allanando el camino para los representantes pol√≠ticos estables y genuinos de la burgues√≠a. Habr√≠an tenido √©xito completamente en desempe√Īar su papel solo en un momento en que se fueron, confiando su lugar a aquellos que han venido a reanudar el movimiento del capital en la carretera pavimentada y nivelada.

    Este es el destino condenado de cualquier intermediario. No pueden ser un lado de una transacci√≥n. Tambi√©n se debe mencionar, sin embargo, que la aparici√≥n de los representantes pol√≠ticos del capital monopolista no corresponde necesariamente a la desaparici√≥n f√≠sica de todos los pol√≠ticos que tienen parte en la composici√≥n existente del gobierno. Shapur Bajtiar, Ahmad Madani, Hasan Nazih, y similares, son ejemplos evidentes de esos liberales burgueses que se han unido abiertamente a su verdadero maestro, la burgues√≠a monopolista. El rechazo del liberalismo como una tendencia pol√≠tica no significa necesariamente el despido de los pol√≠ticos liberales burgueses; como la "popularidad" de estos pol√≠ticos, y especialmente la confianza de la burgues√≠a en ellos, no significa necesariamente que el liberalismo haya adquirido una base de clase dentro de la burgues√≠a. Este es un punto que debe tenerse en cuenta al examinar el curso de la toma de poder por parte de la burgues√≠a monopolista en las filas de la burgues√≠a, y tambi√©n de manera relacionada, al considerar la manera de fortalecer la facci√≥n de Abolhas√°nBanisadr durante la guerra. Por otro lado, el surgimiento del liderazgo √ļnico de la burgues√≠a monopolista no significa necesariamente el "retorno" y la toma del poder por parte de la oposici√≥n imperialista (compuesta por los mon√°rquicos derrotados y los liberales burgueses clarividentes) y sus pol√≠ticos conocidos. En la discusi√≥n de las dos facciones, examinando las necesidades fundamentales del capital monopolista y, por lo tanto, de la burgues√≠a en su conjunto (es decir, el orden contrarrevolucionario y el orden productivo); hemos intentado derivar esas caracter√≠sticas esenciales de este liderazgo √ļnico, independientemente de sus consignas, pol√≠ticos y formas rudimentarias actuales. La corriente que representa a la burgues√≠a monopolista ser√° esa corriente que brinde una respuesta a esos problemas fundamentales [ya discutidos], desde el punto de vista de los intereses, y sobre la base de las necesidades y los programas, del capital monop√≥lico; no importa cu√°l de los pol√≠ticos y corrientes activos de hoy deba asumir un papel activo en la composici√≥n de esta corriente pol√≠tica.

Afirmamos que la política de la burguesía monopolista con respecto a nuestra revolución es, en el nivel más básico, dirigida a realizar las dos precondiciones principales para la reanudación de un nuevo ciclo de acumulación de capital:

En primer lugar, la burgues√≠a quiere que cesen las ruedas de la revoluci√≥n, que se eliminen los logros democr√°ticos del levantamiento y que se asegure una vez m√°s la completa sumisi√≥n de la clase obrera y otros trabajadores explotados a la influencia del capital; as√≠ el establecimiento del orden contrarrevolucionario en la sociedad. En segundo lugar, para disfrutar de la represi√≥n revivida y sobre la base del pauperismo provocado por las crisis econ√≥micas, un orden productivo apropiado para la reanudaci√≥n de un nuevo ciclo de acumulaci√≥n de capital en Ir√°n, como un pa√≠s dominado por el imperialismo y una esfera de producci√≥n de s√ļper-ganancias imperialistas, debe ser establecido.

Al considerar las dos facciones, llegamos a la conclusión de que el actual cuerpo gobernante y su composición constitutiva no poseían esa colección de características que de otro modo le permitirían representar y dirigir el esfuerzo de la burguesía para realizar estas dos condiciones previas. El PRI que ha tomado la iniciativa de reprimir la revolución bajo el nombre de revolución, debido a su naturaleza y rol, no puede responder ideológicamente y económicamente a las necesidades a largo plazo de la burguesía iraní. Los liberales, por otro lado, que se han comprometido a santificar la propiedad privada y el capital y renovar la caótica máquina estatal, se triplican en el sufrimiento: en la esfera económica no pueden ir más allá de la inteligencia y los ideales del capital intermedio en el mercado doméstico; en la política, no comprenden del todo la importancia de los métodos informales para organizar el campo de la contrarrevolución; y finalmente en la esfera ideológica, al defender su utopismo liberal, agregan combustible a la dispersión existente en las filas de la burguesía. Sin embargo, las dos facciones en combinación, una con la otra, han actuado como un instrumento eficaz al servicio de la política imperialista en las circunstancias posteriores al levantamiento. Porque, en primer lugar, protegen a la burguesía y al capitalismo de la ofensiva revolucionaria de las masas y, en segundo lugar, desarrollan las bases objetivas y subjetivas necesarias para que los representantes políticos directos de la burguesía monopolista entren en escena. Estos motivos generalmente toman forma como resultado de las actividades concurrentes de las dos facciones y como desarrollos sobre los cuales ambos están de acuerdo, o como resultado de la consecuencia de sus conflictos. En otras palabras, si las dos facciones están de acuerdo en hacer de cumplir ciertas políticas, o entran en conflicto sobre ciertos asuntos, como consecuencia de su operación, la burguesía monopolista alcanza los logros generales y fundamentales. Estos desarrollos contrarrevolucionarios, estos fundamentos objetivos y subjetivos para una síntesis política dentro de la burguesía que da como resultado la restauración de la hegemonía del capital monopolista en las fuerzas políticas de la clase, podrían resumirse en general de la siguiente manera:

1) La santificación y legitimación de la propiedad capitalista y explotación.

La revoluci√≥n iran√≠, a pesar del fuerte dominio ideol√≥gico de la burgues√≠a y la peque√Īa burgues√≠a, sin duda desde el principio sostuvo un clamor de protesta contra la propiedad burguesa y la explotaci√≥n capitalista; un clamor lo cual era, de hecho, un reflejo de las realidades de las relaciones econ√≥micas existentes y la participaci√≥n del proletariado en el derrocamiento del r√©gimen del Sha como principal fuerza motriz. Aunque como consecuencia del atraso ideol√≥gico, pol√≠tico y organizativo del proletariado y la ausencia de un partido comunista firme, esta ambigua tendencia socialista no se manifest√≥, sino en el contexto limitado y vulgar del "socialismo" y del igualitarismo peque√Īo burgu√©s, los obreros y los trabajadores, al menos en su conciencia, en el marco de ideales y consignas ambiguas como la "justicia", la "igualdad", la "sociedad de Touhidi y Qest"[11], la no-eternidad del capital y los similares, representaban una perspectiva sangrienta del destino del capital y del "capitalista". (Ser√° muy instructivo si en el momento adecuado observamos la actitud de los l√≠deres peque√Īo-burgueses del movimiento antimon√°rquico, por un lado, y la de los comunistas, por otro lado, hacia esta ambigua tendencia ‚Äúsocialista". ¬°Mientras que gente como el "padre Mahmud Taleghani[12]" con la ayuda de los apasionados j√≥venes muyahidines, prometiendo el "Qest y Touhid isl√°mico", y, en esencia, prometiendo una "especie" de socialismo, reunieron a los trabajadores bajo el estandarte de Jomeini, una gran parte del movimiento comunista activamente obstaculizada el proletariado de cualquier "usurpaci√≥n" en el "capital y la burgues√≠a nacional", tanto en palabras como en hechos!La burgues√≠a no solo entendi√≥ sus propios intereses sino tambi√©n las tendencias hist√≥ricas del proletariado; de ah√≠ surgieron promesas cuasi-socialistas de atraer a los trabajadores. En contraste, la mayor√≠a del movimiento comunista no solo ignoraba los intereses del proletariado, sino tambi√©n los objetivos y m√©todos de la burgues√≠a, e intentaba cubrir la naturaleza grotesca de toda la burgues√≠a. Esta es una tragedia hist√≥rica, tanto como una advertencia para aquellos que se enorgullecen de su descuido te√≥rico.)

En cualquier caso, los motivos objetivos y subjetivos para la realizaci√≥n de este ‚Äúambiguo" ideal socialista no exist√≠an; el r√©gimen actual emprendi√≥ su misi√≥n hist√≥rica de proteger el capital y, al mismo tiempo, demostrarle al proletariado la bancarrota del socialismo peque√Īo burgu√©s. La primera condici√≥n para que la burgues√≠a recuperara su coherencia y se deshiciera del abismo de la revoluci√≥n fue romper este amorfo avance ideol√≥gico del proletariado. La propiedad burguesa deb√≠a ser protegida de un proletariado ansioso por confiscar, expropiar y controlar. Aquellos capitalistas que, en los primeros meses despu√©s del levantamiento, vieron que no solo sus propiedades sino tambi√©n sus vidas estaban en peligro y escaparon, tuvieron que regresar a sus negocios; el proletariado tuvo que volver a las f√°bricas y desechar todo pensamiento de ofender el dominio sagrado del capital; la situaci√≥n ten√≠a que volver a la ‚Äúnormalidad". En estos asuntos, ambas facciones acordaron completamente y actuaron en afinidad mutua y org√°nica. Una facci√≥n (los liberales) trat√≥ de exonerar a la totalidad de la propiedad burguesa, mientras que la otra (Jomeiniy compa√Ī√≠a) trat√≥ de enga√Īar a las masas bajo el disfraz religioso de la "propiedad leg√≠tima y condicional isl√°mica". El primero exigi√≥ la absoluci√≥n y el regreso de todos los "criminales de producci√≥n", mientras que el segundo, al ofrecer unos pocos "Mofsed-e-Fel-Arz"[13] como sacrificios antes del "Ommatt"[14], allan√≥ el camino para el resto.

Los que sab√≠an el significado del ‚Äúfuerte golpe del comunismo" no tardaron en declarar la legitimidad de la propiedad burguesa y la explotaci√≥n capitalista; se necesit√≥ a√ļn menos para admitir esto para el proletariado y los pobres rurales y urbanos que fueron privados de pensamiento y liderazgo comunista. La nacionalizaci√≥n de las industrias tambi√©n dio la forma "organizativa" adecuada para minimizar la fricci√≥n y la confrontaci√≥n; "no podr√≠a haber otra forma de propiedad m√°s leg√≠tima que la de un estado designado por Al√° y el profeta y que depend√≠a de la naci√≥n isl√°mica". La burgues√≠a protegi√≥ r√°pidamente las bases econ√≥micas de su sociedad de la ofensa directa del proletariado, gracias al r√©gimen de la Rep√ļblica Isl√°mica y sus relaciones de tipo sibilista, y a sus fingidas disputas sobre la cuesti√≥n de la propiedad. Hoy, el ideal ambiguo de una "sociedad sin clases y de Qest" se ha transformado en la demanda real del "control de los trabajadores sobre la producci√≥n y la distribuci√≥n": esto es una "retirada" del socialismo peque√Īoburgu√©s ambiguo y un paso pr√°ctico hacia la independencia ideol√≥gica y pol√≠tica del proletariado. Sin embargo, debe reconocerse que la rep√ļblica isl√°mica ha presionado seriamente sus tareas m√°s primarias, y ha logrado muchos √©xitos en mantener y asegurar el dominio de la burgues√≠a y en crear las bases necesarias para la coherencia de las filas de la burgues√≠a bajo el liderazgo de la burgues√≠a monopolista.

2) La eliminación de los logros democráticos del levantamiento y la sumisión de las masas a la total negación de sus derechos políticos.

El r√©gimen de la Rep√ļblica Isl√°mica, cuyos l√≠deres llegaron a la escena esencialmente para evitar la insurrecci√≥n coercitiva de las masas, desde su establecimiento ha intentado tenazmente repeler al proletariado y los trabajadores revolucionarios, paso a paso, y baluarte por baluarte, de los logros democr√°ticos del levantamiento. En la √ļltima parte observamos c√≥mo el establecimiento del orden contrarrevolucionario es la condici√≥n previa fundamental para la reanudaci√≥n del proceso "normal" de producci√≥n y acumulaci√≥n de capital en el pa√≠s. Adem√°s, en diferentes escritos hemos enfatizado c√≥mo, por otro lado, los cambios democr√°ticos fundamentales en las relaciones pol√≠ticas, es el tema central de la revoluci√≥n actual desde el punto de vista del proletariado revolucionario. Por lo tanto, el car√°cter contrarrevolucionario del gobierno y las facciones dentro de √©l, y su papel efectivo en proporcionar los fundamentos para que la burgues√≠a consolide su dominio bajo la direcci√≥n de la burgues√≠a monopolista, deben ser, en primer lugar, buscado en su pr√°ctica antidemocr√°tica. En este sentido, las dos funciones dentro del gobierno han tenido dos pr√°cticas diferentes, pero ciertamente pr√°cticas complementarias.

Si bien desde el principio, los liberales se apresuraron a examinar y renovar el aparato estatal da√Īado y desmenuzado, Jomeini, el PRI y la Compa√Ī√≠a se esforzaron por llenar el vac√≠o del aparato represivo mediante la declaraci√≥n de decretos, hostigamiento, aturdimiento e intimidaci√≥n. Las huelgas, las huelgas de sentadas y la ‚Äúoposici√≥n al gobierno" fueron anunciadas como en contra de la religi√≥n y, por lo tanto, ilegales y condenadas a la retribuci√≥n de Al√°. El proceso de reemplazar al pueblo armado por las pandillas organizadas de la peque√Īa burgues√≠a ultraderechista progubernamental comenz√≥. Inmediatamente despu√©s del levantamiento, se emiti√≥ el decreto de desarme general. Dondequiera que las masas se dedicaron directamente a establecer los √≥rganos de ejercer su voluntad directamente y desde abajo, se enfrentaron a la resistencia y luego con una fuerte ofensiva del gobierno. El proletariado y los trabajadores revolucionarios hab√≠an hecho su elecci√≥n crucial sobre la base de sus ilusiones. Al aceptar la hegemon√≠a de la pol√≠tica y el pensamiento de la peque√Īa burgues√≠a, esencialmente dejaron el poder pol√≠tico en manos de la burgues√≠a. Y ahora, este √ļltimo, no ten√≠a m√°s objetivos que privar a las masas de cualquier elecci√≥n democr√°tica que los empujara fuera de la arena de la actividad pol√≠tica, alej√°ndolos de toda posibilidad de ejercer su voluntad y, finalmente, convertirlos en un medio para restaurar el dominio [burgu√©s] - lo que las masas mismas una vez derrocaron.

La Rep√ļblica Isl√°mica no solo se abstuvo de reconocer cualquier tipo de cambio democr√°tico, sino que al confiar en la atontaci√≥n religiosa y el hostigamiento de las masas, ridiculiz√≥ sus ideales democr√°ticos como ‚Äúimperialistas" y ‚Äúoccidentales". La igualdad de hombres y mujeres se llamaba prostituci√≥n, [la demanda de] bienestar se denunciaba como "animal√≠stica" y la libertad de expresi√≥n y reuni√≥n se llamaba libertad de "conspiraci√≥n y corrupci√≥n". Las autoridades ilegales del Sha estaban legalmente investidas en el "Vali-e-Amre"[15]. La tortura fue legalizada bajo la r√ļbrica de la ‚Äúpenitencia ordenada". Las mujeres y las minor√≠as religiosas se convirtieron oficialmente en ciudadanos de segunda clase, y as√≠ sucesivamente. Este ataque medieval a las demandas democr√°ticas de las masas tiene numerosos aspectos.

En el papel, la burguesía no solo no se retiró, sino que en general, y en gran medida, salió como si la revolución y los revolucionarios debieran algo. Pero más allá del papel, en realidad, los trabajadores y obreros revolucionarios conservaron muchos baluartes democráticos a costa de grandes sacrificios, y hoy, con la escalada de la lucha de masas, tienen ante sí la perspectiva de la toma de nuevos baluartes. En general, este proceso, es decir, el proceso de la arremetida del régimen y sus facciones sobre los logros democráticos de la revolución, es el trasfondo esencial subyacente para la coherencia política de la burguesía y el regreso de la burguesía monopolista a la vanguardia de las filas de la contrarrevolución contra el proletariado revolucionario.

El ataque salvaje al Kurdistán revolucionario, la inflicción de la constitución antidemocrática y anti-obrera a las masas, el asalto a las universidades y el exterminio de los estudiantes comunistas y revolucionarios, la negación de la libertad de expresión, reunión, partidos, huelga, etc., en la práctica, la formación de las cortes medievales para el juicio de los comunistas, los demócratas revolucionarios y los trabajadores militantes, la imposición de un parlamento ordenado lleno de enemigos de la clase obrera y la democracia sobre las masas, y cientos de otros servicios aduladores para el imperialismo, son todos las medidas prácticas que el régimen actual, con la ayuda tanto de facciones ultra derechistas como liberales de sí mismo, se ha comprometido a ayudar a restaurar el dominio de la burguesía monopolista.

Si la burguesía monopolista de Irán logra aplastar las filas del proletariado revolucionario y reprimir el movimiento democrático revolucionario, sin dudas irá más allá de todas estas formas y medidas para organizar el dominio político y económico del imperialismo. Ni los matones y clubistas oficiales y no-oficiales ignoran la ley ni la ley del parlamento islámico, ni el despotismo de "Velayat-e-Faghih" y la teocracia reaccionaria, ni las coqueterías hipócritas de los liberales, constituirían los instrumentos estables de su dominación de clase. Es revivir el paraíso de Aryamehrian del capital en aquellos aspectos y formas lo cual corresponden al capitalismo de Irán como un país dominado por el imperialismo. Sin embargo, lo que les debe a todos los lacayos temporales del imperialismo existentes, es decir, tanto los liberales como el PRI, es una completa falta de derechos lo cual se han esforzado por imponer a los obreros y los trabajadores de Irán.

3) La renovación de un aparato represivo estatal estable, la santificación y la restauración del ejército, la policía política y el aparato burocrático estatal.

Estas son las exigencias fundamentales de la burgues√≠a iran√≠, dirigida por la burgues√≠a monopolista, para el inicio de un nuevo ciclo de acumulaci√≥n de capital sobre la base de la explotaci√≥n imperialista del proletariado. Ambas facciones del gobierno coinciden en la urgencia de esto. La disputa y el desacuerdo surgen, en primer lugar, en la medida en que se puede confiar en estos instrumentos en la actualidad para reprimir la revoluci√≥n. En la √ļltima parte, consideramos este punto y explicamos el realismo y el utopismo del PRI y los liberales, respectivamente. Y, en segundo lugar, la medida en que la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa dependa de estas instituciones de represi√≥n [formales y] estables, en comparaci√≥n con las informales, estar√° bajo las condiciones actuales directamente reflejadas en el equilibrio de fuerzas entre las dos facciones gubernamentales. Esto, a su vez, impide un consenso total dentro de la Rep√ļblica Isl√°mica sobre la rapidez con la que deber√≠a tener lugar el proceso de santificaci√≥n y restauraci√≥n de los instrumentos de represi√≥n formales y centralizados, pero ahora ca√≥ticos.

Pero, en cualquier caso, el balance de ambas facciones al proporcionar las bases para el dominio indiscutible de la burgues√≠a monopolista es bastante brillante. [A este respecto], el movimiento comunista ha sido consciente, y ha enfatizado, este car√°cter reaccionario de la Rep√ļblica Isl√°mica desde el principio. Adem√°s de los social-chovinistas, que desde el estallido de la guerra se han ocupado de amonestar a la Rep√ļblica Isl√°mica para aumentar la eficacia del ej√©rcito de la Rep√ļblica Isl√°mica, como si fueran expertos en asuntos log√≠sticos, artiller√≠a y t√°cticas y estrategias militares, intentando para salvar la "independencia" del gobierno de los asesores extranjeros - las fuerzas marxistas revolucionarias han utilizado durante mucho tiempo como objeto de exposici√≥n y agitaci√≥n de todas las vergonzosas medidas de la Rep√ļblica Isl√°mica para santificar y restaurar al ej√©rcito pro estadounidense, reorganizando el SAVAK bajo un nuevo nombre, y restablecer las formas burocr√°ticas y antidemocr√°ticas m√°s corruptas en el aparato estatal. Por lo tanto, se asume que la importancia de esta materia como un trasfondo fundamental para la coherencia de la burgues√≠a y para la consolidaci√≥n de la hegemon√≠a del capital monopolista dentro de las filas de la contrarrevoluci√≥n no necesita mayor elaboraci√≥n y √©nfasis.

4. Obligar a las masas a someterse a los niveles de vida reducidos y a las consecuencias paupérrimas de la crisis económica.

En el folleto "La perspectiva de la indigencia y la nueva escalada de la revoluci√≥n", ya hemos analizado el lugar y la importancia de este punto. All√≠, se√Īalamos que la imposici√≥n de las consecuencias de la crisis econ√≥mica sobre el proletariado y las masas trabajadoras y, por lo tanto, la reducci√≥n del valor de la fuerza de trabajo en la sociedad, era en s√≠ mismo uno de los canales y prerrequisitos para que el sistema capitalista escapara de la crisis econ√≥mica. Adem√°s, enfatizamos que la burgues√≠a iran√≠ no pod√≠a reanudar la acumulaci√≥n de capital en la forma deseable sin obligar a las masas a someterse a los resultados pauperizantes de la crisis econ√≥mica. Este es, sin embargo, el aspecto econ√≥mico de la cuesti√≥n que ha sido suficientemente discutido en nuestros textos anteriores.

Desde el punto de vista político, por otro lado, la crisis cada vez más profunda del capitalismo y la intensificación de la pobreza y la indigencia de las masas, dada la ausencia de una vívida alternativa proletaria frente a la crisis y la falta de lucha organizada para defender y elevar el nivel de vida de los obreros y las masas trabajadoras (lo cual deben ser una preocupación importante para los comunistas), agudizan las tendencias conservadoras dentro del movimiento obrero, particularmente en los sectores atrasados del proletariado. La defensa del nivel de vida del proletariado es la condición necesaria para toda lucha constante contra la burguesía. Si las masas trabajadoras enredadas por la plaga del desempleo, expuestas permanentemente al despido, tienen sus salarios reales reducidos y su existencia económica en peligro, no pueden encontrar una solución a todos estos [sufrimientos], inevitablemente se verían afectados por fuertes tendencias derechistas.

En tales circunstancias, es el ‚Äúorden" m√°s que la ‚Äúrevoluci√≥n" lo que atrae a los trabajadores. Adem√°s, la intensificaci√≥n de la pobreza y la inseguridad econ√≥mica de las masas trabajadoras proporciona la base objetiva para un aumento en la competencia entre sus filas; y la Rep√ļblica Isl√°mica, a medida que se materializaba la reacci√≥n burguesa, no vacilar√≠a en causar la m√°xima divisi√≥n y dispersi√≥n en las filas del proletariado y las masas trabajadoras. El fanatismo religioso, el sexo, el origen √©tnico, la experiencia laboral, el estado del empleo y el desempleo, etc., se han convertido en pretextos al servicio de la Rep√ļblica Isl√°mica para romper las filas del movimiento obrero. Reforzar las tendencias conservadoras entre las masas es el eje de toda la propaganda de la burgues√≠a con respecto a la crisis econ√≥mica. Esta es la √ļnica tesis que vincula el lema de Abolhas√°nBanisadr y sus asociados "olv√≠date de los consejos, debes trabajar mi amigo" y el del PRI, Jomeini y compa√Ī√≠a. "los izquierdistas prendieron fuego a la cosecha y causaron desorden en la producci√≥n".

El gobierno, ayudado por las dos facciones, no se ha preocupado ni por un momento de convertir la crisis en la base para la consolidaci√≥n de la influencia pol√≠tica y econ√≥mica del capital. Jomeini y compa√Ī√≠a, alzando la pancarta de "el alma y no el cuerpo", y los liberales burgueses al defender la reivindicaci√≥n reaccionaria de que la revoluci√≥n misma ha sido la causa de la crisis econ√≥mica y de la miseria de las masas, mont√≥ una incursi√≥n en el nivel de vida de los millones de obreros y trabajadores. La resistencia de las masas, liderada por el proletariado industrial, contra este asalto, hace que el fondo de un nuevo surgimiento pol√≠tico de las masas en la coyuntura actual. Esta lucha a√ļn contin√ļa; pero hasta la fecha el cuerpo gobernante reaccionario ha dejado claramente claro su papel en sentar las bases para el imperialismo y la burgues√≠a monop√≥lica.

5. La santificación del imperialismo y la justificación de las relaciones diplomáticas, económicas y militares de la burguesía gobernante de Irán con los países imperialistas.

Uno de los aspectos manifiestos de nuestra revoluci√≥n ha sido su car√°cter abiertamente antiimperialista. El imperialismo en general y el imperialismo de Estados Unidos, como el imperialismo dominante en la pol√≠tica y la econom√≠a de Ir√°n, en particular, han sido blanco de la protesta del proletariado revolucionario iran√≠. El boicot del petr√≥leo a Sud√°frica e Israel por parte de los obreros militantes de la industria petrolera en los meses anteriores al levantamiento, es [en s√≠ mismo] una expresi√≥n de la conciencia del proletariado revolucionario iran√≠ de las ra√≠ces globales y los cimientos de la explotaci√≥n y la represi√≥n en Ir√°n. A pesar de que el proletariado iran√≠ no ha podido hasta ahora comprender por completo el v√≠nculo inevitable y fundamental entre el imperialismo y la dictadura, y por lo tanto el lazo esencial entre la lucha antiimperialista y la lucha por la democracia, la orientaci√≥n antiimperialista y en particular de la orientaci√≥n antiestadounidense de los obreros y trabajadores iran√≠es ha hecho, y est√° haciendo, la restauraci√≥n de la situaci√≥n prerrevolucionaria bastante dif√≠cil para la burgues√≠a herida de Ir√°n. Huelga decir que, como resultado de la dominaci√≥n de la mentalidad peque√Īoburgu√©s sobre el movimiento de masas, esta orientaci√≥n no se manifest√≥ excepto en las esferas legales, administrativos y diplom√°ticos. El gobierno actual y las dos facciones contrarrevolucionarias dentro de √©l han intentado que esta tendencia antiimperialista de los obreros y las masas trabajadoras carezcan de cualquier tipo de contenido pr√°ctico de clase econ√≥mica.

El PRI y el ayatolá Jomeini han reducido al imperialismo de una realidad distinta, tangible y comprensible para las masas trabajadoras, a una criatura sobrenatural y legendaria: un genio o una criatura satánica como si hubiera llegado a existir como una antítesis al Islam. Los obreros y trabajadores revolucionarios desde antes del levantamiento tomaron bajo ataque los símbolos del poder económico del capital monopolista, es decir, los bancos y las corporaciones industriales y comerciales pertenecientes a la burguesía monopólica, así como el símbolo de la dominación política del imperialismo que es el régimen policial militar de la monarquía. El PRI y el ayatolá Jomeini redujeron las luchas antiimperialistas a los cánticos de Allah-o-Akbar[16] desde lo alto de los techos, manifestaciones frente a la embajada de EE. UU. y repitiendo los lemas vacíos y vulgares del PRI. El fanfarroneo "anti rehén" ordenado y vacío y la "oposición" a Ramsey Clark y otros agentes de la diplomacia del imperialismo estadounidense, se volvió cada vez más "expresivo" y recurrente con cada paso que tomaba el capital monopólico para restaurar, en la práctica, sus fortalezas económicas y políticas perdidas, y con el aumento de la explotación y la represión.

"Am√©rica es el gran Satan√°s y el hombre nunca ha luchado contra Satan√°s, sino recurriendo al conjuro, y a los magos, geomantes y mul√°s". Esta ha sido la esencia imperialista de la llamada lucha antiimperialista del PRI, Jomeini y de su compa√Ī√≠a. Por otro lado, los liberales cuyo v√≠nculo con el imperialismo se hac√≠a cada vez m√°s evidente a los ojos de las masas, hicieron de esta cr√≠tica vulgar peque√Īoburgu√©s del imperialismo un pretexto y un medio para infligir a las masas su total dependencia del imperialismo y su compromiso de renovar el para√≠so de seguridad de los monopolios imperialistas y la explotaci√≥n capitalista en el pa√≠s dominado bajo diversas pretensiones: la necesidad de liberarse del "aislamiento pol√≠tico", la "objetividad econ√≥mica", y as√≠ sucesivamente. Al cabo de dos a√Īos desde el levantamiento, han dado varios pasos en esta direcci√≥n; dividieron a las potencias imperialistas en "malas" y "buenas", anunciaron abiertamente su uni√≥n fundamental con el imperialismo en la lucha contra el "comunismo internacional", bautizaron al imperialismo estadounidense y le prometieron su salvaci√≥n si ella pidiera perd√≥n. Por supuesto, han intentado ni permitido que se convierta en el turno de Estados Unidos despu√©s del Shah[17], siendo este desde el punto de vista de la burgues√≠a monopolista un paso gigante ‚Äúadelante".

6. La supresi√≥n incesante del movimiento comunista y la atracci√≥n de la democracia peque√Īo burguesa bajo la bandera del liberalismo.

En la mente optimista de muchos trabajadores revolucionarios y militantes comunistas, el levantamiento de febrero fue el comienzo del establecimiento de un estado ‚Äúnacional y progresista" dirigido por la burgues√≠a liberal y la peque√Īa burgues√≠a; un estado que supuestamente iba a garantizar tales libertades pol√≠ticas que brindar√≠an al proletariado y sus fuerzas pol√≠ticas la oportunidad de definir claramente sus objetivos, organizarse y fortificar el baluarte de la lucha por el socialismo sobre la base de un trabajo de agitaci√≥n libre y generalizado, propaganda y organizaci√≥n. Como hab√≠amos advertido desde el principio, estas ilusiones aplastaron el muro de la realidad. El objetivo principal y la tarea de los nuevos gobernantes era impedir el alcance de la insurrecci√≥n de la expansi√≥n e intentar revertir sus logros democr√°ticos. A este respecto, era de suma importancia para el capital y el imperialismo para suprimir el movimiento comunista, un movimiento cuyo crecimiento y ascenso es el √ļnico indicador de la marcha hacia el socialismo, y que, aunque ca√≠a y sub√≠a, luchaba incesante y entusiastamente por expandir los logros democr√°ticos de la revoluci√≥n. Obstruir la expansi√≥n de la actividad abierta y extendida del movimiento comunista equivale a obstaculizar la expansi√≥n del alcance de la revoluci√≥n. A este respecto, el r√©gimen actual ha desempe√Īado su papel de manera bastante consistente al servir al capital y al imperialismo y al darle la oportunidad a la burgues√≠a monop√≥lica de obtener los refuerzos pol√≠ticos y militares. Este es uno de los acuerdos sagrados entre las dos facciones del gobierno.

Tambi√©n a este respecto, los dem√≥cratas peque√Īoburgueses que, temerosos de las presiones del r√©gimen, temen acercarse pr√°ctica y abiertamente al movimiento comunista, se deben a su naturaleza vacilante, que gradualmente ser√° atra√≠da por la bandera del liberalismo burgu√©s y ser neutralizadoLa supresi√≥n incesante del movimiento comunista y la neutralizaci√≥n del democratismo peque√Īo burgu√©s no son m√°s que un intento de generar entre las masas las precondiciones subjetivas del pacifismo; un pacifismo sobre el cual la burgues√≠a ha establecido las esperanzas para privar a las masas trabajadoras de su capacidad de reaccionar de manera revolucionaria contra el asalto final de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa bajo el liderazgo de la burgues√≠a monop√≥lica.

La formaci√≥n gradual y la realizaci√≥n de estos desarrollos contrarrevolucionarios son el significado pol√≠tico de ese proceso a trav√©s del cual la burgues√≠a monop√≥lica se acerca indirectamente a la consolidaci√≥n del poder. Por lo tanto, est√° claro que cuando nos referimos a una s√≠ntesis dentro de la burgues√≠a, hablamos de una reacci√≥n de acci√≥n generada repentinamente o de un malabarismo pol√≠tico hist√≥rico. El objetivo principal y los motivos subjetivos sobre los cuales la burgues√≠a se une y re√ļne [sus filas] bajo el estandarte de las fuerzas pol√≠ticas genuinas y estables de la burgues√≠a monop√≥lica son los desarrollos fundamentales que se est√°n gestando hoy, y desde antes del levantamiento, gracias a los esfuerzos de Jomeini, el PRI, los liberales y todos sus lacayos variados. El funcionamiento del r√©gimen de la Rep√ļblica Isl√°mica y las relaciones mutuas entre sus dos facciones son el catalizador para generar las condiciones en que la burgues√≠a monopolista puede dar el golpe final a la revoluci√≥n; tales condiciones que, una vez se materializaron, admitir√°n que la Rep√ļblica Isl√°mica y sus facciones deben ser completamente finalizadas e innecesarias desde el punto de vista del imperialismo y la burgues√≠a.

Si se realizan los motivos anteriores; si se producen estos desarrollos contrarrevolucionarios; si, en ausencia de una v√≠vida alternativa proletaria, y bajo el bombardeo de la propaganda liberal y una carga de indigencia, las masas caen en el abismo del pacifismo; si el ej√©rcito "nacionalizado" e "islamizado" del Sha est√° organizado y listo para la acci√≥n; si el nuevo SAVAK est√° preparado para cazar a los revolucionarios de manera exhaustiva; si la vida econ√≥mica, social y cultural de las masas est√° enredada en las redes de la vasta burocracia de la burgues√≠a; y. . . ; entonces la escena estar√° lista para el √ļltimo acto de la obra por parte de la contrarrevoluci√≥n: el establecimiento de la dictadura de la burgues√≠a monopolista. Esta es una dictadura que no ser√° liberal ni gustar√° al clero y la teocracia; una dictadura que promete empleo, vivienda, agua y electricidad, y prevenci√≥n y cura de las enfermedades b√°sicas; una dictadura que jurar√° [restaurar] la "gloria de Ir√°n", el "modernismo" y el "orden"; una dictadura que condenar√° la "anarqu√≠a" y representar√° una supresi√≥n organizada y centralizada; y, en resumen, una dictadura que ser√° el alma de la reacci√≥n de Aryamehrian reencarn√≥ en el cuerpo de una rep√ļblica, de una rep√ļblica no-isl√°mica por supuesto.

Es el futuro de la burgues√≠a y la contrarrevoluci√≥n el que est√° tomando forma en el √ļtero del actual desarrollo contrarrevolucionario. Y el proletariado revolucionario que debe oponerse tanto al presente como al futuro de la burgues√≠a, debe, necesariamente, ir m√°s all√° de la disputa de las dos facciones que provocar√° el debilitamiento del gobierno actual, reconocer el crecimiento de las bases para el futuro gobierno y obstaculizarlo; [debe] luchar contra el gobierno actual, sin caer en el apoyo del futuro gobierno. La pol√≠tica t√°ctica del proletariado debe basarse en bases que le permitan luchar tanto contra el presente como contra el futuro de la burgues√≠a; debilitando e impulsando a su gobierno actual sin dar motivos favorables para el surgimiento de su futuro gobierno.

Por lo tanto, la discusión no se limita más al enfrentamiento por parte del proletariado de las dos facciones dentro del cuerpo gobernante actual; más bien, es el proletariado el que enfrenta el proceso de formación de la contrarrevolución imperialista burguesa. La discusión es sobre la actitud del proletariado hacia el proceso dialéctico de evolución del campo de la contrarrevolución imperialista burguesa; un proceso que a su vez se desarrolla para negar las condiciones existentes del campo de la contrarrevolución y proporcionar las circunstancias y formas más favorables para la burguesía. Si, por lo tanto, el proletariado revolucionario quiere -que de hecho lo hace- negar las circunstancias actuales de la contrarrevolución, en su propio modo particular y al servicio de sus propios objetivos revolucionarios, debe en primer lugar resolver cuentas con este proceso de evolución, tomando una posición clara contra la defensa y el rechazo de los burgueses del gobierno actual. La necesidad del rango independiente del proletariado y la alternativa proletaria independiente nunca ha salido a la luz y ha demostrado su significado vital tan vívidamente. Esto es todo lo que hemos aprendido del análisis y discusión de las dos facciones, y hemos reflejado claramente en nuestras plataformas sobre el golpe de estado y la guerra.

Consideramos que la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa es un fen√≥meno en evoluci√≥n y formaci√≥n y, por lo tanto, consideramos la contrarrevoluci√≥n en un marco pol√≠tico y social din√°mico. Al examinar las fuerzas de la contrarrevoluci√≥n, tenemos en mente el an√°lisis de una colecci√≥n de condiciones objetivas y subjetivas que, por un lado, sugieren un cambio en el equilibrio de fuerzas de la contrarrevoluci√≥n contra la revoluci√≥n, y por el otro, proporcionar las bases para la formaci√≥n definitiva del liderazgo pol√≠tico de la burgues√≠a. El curso de la evoluci√≥n de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa, es el curso de la p√©rdida de los beneficios del levantamiento, es el curso de retirada de las masas de sus demandas revolucionarias, (y) es el curso del acercamiento de la burgues√≠a al establecimiento de las dos tipos de √≥rdenes fundamentales reaccionarias del cual es el orden pol√≠tico contrarrevolucionario y el orden de producci√≥n capitalista. Ver la contrarrevoluci√≥n meramente en los individuos, fuerzas, y los partidos contrarrevolucionarios, y tomar una posici√≥n en contra de estos fen√≥menos, no ser√≠a suficiente, ya que una visi√≥n tan limitada impide que el movimiento comunista comprenda los ciertos desarrollos pol√≠ticos y econ√≥micos que son indicativos del avance general de la burgues√≠a, y de lo que depende la evoluci√≥n de la contrarrevoluci√≥n y el logro por parte de la burgues√≠a de la forma √ļltima de su liderazgo pol√≠tico.

¬ŅPodr√≠amos definir positivamente la revoluci√≥n y su desarrollo, y si tenemos una idea clara de lo que el proletariado considera como el avance y la victoria de la revoluci√≥n?, entonces tendr√≠amos un criterio muy preciso para evaluar todas las facciones de la contrarrevoluci√≥n, ya sea el primero, el derrotado, el presente o el futuro, el liberal o el clerical, y as√≠ sucesivamente, y su parte en la b√ļsqueda de la pol√≠tica imperialista. Porque [entonces] habr√≠amos reconocido a la burgues√≠a en su confrontaci√≥n con el proletariado y en su ataque a los baluartes definidos y distintos de la revoluci√≥n. [Entonces], por un momento, no nos atrevemos a adoptar una posici√≥n proletaria expl√≠cita y clara en defensa de la revoluci√≥n y la expansi√≥n de su √°mbito de aplicaci√≥n, ya que no nos dejar√° confundir la aparici√≥n de nuevas formas de liderazgo pol√≠tico en la burgues√≠a y las nuevas m√©todos de demagogia e inesperadas pretensiones "antiimperialistas o amantes de la libertad", como los gritos y sollozos de la "toma de rehenes" de una facci√≥n o el lamento por la "libertad" de la otra, la "independencia pol√≠tica" de uno o la "defensa de la madre patria" del otro, y nunca cambiar√≠a nuestras t√°cticas de acuerdo con las estaciones (volveremos sobre esto).

Nuestras plataformas con respecto al golpe y la guerra reflejan claramente esta tesis central y la comprensi√≥n esencial del an√°lisis de las "dos facciones". Vemos el campo de la contrarrevoluci√≥n no solo como partidos y fuerzas ya formadas, sino como un fen√≥meno en evoluci√≥n y formaci√≥n. Por lo tanto, en nuestra plataforma sobre el golpe advertimos tanto contra el golpe como contra el contragolpe, y llamamos al proletariado a enfrentar resueltamente el golpe apoy√°ndose en un rango revolucionario de contragolpe, y al mismo tiempo, evitamos apoyar el gobierno actual. Ya sea que conduzca a la victoria de otra facci√≥n de la burgues√≠a, o sea reprimida por las fuerzas existentes de la burgues√≠a, el golpe de Estado expresa un desarrollo en el campo contrarrevolucionario y una amenaza para los baluartes definidos de la revoluci√≥n - los logros democr√°ticos del levantamiento. De lo contrario, "sobreestimar" o "subestimar" arbitraria y metaf√≥ricamente la "contrarrevoluci√≥n derrotada" o la Rep√ļblica Isl√°mica, no agrega nada al conocimiento t√°ctico del proletariado. Asimismo, en nuestra plataforma sobre la guerra, enfatizamos que la guerra Ir√°n-Irak facilita [ciertos] desarrollos que sirven para la supresi√≥n de la revoluci√≥n iran√≠ y la extensi√≥n de la hegemon√≠a de la burgues√≠a monop√≥lica en Ir√°n y en la regi√≥n, y, por lo tanto, nos posicionamos para que el proletariado revolucionario se levante para defender su revoluci√≥n contra la guerra capitalista y sus consecuencias pol√≠ticas y econ√≥micas. Una comparaci√≥n de nuestra posici√≥n contra la guerra con las dos posiciones principales tomadas por el movimiento marxista-leninista, es decir, el anarco-pacifismo y el social-chovinismo, puede revelar la importancia de nuestra actitud hacia el curso de la formaci√≥n del campo de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa.

Los anarco-pacifistas reducen la contrarrevoluci√≥n burguesa al cuerpo gobernante existente y sus dos facciones, y en un intento de adoptar una posici√≥n "independiente", a lo sumo logran tomar una posici√≥n en contra de estas dos facciones. No ven en el √ļtero de la situaci√≥n existente los fundamentos sobre los cuales la burgues√≠a desarrolla su liderazgo deseable y cohesiona sus filas. Entonces, con el estallido de la guerra, sit√ļan el derrocamiento (negaci√≥n) del actual gobierno de la burgues√≠a en la agenda inmediata del proletariado revolucionario. No ven esta realidad de que el proletariado no es el √ļnico que exige el derrocamiento del gobierno actual de la burgues√≠a, y que la burgues√≠a monopolista tambi√©n, en √ļltima instancia, representa la negaci√≥n del gobierno actual y su desarrollo en nuevas formas. Por lo tanto, no son capaces de comprender y disociar las dos colecciones diferentes de condiciones subjetivas y objetivas que preparan las bases para el derrocamiento revolucionario o contrarrevolucionario del gobierno. El anarquismo ve todo el mal acumulado en el gobierno y exige su derrocamiento; y una vez que la guerra trae a colaci√≥n esta posibilidad, prontamente hacen sonar la corneta de "derrocar al gobierno" (es decir, la guerra civil como t√°ctica). Los anarquistas no entienden eso desde qu√© √°ngulo y al establecer qu√© conjunto de condiciones subjetivas y objetivas definidas, la guerra desestabiliza los cimientos del gobierno actual de la burgues√≠a. ¬ŅEs el proletariado o la burgues√≠a el que, debido a la guerra y los cambios que surgen de all√≠, se acerca m√°s al poder pol√≠tico?¬ŅY qu√© se debe hacer para permitir que el proletariado avance en la lucha de clases y la revoluci√≥n durante la guerra?Estas preguntas ni siquiera se plantean entre los anarquistas. No entienden que si el derrocamiento del gobierno actual no conduce al establecimiento de la alternativa democr√°tica revolucionaria del proletariado, terminar√° con un [mayor] un√≠sono de la contrarrevoluci√≥n bajo el liderazgo de la burgues√≠a monop√≥lica. Por lo tanto, sit√ļan la insurrecci√≥n (guerra civil, etc.) en la agenda de las masas en general, independientemente de la medida de preparaci√≥n del proletariado revolucionario, independientemente de la necesidad de proporcionar una alternativa proletaria independiente, independientemente del programa del proletariado en la revoluci√≥n actual, e independientemente de, ¬Ņcu√°l es la condici√≥n esencial para una insurrecci√≥n victoriosa bajo el liderazgo del proletariado? la necesidad de la disposici√≥n organizacional del proletariado (la cuesti√≥n del partido). Incluso la [mera] concepci√≥n de que una insurrecci√≥n masiva amorfa, en ausencia de liderazgo proletario y alternativa, puede convertirse en un medio muy efectivo en manos de la burgues√≠a monop√≥lica para reforzar su liderazgo en las filas de la burgues√≠a y establecer un gobierno deseable para el imperialismo, no viene a la mente de los anarco-pacifistas. No conocen los cambios socioecon√≥micos y pol√≠ticos deseables para el proletariado (necesarios para la expansi√≥n de la revoluci√≥n), ni piensan en los cambios deseables para la burgues√≠a (las condiciones previas a la supresi√≥n de la revoluci√≥n). Para ellos, la contrarrevoluci√≥n se reduce a las corrientes pol√≠ticas y al "aparato" gubernamental de la burgues√≠a; el violento aplastamiento de este "aparato" es siempre y en todas partes tanto la estrategia como las t√°cticas del anarquismo.

El an√°lisis de las "dos facciones" singulariza espec√≠ficamente el concepto de "aproximarse al poder por parte del proletariado" bajo las circunstancias actuales. Esto requiere en primer lugar la defensa y la extensi√≥n de esos logros econ√≥micos y pol√≠ticos definidos que le dan al proletariado la libertad de acci√≥n y una amplia oportunidad de reunir y movilizar sus fuerzas y preparar los terrenos para una insurrecci√≥n organizada y victoriosa; y, en segundo lugar, como corolario, impide que la burgues√≠a retrase estos logros y obstaculiza el avance de la burgues√≠a monopolista y consolida su hegemon√≠a en el campo de la contrarrevoluci√≥n y, en √ļltima instancia, del gobierno. "La defensa de la revoluci√≥n contra la guerra capitalista", este es el lema concreto que refleja estos dos aspectos de la posici√≥n del proletariado.

Por otro lado, los social-chovinistas (y particularmente Razmandegan antes de su autocrítica) ignoran, de manera diferente, el proceso dialéctico de evolución en el campo de la contrarrevolución. La organización de Razmandegan toma en cuenta un nuevo polo (sin duda uno real) en las rivalidades políticas dentro de la burguesía: la "contrarrevolución derrotada", e intenta tener a la vista los cambios probables, en la forma gubernamental de la contrarrevolución. Esto es considerado como la probable toma del poder por parte de la contrarrevolución derrotada que se organiza más allá de las fronteras iraníes. Pero, lo que hace que Razmandegan caiga en el abismo del oportunismo es su enfoque mecanicista del campo de la contrarrevolución, lo que Razmandegan mismo formula como la "acentuación del peligro de la contrarrevolución derrotada". Razmandegan, en un intento de ir más allá de la situación existente del gobierno y mirar más allá de las rivalidades entre "las facciones existentes", es capaz de agregar a otro rival existente y listo para el campo.

Razmandegan, (por lo tanto,) convierte la "rivalidad bipolar" en un tri√°ngulo: dos facciones dentro del pa√≠s, dentro del gobierno, y la tercera, "la contrarrevoluci√≥n derrotada", afuera; y el futuro de la burgues√≠a puede ser la llegada al poder de este tercer polo. Aqu√≠, el proceso a trav√©s del cual se desarrolla la burgues√≠a y los fundamentos econ√≥micos y pol√≠ticos que cuentan para el surgimiento de una s√≠ntesis pol√≠tica no se mantienen a la vista, sino que es (meramente) la posibilidad de sustituci√≥n de fuerzas pol√≠ticas entre s√≠ que se considera. Este es un enfoque metaf√≠sico y mecanicista del campo de la contrarrevoluci√≥n que examina su futuro solo en un marco de encuentros, rivalidades y desaf√≠os rec√≠procos del poder por diferentes elementos, c√≠rculos y las fuerzas actuales y existentes de la burgues√≠a. Tal punto de partida no pod√≠a evitar caer en el social-chovinismo, una vez que estall√≥ la guerra Ir√°n-Iraq. Si la guerra intensifica la posibilidad de que la contrarrevoluci√≥n derrotada (que invade desde fuera de las fronteras) se aferre (o, al menos, se acerque) al poder pol√≠tico, y si esta tercera fuerza ingresara al pa√≠s mediante aviones, tanques y los ca√Īones para ayudar a la burgues√≠a, luego tomar una "posici√≥n en contra" de ella e "impedir" su llegada y establecimiento no pueden poner ninguna tarea en la agenda del proletariado, sino organizarse geogr√°ficamente y militarmente contra esta tercera fuerza. Esta es una confrontaci√≥n f√≠sica del proletariado en respuesta a una sustituci√≥n f√≠sica en el campo de la burgues√≠a. Sin duda, Razmandegan parte de una buena intenci√≥n socialista, pero el an√°lisis metaf√≠sico, es decir, apoy√°ndose en la metodolog√≠a burguesa en an√°lisis, lo convierte en un defensista. Por lo tanto, el rango independiente de Razmandegan en el frente de guerra no tiene otro significado que su independencia geogr√°fica y militar de otros defensores de las fronteras; Razmandegan se convierte as√≠ en un batall√≥n independiente del ej√©rcito de la Rep√ļblica Isl√°mica.

Pero en la discusión de "las dos facciones", hablamos de una síntesis política en las filas de la burguesía, en el sentido preciso de la palabra síntesis. La guerra puede facilitar y acelerar una síntesis y un proceso. Este proceso, sin embargo, tiene lugar como desarrollos económicos, políticos e ideológicos definidos, y como cambios en la posición y el equilibrio de fuerzas de las clases. La discusión no es sobre la medida en que este o aquel partido burgués es reaccionario, ni tampoco sobre cuán importante puede ser el peligro de tal o cual facción burguesa. Más bien, la discusión se refiere a los desarrollos reaccionarios para cuya realización para cuál todas las fuerzas burguesas tienen una parte activa, y al hacerlo, en cualquier momento determinado, uno de ellos toma la delantera en la vanguardia de toda la clase. Los desarrollos que, a menos que el proletariado los sostenga de manera consciente y decisiva en contra de ellos e inviertan su curso, llevarán al poder por la burguesía monopolista. Y entonces, aquellos que hoy toman su posición sobre la base de su conocimiento de los políticos actuales y las facciones políticas de la burguesía, sin duda se sorprenderán con la flexibilidad cuando los partidos y políticos actuales de la burguesía cambien su posición y su capacidad para convocar nuevos partidos y políticos que en la actualidad no tienen lugar en los "triángulos" y "plazas" de la rivalidad.

Para que el proletariado revolucionario mantenga y ampl√≠e los logros de la revoluci√≥n y movilice sus fuerzas para una insurrecci√≥n victoriosa, bajo las circunstancias de guerra Ir√°n-Irak o cualquier otra condici√≥n, debe ser capaz de resistir el crecimiento de la contrarrevoluci√≥n como una todo. Para hacer esto, el proletariado, antes de intentar analizar las fuerzas de la contrarrevoluci√≥n, debe darse cuenta y enfrentarse a la situaci√≥n contrarrevolucionaria; esto, por supuesto, siendo imposible excepto por una definici√≥n precisa de la revoluci√≥n y los objetivos independientes del proletariado en ella. Por eso, en lo que respecta a la cuesti√≥n de la guerra, pedimos al proletariado que construyera una formaci√≥n pol√≠tica contra la guerra y no una formaci√≥n militar contra las tropas iraqu√≠es; mientras, y en la medida en que, la lucha por movilizar las fuerzas de la clase y proporcionar la alternativa revolucionaria del proletariado y sobre esta base lanzar una insurrecci√≥n victoriosa, a√ļn no se ha resuelto. Los bastiones existentes deben mantenerse y expandirse y, al mismo tiempo, deben evitarse los acontecimientos que generan los motivos para el establecimiento de la dictadura directa de la burgues√≠a monopolista: Esta prevenci√≥n no tiene otro sentido que defender las ganancias de la revoluci√≥n contra los medios que la guerra pone a disposici√≥n de la burgues√≠a para que los reemplace, y expandir estos logros sobre la base de las circunstancias que la guerra puede traer en beneficio del proletariado.

Finalmente, llegamos a la pregunta de a qu√© conclusiones pr√°cticas llega esta discusi√≥n, en lo que respecta al campo de la contrarrevoluci√≥n en general, y la Rep√ļblica Isl√°mica en espec√≠fico.

Nuestra discusi√≥n, en primer lugar, saca a la luz "lo que no se debe hacer" con respecto al gobierno y sus dos facciones constituyentes. Con respecto a los conflictos dom√©sticos dentro del gobierno, el proletariado revolucionario no debe en ning√ļn caso estar de parte de una u otra de las corrientes imperialistas burguesas dominantes. Clasificar la contrarrevoluci√≥n y dividirla en "buena", "mala", "peor", "reaccionaria" y "m√°s reaccionaria" es para quienes no tienen idea alguna del marxismo, y por "pol√≠tica" y lucha pol√≠tica, entienden los "trucos" y la conspiraci√≥n. Los comunistas deben llevar a cabo para explicar a las amplias masas de obreros y trabajadores la diferente parte que cada una de las dos facciones juega siguiendo la pol√≠tica contrarrevolucionaria de la burgues√≠a y, en particular, la parte que juegan sus conflictos para salvaguardar, prolongar y mejorar el influencia del capital y el imperialismo en Ir√°n. Mientras tanto, estos mismos conflictos y disputas internas proporcionan la mejor base para exponer la naturaleza y los objetivos anti-obreros y contrarrevolucionarios del PRI, los liberales y Jomeini que pr√°cticamente ha asegurado la coherencia dentro del gobierno a pesar de su tendencia abierta a respaldar el PRI.

Pero, como indicamos, no basta con tomar una posici√≥n en contra de ambas facciones del gobierno si queremos llegar a una posici√≥n en contra de toda la burgues√≠a. El movimiento comunista tambi√©n debe comprometerse a exponer y rechazar ante las masas obreras y trabajadoras la cr√≠tica burguesa del gobierno que se basa principalmente en rechazar la teocracia por un lado, y criticar la impotencia de los liberales para restaurar el orden por el otro lado. La exposici√≥n de la oposici√≥n imperialista, compuesta por la contrarrevoluci√≥n derrotada y los antiguos liberales, es el √ļnico caso espec√≠fico de la exposici√≥n que tenemos en mente aqu√≠. Por un lado, la operaci√≥n del actual gobierno agrega combustible al odio de las masas por el "clericalismo" y su tendencia a exigir un gobierno secular, y por otro lado, la carga de la crisis econ√≥mica sobre los hombros de las masas junto con la ausencia de una alternativa revolucionaria y la difusi√≥n de la cr√≠tica liberal del PRI y el Velayat-e-Faghih, llevan a las masas a dar su consentimiento a la legalidad capitalista y al orden productivo, condiciones en las que "al menos mejoran las condiciones de vida, disminuye el desempleo, y la pol√≠tica y la econom√≠a est√°n bajo control". Tomando las manos de los mul√°s del gobierno y la econom√≠a, restaurando la ley y el orden burgu√©s, y reorganizando la econom√≠a ca√≥tica; esta es la plataforma de la burgues√≠a monopolista. Esto es a lo que recurre la burgues√≠a monopolista para restablecer las condiciones previas a la revoluci√≥n y asegurar la sumisi√≥n total de la revoluci√≥n a la contrarrevoluci√≥n.

Y si hay muchos trabajadores que tienen la paciencia para escuchar a la burgues√≠a monopolista, se lo debe a la Rep√ļblica Isl√°mica y su pol√≠tica de "reprimir la revoluci√≥n bajo el nombre de revoluci√≥n". Por lo tanto, los comunistas, junto con la presentaci√≥n de una cr√≠tica proletaria del gobierno actual, deben poner en evidencia esta plataforma "cr√≠tica" de la burgues√≠a monop√≥lica y las corrientes pol√≠ticas que en cualquier momento lo defienden. Los comunistas representan la separaci√≥n completa de la religi√≥n del estado. Los comunistas exigen la mejora de las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Estas son, por supuesto, una parte, y solo una parte, de nuestras demandas m√≠nimas, pero esto no deber√≠a impedirnos reconocer y exponer el rostro odioso de la burgues√≠a monop√≥lica que se esfuerza por convertir estas demandas leg√≠timas de las masas en una significa de absolver a su dictadura herida y sus representantes pol√≠ticos deshonrados, y representa su r√©gimen como una "alternativa". Estas son fuerzas que consideran el descontento de las masas con el gobierno actual, y no el grado de acuerdo de las masas con el programa de los comunistas, como el √ļnico criterio para explicar la tendencia de la revoluci√≥n, y [en consecuencia] tomar la difusi√≥n del primero, que es solo una condici√≥n necesaria, como condiciones necesarias y suficientes para una nueva escalada revolucionaria. Creemos que estas fuerzas evaden el an√°lisis espec√≠fico de las condiciones espec√≠ficas y relegan el papel y el significado de la pr√°ctica revolucionaria comunista para transformar la nueva elevaci√≥n pol√≠tica de las masas en una escalada revolucionaria. Esta subordinaci√≥n al movimiento de protesta espont√°nea y el establecimiento de esperanzas sin cr√≠tica es todo lo que puede hacer que el curso de los acontecimientos se invierta exactamente en lo que no se espera, es decir, hacia la consolidaci√≥n y unificaci√≥n de la regla del capital monop√≥lico.

Por lo tanto, la primera conclusión práctica de la discusión de las "dos facciones" es esta: Debemos hacer inválido a los ojos de las masas tanto el gobierno actual (el PIR como la corriente liberal) y, al mismo tiempo, la alternativa de la burguesía monopólica, y presentar contra estos dos la alternativa proletaria. Debemos hacer inválidos a los ojos de las masas tanto el gobierno actual (el PRI como la corriente liberal) y, al mismo tiempo, la alternativa de la burguesía monopólica, y presentarnos en contra de estas dos alternativas proletarias. La exposición del gobierno actual, por más explícita y consistente que se lleve a cabo, no es suficiente para diferenciar la política proletaria de la política burguesa.

La segunda conclusi√≥n pr√°ctica de nuestra discusi√≥n, que generalmente se basa en una percepci√≥n leninista de la relaci√≥n entre pol√≠tica y econom√≠a en la √©poca del imperialismo, es esta: Para revivir su para√≠so de acumulaci√≥n de capital, la burgues√≠a necesita lanzar un ataque violento contra el campo de la revoluci√≥n y establecer un orden contrarrevolucionario en la sociedad. En la pr√°ctica, la Rep√ļblica Isl√°mica ha demostrado m√°s que nunca que, si bien jug√≥ un papel valioso en la creaci√≥n de los motivos de este ataque, no puede organizarlo por completo y llevarlo a una conclusi√≥n decisiva, (el Kurdist√°n revolucionario y la resistencia de los trabajadores militantes han jugado un papel determinante al hacer esto evidente). Por lo tanto, la burgues√≠a sin duda intenta organizar este ataque final en nuevas formas, con nuevas justificaciones ideol√≥gicas y bajo el liderazgo de sus otras fuerzas pol√≠ticas. Desde el punto de vista de la burgues√≠a iran√≠, la Rep√ļblica Isl√°mica est√° llegando al final de su vida √ļtil y servicio, y la b√ļsqueda de los objetivos contrarrevolucionarios de la burgues√≠a requiere m√°s que nunca una nueva forma de liderazgo (esto no significa en absoluto que el r√©gimen actual no intente prolongar su vida al servicio del capital y el imperialismo). El proletariado revolucionario debe alinear sus fuerzas contra el inevitable ataque final de la burgues√≠a y las probables nuevas formas y m√©todos que pueda adoptar.

Si la propia Rep√ļblica Isl√°mica asalta tal ataque mediante de agregando le√Īa al sentimiento patri√≥tico de las masas y bajo el pretexto de condiciones de boicot econ√≥mico, situaci√≥n de guerra, etc., o si es montado por otras fuerzas pol√≠ticas de la burgues√≠a que puede sustituir al presente r√©gimen en diversas formas (golpe de Estado, ocupaci√≥n directa por ej√©rcitos extranjeros, expansi√≥n de las actividades de los grupos y partidos mon√°rquicos, etc.), debe ser reprimido por el apisonamiento de la revoluci√≥n y bajo la direcci√≥n del proletariado. Los comunistas, como representantes conscientes del proletariado, deben declarar expl√≠citamente que: ‚ÄúLa era de la Rep√ļblica Isl√°mica ha terminado. Se acerca el final de su vida a medida que la conciencia de las masas se eleva. Lo que debe ser sustituido es la representaci√≥n fresca y novedosa de la burgues√≠a, pero es el poder del proletariado y sus aliados. Por lo tanto, cualquier intento de rescate de emergencia para la burgues√≠a, cualquier intervenci√≥n inesperada de la burgues√≠a y el imperialismo para inspirar a la contrarrevoluci√≥n con un nuevo esp√≠ritu, cualquier intento por parte de la burgues√≠a y el imperialismo para desconcertar los problemas de la lucha de clase, y cualquier intento de sustituir la contrarrevoluci√≥n moribunda con nuevas fuerzas, siempre que sea reprimida de manera decisiva. La lucha de dos a√Īos del proletariado revolucionario ha quitado la cobertura de la hipocres√≠a de la faz de la Rep√ļblica Isl√°mica, ha expuesto su naturaleza anti-obrera y antidemocr√°tica a las masas, ha compensado sus in√ļtiles esfuerzos por reprimir la revoluci√≥n y ha sido impulsado paso a paso al borde de la ruina. El proletariado se opondr√° constantemente a cualquier malabarismo pol√≠tico-militar con la intenci√≥n de fortalecer y consolidar este gobierno o reemplazarlo con una fuerza organizada y coherente". Este es el aspecto de la discusi√≥n de las "dos facciones" sobre el cual basamos nuestras plataformas sobre el golpe y la guerra.

Sin embargo, queda un resultado pr√°ctico importante, que se relaciona con los puntos anteriores pero a un nivel m√°s espec√≠fico, que se deduce de esta discusi√≥n: la necesidad de presentar un programa comunista a nivel de la sociedad y llevar a cabo una amplia trabajo de agitaci√≥n y organizaci√≥n sobre la base de este programa. Si queremos liberar y proteger a las masas de la oscilaci√≥n entre las diversas facciones de la burgues√≠a, si queremos exponer la cr√≠tica liberal de los "deseos monopol√≠sticos" del PRI, as√≠ como la cr√≠tica burguesa de toda la Rep√ļblica Isl√°mica, y sustituirla por estas como una cr√≠tica proletaria de la contrarrevoluci√≥n imperialista burguesa como un todo en la conciencia de las masas, y, finalmente, si vamos a transformar la nueva elevaci√≥n pol√≠tica de las masas en una escalada revolucionaria, entonces debemos representar a los comunistas como una verdadera alternativa pol√≠tica en la mente de las masas de obreros y trabajadores. Esta tarea crucial y determinante no es posible excepto presentar, propagar y agitar un programa comunista claro:

En primer lugar, es hora de resolver cuentas con el populismo de una vez por todas. Debe declararse expl√≠citamente a la clase obrera y a las masas trabajadoras no-proletarias que los comunistas luchan por el socialismo y la dictadura del proletariado. Debe declararse expl√≠citamente que el objetivo del movimiento comunista es el establecimiento de la dictadura de una clase, y una sola clase, y que la revoluci√≥n democr√°tica y la rep√ļblica revolucionaria son para esta clase, el proletariado, solo bases de operaci√≥n y palancas para saltar hacia el socialismo. La propaganda del socialismo sin ambig√ľedades, abogando por el comunismo como ideolog√≠a y movimiento revolucionario, y sobre esta base, llevando a cabo cada vez m√°s extensamente el trabajo de la organizaci√≥n comunista del proletariado, son las condiciones previas para la continuaci√≥n de la revoluci√≥n actual. Esta es la parte m√°xima del programa comunista que hasta la fecha ha estado p√°lida y falta en medio de la propaganda populista.

Hoy, debemos diferenciarnos categ√≥ricamente del socialismo peque√Īoburgu√©s. Debemos llamar a los trabajadores no solo a la revoluci√≥n, sino tambi√©n al comunismo y al movimiento comunista. Este es el primer paso para liderar la revoluci√≥n actual del proletariado comunista. Hoy, debemos aislar y expulsar de las filas del proletariado a aquellos que se abstienen de propagar el socialismo bajo el pretexto de que "esta es una revoluci√≥n democr√°tica", aquellos que debido a las "consideraciones t√°cticas" se ponen la tapa de "no-alineamiento" en las f√°bricas, pueblos y campi√Īas, los que avanzan entre los trabajadores el oportunismo, el reformismo y la moderaci√≥n hacia los "aliados democr√°ticos" en lugar de propagar la necesidad de la dictadura del proletariado, y finalmente aquellos que privan al proletariado de una imagen clara del objetivo final de la lucha de clases. ‚ÄúNo debemos olvidar que la condici√≥n necesaria para la victoria de una revoluci√≥n democr√°tica bajo la direcci√≥n del proletariado es la existencia de un gran sector de los obreros conscientes de sus intereses a largo plazo, que no consideran la victoria de la revoluci√≥n democr√°tica como un fin en s√≠ misma y que la consideran un paso necesario para el establecimiento de las condiciones previas al movimiento final de la clase obrera hacia el socialismo". (El mito de la burgues√≠a nacional y progresiva(1), Edici√≥n en espa√Īol, T. S. No. 5, pp. 10).

En la misma medida en que los comunistas tienen hoy ante s√≠ la tarea de atraer el apoyo de la democracia revolucionaria peque√Īo burguesa, ellos mismos deben determinar y declarar las condiciones de su apoyo a las fuerzas democr√°ticas peque√Īo-burguesas (este fen√≥meno actualmente raro). El verdadero criterio del democratismo debe recordarse expl√≠citamente a las fuerzas como Mojahedin-e-Khalg: ‚ÄúLa defensa de todos los presos pol√≠ticos, los derechos democr√°ticos para todas las personas, la resistencia contra las invasiones hechas por el gobierno sobre estos derechos, y . . . (incluso si usted es consecuente al hacer esto, que no es el caso), no son suficientes para ‚Äėllam√°ndolos‚Äô dem√≥cratas revolucionarios. Hoy, debe aclarar su posici√≥n con respecto al movimiento comunista y al comunismo como la ideolog√≠a revolucionaria y el movimiento del proletariado y el representante del democratismo consistente. El indicador de la escalada de la revoluci√≥n es la medida en que el proletariado ejerce su liderazgo en el movimiento democr√°tico; y si usted afirma ser un adherido al democratismo revolucionario, entonces debe expresar expl√≠citamente su posici√≥n con respecto al proletariado revolucionario, su ideolog√≠a y su movimiento de vanguardia, es decir, el marxismo-leninismo".

En segundo lugar, ese aspecto del programa comunista que es de importancia determinante en las actuales circunstancias espec√≠ficas: el nuevo levantamiento pol√≠tico masivo por un lado y el avance gradual de la burgues√≠a monop√≥lica en las filas de la contrarrevoluci√≥n, por otro lado - es el m√≠nimo de demandas. El programa m√≠nimo de los comunistas, que debe formular y exponer el contenido de la victoria de la revoluci√≥n democr√°tica en forma de demandas pol√≠ticas y econ√≥micas definidas, es esa clara imagen de la presente revoluci√≥n y sus objetivos que los comunistas deben representar para las masas. La agitaci√≥n generalizada por las demandas m√≠nimas de los comunistas, como estandarte de la revoluci√≥n democr√°tica, es precisamente ese paso pr√°ctico que puede asegurar a los obreros y trabajadores, en la inminente elevaci√≥n de sus luchas, a partir de caer en el siguiente liberalismo burgu√©s y el democratismo inconsistente peque√Īo-burgu√©s, por un lado, y las consignas contrarrevolucionarias de los representantes de la burgues√≠a monopolista, por otro. Hoy, los liberales, al prometer solo una mil√©sima parte de lo que nuestro programa m√≠nimo garantiza a todas las personas, intentan aprovechar las olas edificantes de las protestas masivas y, una vez m√°s, llevar la revoluci√≥n iran√≠ a la ruina. Hoy el movimiento comunista ha tenido otra oportunidad de compensar todas las consecuencias de su oportunismo e ilusiones hacia la burgues√≠a liberal (¬°"nacional" !?) y hacia el liderazgo peque√Īo-burgu√©s del movimiento antimon√°rquico en el per√≠odo antes de levantamiento. Si el programa m√≠nimo de los comunistas, que incluye pasos definidos para el establecimiento y la garant√≠a de la democracia pol√≠tica, la defensa de las condiciones de vida de los obreros y de los trabajadores, y la mejora del bienestar material e intelectual de las personas, se convierte en el eslogan de las masas, si las masas reconocen claramente las demandas m√≠nimas de los comunistas como sus propios objetivos en la revoluci√≥n actual e insisten en ellos, entonces la transformaci√≥n de la nueva elevaci√≥n pol√≠tica masiva en una escalada revolucionaria ser√° cierta y, para la burgues√≠a, irremediable.

Hoy debemos definir claramente y agitar las demandas m√≠nimas de los comunistas elemento por elemento. Con esto nos referimos a la definici√≥n positiva de la revoluci√≥n a la importancia a la que antes nos refer√≠amos: la definici√≥n de revoluci√≥n sobre la base de lo que es, y debe ser, en lugar de lo que no es. El programa m√≠nimo, como base de una pol√≠tica √ļnica de agitaci√≥n generalizada, permite a los comunistas ir m√°s all√° de las cr√≠ticas del sistema existente en la conciencia de las masas trabajadoras y oprimidas, as√≠ como en la realidad de la lucha de clases, y convertirse en un fuerza real y confiable que puede lograr sus derechos democr√°ticos, elevar sus condiciones de vida y organizar la lucha para defenderlos contra la agresi√≥n de la burgues√≠a y el imperialismo. Sin presentar el programa m√≠nimo y sus demandas espec√≠ficas y agitar para ellos de manera extensa y consistente, no ser√≠a posible convertir a los comunistas en una alternativa para liderar las nuevas olas de la lucha democr√°tica masiva.

En tercer lugar, los comunistas deben determinar la acci√≥n y los lemas de acci√≥n a trav√©s de los cuales deben incursionar en la lucha por alcanzar la demanda m√≠nima del programa comunista, y sobre la base de la cual deben esforzarse por organizar ampliamente a las masas. [Por ejemplo] el derecho de las naciones a la autodeterminaci√≥n es una de nuestras demandas democr√°ticas m√≠nimas; pero la lucha pr√°ctica por su logro debe organizarse hoy en torno al eje de la defensa del Kurdist√°n revolucionario y el pueblo kurdo. El seguro de desempleo es una de nuestras demandas [m√≠nimas]; pero esa acci√≥n y lema de acci√≥n a trav√©s del cual debe organizarse la lucha en esta √°rea es la "unidad de los trabajadores contra el desempleo". Toda la lista de nuestras demandas de los trabajadores (incluidas las demandas relativas a las trabajadoras) debe ser tambi√©n el contenido de acciones y consignas espec√≠ficas alrededor de las cuales los trabajadores se organizan en la actualidad. Los consejos reales, el control obrero sobre la producci√≥n y la distribuci√≥n, la cuesti√≥n del beneficio especial de los trabajadores[18], el despido, etc., son todos esos asuntos que organizan la lucha sobre ellos y sobre los esl√≥ganes de acci√≥n definidos es el m√©todo pr√°ctico de presentar nuestras demandas m√≠nimas. Adelantar las demandas m√≠nimas, as√≠ como las acciones y consignas basadas en ellas, [adem√°s] ayudar√° a asegurar al movimiento obrero y revolucionario de la usurpaci√≥n de los liberales y la inconsistente democracia peque√Īoburguesa. En el curso de la etapa anterior de la revoluci√≥n, el contenido de la revoluci√≥n tom√≥ forma en el estrecho marco de "independencia, libertad, Rep√ļblica Isl√°mica" (esto √ļltimo, por supuesto, con grandes esfuerzos del liderazgo peque√Īoburgu√©s), y debido a esta misma ilusi√≥n la burgues√≠a aprovech√≥ la oportunidad para insultarla. Nuestras demandas y acciones definir√°n el verdadero contenido de la revoluci√≥n, ya que es evidente que no solo los jinetes m√°s h√°biles de la historia de la burgues√≠a y los hip√≥critas m√°s distinguidos de esta clase no pueden montar las olas de la revoluci√≥n, sino tambi√©n los vacilantes dem√≥cratas peque√Īo burgueses no se atrever√≠an a alejarse sino deshonr√°ndose a s√≠ mismos.

Estas son las tareas ante los comunistas debido a las condiciones objetivas. Sin embargo, la medida en que el movimiento comunista est√° preparado es otra cuesti√≥n. En ausencia del partido de la clase, el proletariado sin duda se enfrentar√° a una variedad de consignas, programas y directrices presentadas por numerosas organizaciones del movimiento comunista. Como hemos indicado anteriormente, las condiciones espec√≠ficas de nuestra revoluci√≥n son tales que, si bien el movimiento comunista a√ļn no ha resuelto la cuesti√≥n del programa y el partido, se ha encontrado ante la tarea de organizar un amplio movimiento proletario y liderar un movimiento revolucionario. Sin embargo, esta paradoja solo puede resolverse en el mundo exterior a la mente. La clave del problema es sin duda esto: la cuesti√≥n de la lucha ideol√≥gica, el partido y el programa, y la cuesti√≥n de la organizaci√≥n y el liderazgo del movimiento proletario y revolucionario deben resolverse en relaci√≥n y conexi√≥n mutua. Retirar o subestimar cualquiera de estos dos aspectos de la pr√°ctica, ver cada uno en abstracci√≥n de otro, es cegarnos a nosotros mismos a las condiciones espec√≠ficas del movimiento comunista y obrero de Ir√°n en la era actual. Y esto solo conducir√° al fracaso en ambos campos.

Concluimos esta discusión en este nivel general y esperamos seguir las deducciones hechas aquí en otros artículos en un nivel más específico. En esta discusión tratamos de aclarar nuestra posición en contra de las dos posiciones principales de desviación con respecto a la contrarrevolución:

    1) La posición oportunista, que busca encontrar un elemento "progresivo" dentro del gobierno y, de una manera u otra, termina por comenzar a apoyar a esta o aquella facción del gobierno.

    2) La posición anarquista, que se opone a la totalidad del gobierno actual, pero que sin embargo lo ve como un absoluto y cae para considerar el curso del desarrollo del campo contrarrevolucionario y consecuentemente la posibilidad de surgimiento de una alternativa burguesa a este gobierno. Esta posición lleva en la práctica a 1) seguir a las masas en su oposición y descontento con el gobierno, y 2) la ausencia de oposición a la alternativa de la burguesía monopólica que, al igual que la alternativa proletaria y revolucionaria, se esfuerza por crecer y consolidarse sobre la base de la difusión del descontento con el gobierno actual.

Frente a estas dos posiciones de desviaci√≥n, hicimos hincapi√© en la importancia de definir claramente el contenido y los objetivos de la revoluci√≥n, desde el punto de vista de los intereses del proletariado, en la forma de un programa comunista bien definido (incluido partes m√°ximas y m√≠nimas) y esos lemas de acci√≥n que contienen los m√©todos proletarios de lucha para estos objetivos. Esta es, desde nuestro punto de vista, la condici√≥n esencial para mantener la independencia del proletariado y asegurar su liderazgo en el movimiento revolucionario con las primeras se√Īales de una inminente escalada a la que nos enfrentamos hoy.


Mansoor Hekmat
1981



Notas

[11] Esto se refiere a una sociedad ideal basada en las reglas del libro sagrado, el Cor√°n, en el que se logra la unidad, la justicia y la igualdad para todos los musulmanes. ‚ÄĒEd.

[12] Ayatol√° MahmudTaleghani - un ayatol√° prominente en el momento del levantamiento y el popular ayatol√° de la Organizaci√≥n de los Muyahidines del Pueblo de Ir√°n (MEK). Muri√≥ unos meses despu√©s del levantamiento. ‚ÄĒEd.

[13] "Nofsed-e-Fel-Arz": significa literalmente "corrompido en la tierra"; se refiere a aquellos que han cometido alg√ļn acto contra las reglas divinas del libro sagrado, el Cor√°n. ‚ÄĒEd.

[14] "Ommatt": naci√≥n isl√°mica. ‚ÄĒEd. ‚ÄĒEd.

[15] Un t√≠tulo del decimosegundo Im√°n de los musulmanes chi√≠es que desapareci√≥ cuando era ni√Īo, y todos los musulmanes han estado esperando que regrese y despeje el mundo de la corrupci√≥n, la opresi√≥n, etc. Los partidarios de Jomeini afirman impl√≠citamente que √©l es, si no el duod√©cimo Im√°n mismo, un s√≠mbolo divino de √©l ‚ÄĒEd.

[16] Dios (Al√°) es el m√°s grande. ‚ÄĒEd.

[17] Esto se refiere a un eslogan popular en el momento del levantamiento. ‚ÄĒEd.

[18] Esto se refiere a una ley aprobada por el Sha seg√ļn la cual los trabajadores podr√≠an tener una participaci√≥n marginal en el beneficio neto anual de las empresas. Mientras que el r√©gimen del Shah por razones obvias podr√≠a poner en vigor esta ley esencialmente para enga√Īar a los trabajadores, el r√©gimen de la Rep√ļblica Isl√°mica que lidiaba con la profunda crisis econ√≥mica no pod√≠a soportar este aumento marginal en los salarios de los trabajadores, que en el mejor de los casos no exced√≠a una semana de salario de los trabajadores por a√Īo - y poco despu√©s del levantamiento aboli√≥ la ley con el pretexto de que era una "ley mon√°rquica". Desde entonces, este problema ha sido uno de los problemas pr√°cticos de la lucha de los trabajadores. ‚ÄĒEd.


Spanish translation: Nicolás Jiménez
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